EL PLACER DE LA CULTURA

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domingo, 4 de junio de 2023

¿Con qué autoridad me arrebatas el alma?: Beatriz García Traba presenta su libro de poesía

En el exterior ruido, caos, el inhóspito paisaje urbano de la plaza de Jacinto Benavente, tarde de tormenta. Dentro de la librería San Pablo resuena el silencio y palpita la poesía, calidez y emoción.

Foto: Román Navarro

El 30 de mayo Beatriz García Traba ha presentado su primer libro de poesía, ¿Con qué autoridad me arrebatas el alma?, publicado por la editorial Cicely. Acompañada por el prologuista, Nano Crespo, y por Irene Nicolás, directora del sello Flores en el balcón, y ante un público que abarrotaba la librería, Beatriz ha leído algunos de sus “salmitos” y ha ofrecido algunas claves para que el lector se sumerja en su poesía.

Foto: Eduardo Escudero

El impetuoso título da paso a siete capítulos que reúnen versos que brotan desde el silencio y la intimidad, pero que se proyectan hacia lo comunitario y alumbran una suerte de misticismo social. El libro está a la venta online en la editorial Cicely y en las mejores librerías.


Foto: Eduardo Escudero

Beatriz ha firmado ejemplares de su obra en la Feria del Libro de Madrid, en Literal Fira d'idees i llibres radicals de Barcelona y en la Feria del Libro de Fuenlabrada.

Foto: Cicely

Foto: Cicely

sábado, 28 de agosto de 2021

Presentación del libro “Una voz en el desierto”

En 2013 comenzó una aventura apasionante. Una visita a la misión de los oblatos me puso en contacto con la situación del Sáhara Occidental, territorio español hasta 1975. Viendo a los tres misioneros que permanecen allí, me sorprendió saber que cuando todos los españoles se marcharon solo ellos se quedaron. La Iglesia (Roma), les pidió permanecer y ellos asumieron el riesgo de hacerlo.

A lo largo de los 10 días que duró el viaje por el territorio surgió la inquietud de recoger los testimonios de los misioneros que pasaron por allí y, posteriormente, la necesidad de hablar con los saharauis, testigos principales de su vida cotidiana.

El libro recoge las entrevistas realizadas, tanto en el Sáhara como en España, entre los años 2013 y 2018, así como toda la documentación depositada en el Archivo Provincial de los Oblatos desde que se inicia la misión en el año 1954.

Este mes de junio, aprovechando la visita de Chicho Rois, superior de la misión, se ha realizado la presentación del libro en Madrid, Valladolid y Málaga.  



Más información en:

“Nosotros OMI”: https://nosotrosomi.blogspot.com/2021/07/presentacion-del-libro-una-voz-en-el.html

OMI World: https://www.omiworld.org/es/2021/03/30/una-voz-en-el-desierto-la-mision-de-los-oblatos-en-el-sahara/


Enlace de la presentación en la parroquia de San Leandro, Aluche (Madrid):

https://www.youtube.com/watch?v=MtILXz6l9pc


Los libros se pueden pedir al Archivo Provincial de los Oblatos en Pozuelo (Madrid) : archivoprovincialomi@gmail.com

 

Beatriz García Traba


viernes, 25 de enero de 2013

El pasado atacameño de una antropóloga

Estas navidades recibí una comunicación inesperada que me puso en contacto directo con una parte de mi pasado, precisamente el que da nombre a nuestra empresa de servicios culturales y de la que parte la idea motora que impulsa nuestras vidas. Reproduzco a continuación la entrada que Horacio Larraín ha escrito en su blog de Eco-antropología: enlace


Una visita inesperada

Acaeció en un día cálido de Marzo del año 1994,  en la ciudad de Iquique, Norte de Chile.  Golpea a la puerta de nuestra casa  de Pasaje Dolores 3272 una extraña  y sorprendente figura.  Calzando zapatos de terreno, descomunal  mochila al hombro y  sombrero alón aparecía  un ser femenino pequeño, de ojos  vivaces y rostro redondo preguntando por el Dr. Larrain. ¿Vive aquí  el Dr. Larrain?,  interrogó con  un rápido e inescapable  dejo  español,  esbozando  una de esas sonrisas que conquistan a primera vista. Era una menuda joven antropóloga de 25 años,   recién llegada de Madrid,  con su rutilante título bajo el brazo,  que pretendía ir a conocer de cerca el  modo de vida y el pensamiento político de los  aymaras chilenos.  Llamábase la niña - porque eso parecía: solo una niña- Beatriz García Traba, y venía especialmente recomendada por el  arqueólogo   chileno Patricio Núñez Henríquez, del Instituto de Investigaciones Antropológicas  de la Universidad de Antofagasta.

Un acogedor hogar aymara en Cariquima 

 ¿Cómo negarse a recibirla en casa con tal recomendación?  Venía agotada y sudorosa, casi oculta  debajo de su gigantesca y descomunal mochila. No he podido nunca olvidar esa escena hasta hoy. Marta, mi esposa,  la ayudó a trepar la pequeña escalinata  y  a los pocos minutos, ella "se sentía en casa", mejor dicho, nosotros  nos sentíamos "en casa" con ella, como  un miembro más de nuestra pequeña familia. Un par de semanas disfrutamos de su gratísima compañía, mientras preparaba su ingreso al territorio de la  etnia aymara, concretamente en Cariquima y Chijo, junto a la frontera con Bolivia donde la esperaba el hogar de don Antonio y la señora  Elena. Se había propuesto estudiar en su Universidad, la Universidad Complutense de Madrid, como tema de su tesis doctoral,  un tópico difícil y complejo: el proceso de desarrollo político del mundo aymara chileno y su dirigencia  en el contexto de un régimen  político dictatorial: en la época del gobierno militar regido entonces por el  general Augusto Pinochet  Ugarte. Tema candente, complicado y riesgoso, en época de  férrea dictadura militar.


Experiencias  vivas en el mundo aymara campesino.

Como antropólogo cultural, pensé que las tierras de pastoreo y el hogar de mi ex compañero de curso de Lengua aymara  en Arica (dirigido por don Manuel Mamani), don Antonio Moscoso,  que vivía en  el pueblo fronterizo de Cariquima y  en la estancia de pastoreo de Chijo  serían el lugar ideal para que la joven española  se hiciera lugareña,  e "hiciera sus primeras armas" en la etnografía  local aymara.  Así se hizo. Y muy pronto veríamos a nuestra frágil y simpática Beatriz, vestida a la usanza aymara, "pasteando" el ganado,  trasquilando ovejas y recogiendo leña de tola en los faldeos cordilleranos de Chijo (Fotos Figuras 1 a 3). A don Antonio y su mujer acompañaban   su hijo, el  adolescente  Daniel Moscoso y su hermana  Elena. Ésta última   era de la  misma edad que Beatriz, y pronto se  hicieron buenas amigas.


En la estancia ganadera de Chijo.

Así,  en la intimidad cordillerana de Chijo, en el hogar de los Moscoso Mamani, vivió Beatriz varias semanas, como una hija más,  empapándose del modo de vida, cultura y cosmovisión de esta típica y ejemplar familia aymara  tarapaqueña.  Las fotos que aquí presentamos, tomadas en aquellos años por la propia Beatriz y enviadas expresamente por su autora  para ambientar este capítulo del  Blog, nos ofrecen  una cuenta gráfica, palpitante  de emoción y recuerdos,  de su breve aclimatación  a la vida  del pastor andino.


Viviendo  en terreno la "observación participante".

 Los antropólogos culturales  -a  diferencia de nuestros amigos los sociólogos-  usamos como método básico y fundamental de aproximación a nuestra realidad de estudio, de la "observación participante", método simple pero riquísimo que consiste en empaparse del modo de vida del grupo humano que queremos estudiar, siguiendo lo más exactamente posible  la rutina diaria de una familia en su propio ambiente y tomando nota cuidadosa  de su habitat,  su geografía y ecología concreta,  sus vivencias  religiosas, al ritmo lento y cansino de la horas del día dese el temprano amanecer, en su  incesante ir y venir del ganado entre la aguada, el corral, el bofedal  y los pastizales de altura. Al antropólogo en lo posible nada debe escapársele, todo lo debe tratar de señalar y describir para lograr de este modo  penetrar en las claves  más recónditas  de su cultura. Un acompañamiento cercano que ojalá  pueda  extenderse a un año completo,  con todas estaciones  y cambios de clima. Sólo así resulta posible entender y por ende, respetar el modo de vida aymara, sus tradiciones y su historia multisecular.


De  este inolvidable período de su vida, Beatriz  nos ha anotado hoy, de su puño y letra:

"Nunca pensé que en diciembre de 2012 el pasado llamaría a mi puerta a través de las nuevas tecnologías. La misiva del Facebook decía así: "Hola, Beatriz, soy Daniel hijo de Antonio Moscoso y Elena Mamami: no sé si me recuerdas, me acabo de recibir de antropólogo en la Universidad".  Automáticamente  mi mente voló casi veinte años atrás recordando a un chiquillo de ojos despiertos y sonrisa fácil con el que compartí unas semanas en Cariquima junto con sus  padres y su hermana Elena. Su Padre, Don Antonio, era una persona excepcional, con un interés  por la historia y la antropología, realmente llamativo.  Imagino lo orgulloso que estará de su hijo.
Su madre procuró en todo momento que me sintiese como en casa y aún recuerdo las cenas de "pescaditos", con granos de maíz,  y la quínoa con [carne] de llama. Como se puede ver en una de las fotos ,compartí con ellos unos días  en su pequeña cabaña de pastoreo; allí me dejaron participar en sus actividades y doña Elena hiló parte de la lana recién esquilada y me la regaló. Ya en España, mi tía me la tejió y aún hoy  sigo utilizando esa bufanda tan especial.  Al tener [yo]  la misma edad que su hermana Elena, la estancia  con ellos fue realmente acogedora, y las conversaciones muy enriquecedoras para una joven antropóloga que  quería saber realmente cómo se vivía en el altiplano chileno.
Hay cosas que no se pagan, como el cariño que me dieron esos días,  ni el que tantos años después, ese niño, ya mayor, se haya puesto en contacto conmigo para saludarme  y,  además, con la agradable noticia de que como antropólogo, podrá ayudar a su pueblo y seguir defendiendo sus derechos continuando así la estela de algunos de sus familiares,  férreos luchadores de lo s derechos del pueblo aymara".

(Hasta aquí el texto enviado  en estos días por Beatriz desde Madrid, como complemento a este capítulo).

Beatriz García con Daniel Moscoso. Año 1994. Chijo

Beatriz García con Antonio Moscoso esquilando llamas. 1994. Chijo, altiplano chileno

La metamorfosis de un pastor altiplánico.

Pasaron raudos los años. La Universidad Bolivariana  decide abrir la carrera de Antropología y Arqueología en Iquique. Se inicia el año escolar del año 2003 con  un grupo de quince estudiantes de la Carrera. Entre sus profesores estaban el Dr. Mario Rivera,  el Dr. Juan Van Kessel,  el Dr. Horacio Larrain  y los profesores  Olaff Olmos,  Patricio Arriaza  y  Orlando Acosta, entre otros varios. 

Nuevos alumnos, expectantes,  pisan las flamantes aulas universitarias de la recién inaugurada  Sede de Iquique de la Universidad Bolivariana. Entre ellos,   hay un espigado joven aymara, silencioso y retraído,  de nariz aguileña y de rostro curtido por el sol  y los vientos impetuosos de la puna: Daniel Moscoso Mamani. Se ha hecho  realidad, en unos pocos años,  una casi increíble metamorfosis: el pastor de antaño, de chullo y ojotas, ahora se ha convertido en un serio estudiante de Antropología. Fueron años duros de estudio para el joven Daniel, acostumbrado a esquilar ovejas y llamas o cazar guanacos, pero  poco adicto a manejar el lápiz  y el cuaderno de notas. Entre sus compañeros, casi todos tarapaqueños, están Vïctor Bugueño  hijo y nieto de empleados y obreros salitreros, Cristian Riffo Torres,  hijo de un obrero del Mineral de cobre de Chiuicamata, María José Capetillo, joven originaria de Mamiña, de probable y muy antiguo ancestro quechua, Luis Pérez Reyes que nació en una isla  del lejano Golfo de Reloncaví   (Isla Maillen) y otros más, casi todos ellos de origen obrero, pampino o agricultor. Sin duda, es un destacable mérito  y motivo de orgullo de la Universidad Bolivariana  el haber abierto sus puertas en Iquique a  hijos de sencillos trabajadores que por vez primera  se insertaban, entre nerviosos y  expectantes,  en un ambiente académico de alta exigencia.   

Y llegó el gran día: la graduación académica.

Nunca podré yo olvidar las palabras con que el papá de Daniel, don Antonio Moscoso, mi antiguo compañero de un Curso de lengua aymara en Arica en 1985,  nos pidiera, casi en son de súplica,  en  aquel Marzo del 2003, que "hiciéramos todo lo posible porque su hijo llegara al final de su carrera".  Y en esta graduación  del año 2012, Daniel alcanzó la meta tan deseada: ser un Antropólogo para ayudar y defender a su gente y a su pueblo.

Horacio Larraín y Daniel Moscoso. 2012. Iquique, Chile


martes, 16 de noviembre de 2010

Arqueología de lo cotidiano

Actividad realizada por Atacama durante los días 10, 11 y 12 de noviembre para la Semana de la Ciencia dentro del marco de la “Generación Sí-Sí” en el CCHS.

¿Existe la Generación Ni-Ni o es una mera construcción de adultos aburridos?, ¿es cierto que los chavales de hoy no tienen ilusiones?

A través de la actividad que hemos realizado hemos comprobado justo lo contrario: cuanto más les complicas la vida a los adolescentes con actividades difíciles de carácter deductivo mejor responden y más se les estimula ¿no seremos nosotros los que estamos fabricándoles unas barreras artificiales?



Desde hace ya bastantes años se está produciendo “un alargamiento” progresivo de la edad juvenil; me gustaría saber dónde han quedado aquellos reproches que recibíamos los de nuestra generación (años 60): “yo a tu edad hacía años que me ganaba la vida”. ¿Cómo?: no importaba, el caso era trabajar en lo que fuera para luego ir cambiando, cumplir los sueños, emigrar incluso… Ahora se estimula justo lo contrario: no aceptes trabajos por debajo de tu capacidad, no te vayas de casa que bajarás tu nivel de vida, dónde mejor que en tu país, ciudad, barrio… y el famoso “hazte funcionario que es para toda la vida”. ¿Y por qué no estimular la creatividad?, ¿por qué no perseguir un sueño durante años hasta que por fin lo puedes desarrollar? Quizá por las prisas: hoy se nos vende que a los 30 somos jóvenes (véanse los planes gubernamentales de empleo, de vivienda… “Jóvenes de hasta 30 años”) y por otro se nos “vende” que si no nos hemos situado laboralmente a esa edad ya somos “viejos” para emprender negocios… ¡¡??

No están las cosas ahora peores que hace 80 años (la edad de mis padres) y sin embargo sí nos hacen creer que no hay salida para los jóvenes: “la generación perdida” “los ni-nis” ¿y quién los ha creado? ¿quién les ha dicho que no son capaces de hacer lo que se propongan? ¿a quién interesa tanto inmovilismo juvenil?




Mediante la actividad realizada, los chicos han tenido que adivinar a través de una serie de objetos guardados en una maleta a quién pertenecieron, edad del personaje, nacionalidad, aficiones, familia, trabajo… y por supuesto el contexto social, político, cultural y económico en que se movió a lo largo de su vida… todo ello en menos de 20 minutos… y todos ellos (chicos entre 13 y 17 años) fueron capaces de deducir, soñar, pensar y juzgar haciendo una auténtica investigación en ciencias sociales.