EL PLACER DE LA CULTURA

jueves, 23 de abril de 2020

Un Día del Libro inolvidable

En estos días de dolor, miedo y confinamiento, la cultura emerge como un salvavidas. Los libros nos acompañan, como siempre, pero en esta ocasión no podemos agradecer a sus autores todo lo que nos aportan, como hacemos siempre todos los 23 de abril. O al menos, no podemos hacerlo del mismo modo.

Sirva este vídeo de modesto homenaje a los que han creado en Madrid a lo largo de los siglos y que han tenido en la ciudad, ahora paralizada, su inspiración (haz click en la imagen): 




martes, 25 de febrero de 2020

Concepción Arenal: doble conmemoración


Atacama participa en las celebraciones del Día Internacional de la Mujer 8 de marzo de 2020 dentro de las actividades programadas por las Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid en torno a dicha conmemoración. Concretamente hemos preparado una conferencia y un itinerario guiado que tienen como protagonista a Concepción Arenal, de cuyo nacimiento celebramos este año el segundo centenario.


La Biblioteca Elena Fortún (Retiro) nos ha propuesto realizar una actividad que tiene como objetivo fomentar el conocimiento de esta gran precursora de la igualdad de género. La conferencia Concepción Arenal, una mujer a contracorriente será el martes 3 de marzo a las 18:30 h. Más información: aquí.

Por otra parte, la Biblioteca Regional nos invita a participar en la doble conmemoración del Día de la Mujer y del centenario de la pensadora y activista gallega mediante el itinerario Concepción Arenal en Madrid, que realizaremos tres miércoles, el 4 y el 11 de marzo, ambos días a las 17 h. y el 18 de marzo a las 11 h.

jueves, 30 de enero de 2020

“Odia el delito y compadece al delincuente”


El 31 de enero de 1820, hace exactamente 200 años, nació en la localidad coruñesa de Ferrol Concepción Arenal, autora de la frase que da título a esta entrada. Fue una mujer extraordinaria, que destacó en distintos campos y que tuvo que vencer muchas dificultades para ser independiente y poder desarrollar sus numerosas inquietudes.

Le marcó el heroico ejemplo de su padre, fallecido en prisión cuando Concepción tenía sólo nueve años, condenado por sus ideas liberales en plena tiranía de Fernando VII. También la oposición de su madre a que estudiara más allá de los rudimentarios conocimientos que necesitaba en su época una joven de buena familia. Pero superó todos los obstáculos y estudió la carrera de Derecho, al principio vestida de hombre, pero una vez descubierta, aceptada en la Universidad Central de Madrid, si bien no pudo matricularse por su condición de mujer, por lo que nunca obtuvo el título correspondiente.

 Fotografía del Servicio Histórico Municipal. C. 1934. Monumento a Concepción Arenal en su ubicación original en el parque del Oeste. Actualmente se encuentra en el ángulo formado por los paseos de Rosales y Moret.
Museo de Historia, Madrid

Se casó en 1848 con el abogado y periodista Fernando García Carrasco, que no puso obstáculos al desarrollo de la vida profesional de Arenal. Con su marido, Concepción, de nuevo disfrazada de hombre, acudía a las tertulias del madrileño café Iris, situado en el pasaje del mismo nombre que discurría entre la calle de Alcalá y la carrera de san Jerónimo.

Arenal sobresalió como escritora, una de las más importantes de la España del siglo XIX. Desde los años 50 hasta el final de sus días, en 1893, publicó obras literarias de géneros diversos, artículos en los principales diarios y revistas, además de numerosos ensayos.

Cabecera de La Voz de la Caridad

Otro de los ámbitos en los que Arenal llevó a cabo una labor encomiable fue en el terreno de la política penitenciaria. Entre 1864 y 1865 fue visitadora de prisiones femeninas, la primera mujer que ostentaba este cargo, pero fue cesada por sus ideas progresistas. En efecto, defendió reformas del código penal y del sistema de prisiones, la reinserción de los presos y la abolición de la esclavitud en las colonias españolas desde posiciones próximas al krausismo y publicó numerosas obras al respecto. La Revolución del 68 la designó inspectora de Casas de Corrección de Mujeres y mantuvo su cargo durante cinco años, aunque con un creciente escepticismo ante la timidez de las reformas impulsadas durante el Sexenio. Denunció enérgicamente la terrible situación de prisiones y hospicios en La Voz de la Caridad, periódico fundado por ella con apoyo de importantes mujeres y hombres de la época.

Asimismo, Arenal destacó como promotora de acciones benéficas, desde una perspectiva católica y reformista. En este sentido, fue muy importante su amistad con el violinista Jesús de Monasterio, hombre piadoso, fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Arenal instituyó la sección femenina de dicha sociedad en 1859 y ya no abandonó nunca el trabajo humanitario. Impulsó, con otras personalidades de la época, la Constructora Benéfica, que aún hoy sigue funcionando integrada en Cáritas. También trabajó denodadamente en la organización de la rama femenina de la Cruz Roja.

Fue además una activista a la que se considera pionera del movimiento feminista en España. A modo de ejemplo puede mencionarse su ensayo La mujer del porvenir, donde Concepción defendía el derecho de la mujer a la educación y criticaba las teorías que afirmaban la superioridad del hombre según criterios biológicos. En 1860 publicó el ensayo La beneficencia, la filantropía y la caridad con el nombre de su hijo Fernando, el único de los tres que llegó a la edad adulta, y obtuvo el premio de la Academia de Ciencias Morales y Políticas; cuando la Academia descubrió la identidad de la verdadera autora acabó otorgando el premio a Concepción, pese a que no había precedentes de mujeres galardonadas. Durante el Sexenio Revolucionario se entregó a la cuestión de la educación de la mujer y se relacionó con krausistas como Fernando de Castro, Francisco Giner de los Ríos, y Gumersindo de Azcárate. Publicó obras sin precedentes en España que abogaban por una verdadera revolución en la formación de las mujeres y defendió su capacidad intelectual. Fue muy crítica con la actitud pasiva de la mayor parte de las mujeres de la burguesía de su tiempo.


Arenal fue, en definitiva, una mujer que nos ha dejado un riquísimo legado, poco conocido, que la celebración del segundo centenario de su nacimiento debería recuperar. Luchadora, inteligente, ambiciosa en el mejor sentido de la palabra, defensora de causas difíciles y justas, fue criticada por su fe católica tanto como por su progresismo. En cualquier caso, sus ideas sirvieron para mejorar la España del siglo XIX. La biografía escrita por Anna Caballé, Concepción Arenal, la caminante y su sombra, fue galardonada el año pasado con el Premio Nacional de Historia de España y es un excelente medio para acercarse a la pensadora y activista gallega. Toda su obra está disponible en la biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

sábado, 4 de enero de 2020

4 de enero de 1920: Ha muerto el patriarca de las letras españolas


Así titulaba el diario El Imparcial a toda página, con el antetítulo “Duelo nacional”. “Esta madrugada a las tres y media se extinguió la gloriosa vida de D. Benito Pérez Galdós”, informaba en el subtítulo. Un magnífico dibujo de Salvador Bartolozzi centra la primera página, donde se detalla la noticia, acompañada de una amplia semblanza del escritor que se extiende hasta la segunda del periódico publicado el 4 de enero de 1920.

Portada de El Imparcial, 4/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Toda la prensa de Madrid expresó su dolor por la muerte del gran escritor, aunque se publicaron muy diversas valoraciones sobre su figura y su obra. En El Sol, Clarín, Pérez de Ayala y Menéndez y Pelayo le dedicaron elogiosas palabras. En El Liberal, escribieron Unamuno, Ortega Munilla, Gregorio Marañón y Enrique Borrás. La prensa más conservadora se mostró en general respetuosa, pero no ocultó sus desavenencias ideológicas con Galdós. Hombres muy alejados en este sentido de don Benito, como el citado Menéndez y Pelayo o Antonio Maura no ocultaron su admiración por el autor de Fortunata y Jacinta.  Pero algunos escritores, cuyo nombre es mejor no recordar, lanzaron críticas vehementes sobre su compañero. Los diarios recogieron también las manifestaciones de duelo procedentes de otros lugares de España, en especial de las islas Canarias, y del extranjero.

Casi 58 años después de su llegada a Madrid, Benito Pérez Galdós, fallecía en la casa de su sobrino José Hurtado de Mendoza en la calle de Hilarión Eslava, donde había vivido los últimos años de su existencia. La muerte le llegó en la madrugada del 4 de enero de 1920, cuando tenía 76 años. En los últimos días le acompañaron, además de su sobrino, su hija María, su yerno Juan, su secretario, su criado y algunos otros allegados.

Apuntes del cadáver de don Benito, publicados en El Liberal, 5/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Apunte del cadáver de don Benito, publicado en El Sol, 5/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Los problemas de salud del escritor se habían iniciado a principios del siglo XX y agravado poco después con la ceguera, causada por una enfermedad neurológica, a la que se sumaron la arterioesclerosis y la hipertensión. Galdós entonces se recluyó y vivió los últimos años en la soledad y el silencio y su figura fue cayendo en el olvido. Desde el verano de 1919 no volvió a salir a la calle y recibía en casa las atenciones del doctor Marañón.

La capilla ardiente se instaló en el despacho de don Benito, en la planta baja del hotel de Hurtado de Mendoza. El cadáver, cubierto con la bandera nacional y a los pies de un gran crucifijo, permaneció todo el día 4 de enero en el edificio, hoy desparecido, pero recordado mediante una placa instalada en un moderno inmueble en el número 7 de la calle de Hilarión Eslava.


Pasaron por el domicilio numerosas personas, entre ellas “el general de ingenieros señor Rodríguez Mourelo, quien en representación y en nombre del Rey, expresó á la familia el sentimiento que en la Casa Real ha producido el fallecimiento del glorioso autor de los Episodios Nacionales”, según informó La Época. Por su parte, El Imparcial recogió la visita de diferentes personalidades, como el ministro de Instrucción Pública, Emilia Pardo Bazán, el torero Machaquito, ahijado de Pérez Galdós, la actriz Margarita Xirgu, el alcalde de Madrid, el escritor Jacinto Benavente, los hermanos Álvarez Quintero, así como “significadas damas de la aristocracia, modestas obreras y obreros” y, en definitiva, “todo Madrid”. La mayor parte de los periódicos señalaron que don Benito murió cristianamente, lo que algunos especialistas han puesto en duda o han negado posteriormente.

Galdós fue despedido con admiración y cariño por la ciudad que tanto amó. Miles de personas pasaron por su capilla ardiente formada el día 5 en el patio de cristales de la Casa de la Villa. Según La Época,la inmensa cola que se situaba á la puerta del Ayuntamiento llegaba hasta la Capitanía general”. El diario El Sol del día 6 afirmaba que “nunca como en la mañana de ayer tuvo más justificada su denominación la Casa de la Villa, que invadieron las más genuinas representaciones del pueblo y de la clase media. Ancianos y chicuelos, viejas y mozas, cuyos atavíos revelaban desde la posición más humilde hasta la que permite hollar, sin traspasarlos, los linderos del lujo, penetraban en la segunda Casa Consistorial, sin cortedad ni apasionamiento, con la naturalidad propia de quienes llegan a su vivienda propia”.

El entierro fue sufragado por el Estado. Poco después de las tres de la tarde el cadáver fue transportado a hombros hasta la carroza fúnebre. El desfile recorrió la calle Mayor hacia el este, abierto por la guardia municipal a caballo, seguida por los bomberos y al compás de la música interpretada por la banda municipal, bajo la dirección del maestro Villa. Detrás iban cinco carruajes con las coronas dedicadas al fallecido y las presidencias del duelo con el gobierno en pleno y representantes del Congreso y el Senado, el Ayuntamiento, las reales academias, las universidades, el Ateneo y otras instituciones culturales, la Asociación de la Prensa y la de Autores, la Casa del Pueblo y un gran número de madrileños anónimos. No obstante, se produjeron importantes ausencias, como la de la Institución Libre de Enseñanza y la de los escritores del 98 y de generaciones literarias posteriores, algo que ya señaló hace algunos años Pablo Beltrán de Heredia. Según El Liberal, “entre la masa humara que llenaba la calle Mayor, y en medio del silencio religioso, una voz resonó potente gritando: ¡Viva Galdós! El vítor encontró eco en el gentío, que respondió unánime a aquella manifestación inesperada y sencilla, que tan bien traducía la proclamación de la inmortalidad del hombre excelso”.

También la polémica, que acompañó toda su vida a don Benito, estuvo presente en su entierro, ya que el Gobierno no concedió honores militares al cadáver del escritor, lo que provocó las protestas de los intelectuales y políticos izquierdistas. Los diarios progresistas mostraron su airada repulsa por la tibia, a su juicio, implicación gubernamental en el entierro.

Mundo Gráfico, 7/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Una multitud ocupó la Puerta del Sol al paso del cortejo fúnebre. Margarita Xirgu, entre lágrimas arrojó flores al paso de féretro por el Hotel París. Las juventudes socialistas trataron de hacerse con el control de la carroza fúnebre, lo que provocó enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Los balcones de muchas casas estaban adornados con crespones negros y los comercios de las calles recorridas por el cortejo fúnebre habían cerrado espontáneamente.

La Unión Ilustrada, 15/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Numerosas personas, especialmente mujeres y hombres del pueblo, acompañaron al escritor a pie por la calle de Alcalá hasta la Necrópolis del Este. “Galdós era del pueblo, y nadie, nadie, tan intensamente como el pueblo, ha sentido su muerte”, aseguraba El Socialista en su edición del 5 de enero. Por expreso deseo del anticlerical Galdós, el entierro tuvo lugar en el Cementerio católico de la Almudena, muy cerca del Cementerio Civil, porque el escritor quiso que sus restos reposaron junto a los de sus familiares. Por cierto, Mariano de Cavia había pedido en El Sol que se enterrara a Galdós “en el corazón de Madrid, en una de sus plazuelas, en póstumo y perenne contacto con el pueblo”. Se rezaron sendos responsos en la capilla neorrománica y al pie de la tumba. Tras la sobria ceremonia, las multitudes regresaron a pie hasta la ciudad de los vivos.

Esquela de Galdós, publicada en La Época, 5/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Un siglo después, no es fácil encontrar la tumba del gran novelista, autor teatral y periodista, ya que no está señalada en el cementerio, las letras de su lápida de granito apenas pueden leerse, desgastadas por el tiempo, y el nombre de don Benito se pierde entre los de otros familiares que le acompañan. Las instituciones políticas y culturales del estado central, como la Biblioteca Nacional y el Instituto Cervantes, las autonómicas de Canarias y Madrid, así como las municipales de Las Palmas y la capital de España han programado numerosas actividades para difundir la obra de Galdós a lo largo de 2020. Y Atacama tiene el honor de contribuir modestamente, pero con gran emoción, a estas celebraciones con nuestra participación en alguna de las muchas actividades de difusión sobre la obra y la vida del autor impulsadas por la Subdirección General de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid y la Biblioteca Regional.

Pero lo más importante es que el autor canario continúa vivo a través de sus muchos lectores actuales, que un siglo después de su fallecimiento seguimos conmoviéndonos, disfrutando y aprendiendo con y de sus personajes, tan reales, que tenemos la impresión de que vamos a encontrarnos con alguno de ellos al doblar la esquina de una calle cualquiera de Madrid.

lunes, 23 de diciembre de 2019

La calle de Toledo, un poco antes de Navidad, en Fortunata y Jacinta


De todas las calles de Madrid, a las que tanto amaba Galdós, la de Toledo era su favorita. En varias ocasiones así lo indicó y en sus obras introdujo admirables descripciones de esta importante vía madrileña, antiguo camino hacia el sur. Tal vez la imagen más detallada la encontramos en Fortunata y Jacinta, publicada en 1887, cuando en el texto se describe el camino que inició Jacinta con Guillermina para buscar al supuesto hijo de Juanito y Fortunata en "los barrios del sur" unos días antes de la Navidad.


                                                             Laurent. Calle de Toledo en Madrid, hacia 1890
                                     Archivo Ruiz de Vernacci. Instiuto del Partimonio Cultural de España., Madrid

Las dos mujeres del elegante barrio de Pontejos, se pusieron en marcha hacia el Rastro a través de la bulliciosa y colorida calle de Toledo desde su inicio en la Plaza Mayor. Lo que Jacinta vio fue lo siguiente:

Los puestos a medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparecían dentro de aquellos nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante su vista sin determinar una apreciación exacta de lo que eran. Recibía tan sólo la imagen borrosa de los objetivos diversos que iban pasando, y lo digo así, porque era como si ella estuviese parada y la pintoresca vía se corriese delante de ella como un telón. En aquel telón había racimos de dátiles colgados de una percha; puntillas blancas que caían de un palo largo, en ondas, como los vástagos de una trepadora, pelmazos de higos pasados, en bloques, turrón en trozos como sillares que parecían acabados de traer de una cantera; aceitunas en barriles rezumados; una mujer puesta sobre una silla y delante de una jaula, mostrando dos pajarillos amaestrados, y luego montones de oro, naranjas en seretas o hacinadas en el arroyo. El suelo intransitable ponía obstáculos sin fin, pilas de cántaros y vasijas, ante los pies del gentío presuroso, y la vibración de los adoquines al paso de los carros parecía hacer bailar a personas y cacharros. Hombres con sartas de pañuelos de diferentes colores se ponían delante del transeúnte como si fueran a capearlo. Mujeres chillonas taladraban el oído con pregones enfáticos, acosando al público y poniéndole en la alternativa de comprar o morir. Jacinta veía las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas rúbricas de trapo. De ellas colgaban, prendidas con alfileres, toquillas de los colores vivos y elementales que agradan a los salvajes. En algunos huecos brillaba el naranjado que chilla como los ejes sin grasa; el bermellón nativo, que parece rasguñar los ojos; el carmín, que tiene la acidez del vinagre; el cobalto, que infunde ideas de envenenamiento; el verde de panza de lagarto, y ese amarillo tila, que tiene cierto aire de poesía mezclado con la tisis, como en la Traviatta. Las bocas de las tiendas, abiertas entre tanto colgajo, dejaban ver el interior de ellas tan abigarrado como la parte externa, los horteras de bruces en el mostrador, o vareando telas, o charlando. Algunos braceaban, como si nadasen en un mar de pañuelos. El sentimiento pintoresco de aquellos tenderos se revela en todo. Si hay una columna en la tienda la revisten de corsés encarnados, negros y blancos, y con los refajos hacen graciosas combinaciones decorativas.

sábado, 30 de noviembre de 2019

El tejo de Barondillo

El tejo (taxus baccata) es un árbol singular, de extraña belleza y origen muy primitivo. Su tronco es grueso, de madera dura y corteza delgada. La copa suele presentar forma piramidal o cónica, pero con desarrollo desigual y muchas de sus ramas se extienden en horizontal. Sus hojas aciculares son perennes, dispuestas en dos hileras, de color verde oscuro, y sus frutos son de un rojo intenso.

Foto de Martín Juez García: instagram.com/axoloty.cr2

Es un árbol muy longevo, de gran valor ecológico y cultural. Su madera resistente, apreciada para fabricar herramientas y armas, sus propiedades medicinales y la toxicidad que representa para el ganado han ido a lo largo de los siglos provocando su desaparición paulatina. No obstante, en España el tejo se encuentra en casi todas las cadenas montañosas peninsulares y de Mallorca, pero especialmente se localiza en la mitad septentrional. Raramente forma bosques en los que sea el árbol dominante, aunque en el norte peninsular sí se hallan algunas tejeras; casi siempre se ubica en formaciones donde prevalecen otras especies, como hayas, robles, abetos o pinos.

Foto de Martín Juez García: instagram.com/axoloty.cr2

Su longevidad y su imagen poderosa han atraído a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. El tejo es protagonista de leyendas y relatos míticos y se le ha asignado frecuentemente un carácter emblemático o identitario. Pese a ser un árbol tóxico, o precisamente por ello, ha sido considerado una especie sagrada en muchas culturas y ha tenido estrecha relación con la realeza. Muchos tejos, en España y en otros lugares del mundo, han sido testigos de actos políticos, reuniones de vecinos, acuerdos, celebraciones y juegos. Junto a ellos se han construido dólmenes y más tarde ermitas o iglesias.

Foto de Martín Juez García: instagram.com/axoloty.cr2

En la Comunidad de Madrid los tejos están protegidos por el Decreto 22/1985 y una docena de ellos se encuentran entre los árboles singulares señalados en el Decreto 18/1992. Los podemos hallar generalmente aislados en los barrancos más umbríos de Somosierra, Montejo, Miraflores, la Pedriza, Canencia, el valle de la Fuenfría y el del Lozoya. En este último se localiza el más antiguo de los tejos madrileños y, tal vez el más viejo de todos los árboles de la sierra de Guadarrama, concretamente junto al arroyo de Barondillo, que también recibe los nombres de Valhondillo o Vahondillo. Está situado en el término municipal de Rascafría, pero lejos del núcleo urbano, en un lugar recóndito.

Foto de Martín Juez García: instagram.com/axoloty.cr2

Se trata de un verdadero monumento vegetal, ubicado en un bosque de pinos silvestres, algunos acebos y robles y un buen número de tejos. Se encuentra a más de 1600 m. sobre el nivel del mar y se le calcula una edad aproximada de entre 1.500 y 1.800 años. El perímetro de su tronco, deslavazado y retorcido, oscila entre los 9 y 10 metros, de manera que es uno de los más gruesos de la Península Ibérica y con su irregular copa alcanza los 8 metros de altura. Ojalá permanezca en pie muchos más años, arraigado con fuerza en el valle, este gran ejemplo del patrimonio natural de Madrid.

jueves, 31 de octubre de 2019

La primera obra de los hermanos Machado en los escenarios de Madrid

Antonio Machado publicó varias obras en Espasa-Calpe. Ya en 1919 vio la luz la segunda edición de Soledades, galerías y otros poemas en la colección Universal de la entonces todavía editorial Calpe. En la misma colección Antonio y Manuel Machado publicaron en 1928, ya con Espasa-Calpe, la tragicomedia Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel. Después publicó Antonio en la misma editorial tres ediciones de Poesías completas, en 1928, en 1933 y en 1936. Ese último año también apareció en Espasa-Calpe Juan de Mairena. Y ya en 1937 publicó en la editorial La guerra (1936-1937), libro que contaba con dibujos de José Machado.


La primera obra teatral original de los hermanos Machado, que antes habían adaptado piezas clásicas, fue la citada Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel, un texto que cantaba a la libertad en plena dictadura de Primo de Rivera. Se trata de una obra ambientada en el siglo XVII y el protagonista es un bastardo del conde duque de Olivares. Está dedicada a Jacinto Benavente.


Se estrenó el 9 de febrero de 1926 en el teatro de la Princesa por la compañía de María Guerrero con gran éxito y ovación a los autores, que se vieron obligados a saludar desde el escenario. Alcanzó las 20 representaciones, lo que puede considerarse un razonable éxito en la época y las críticas fueron muy favorables. Posteriormente, la Asociación de Antiguos Alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, homenajeó a los hermanos por su éxito, en un acto que contó con un discurso de Cossío. Fue el inicio de una triunfal carrera de Antonio y Manuel por los escenarios madrileños.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Una Semana dedicada a la candidatura de Madrid a Patrimonio de la Humanidad

Atacama participa otro año más, invitado por las Bibliotecas Públicas de Madrid, en la Semana de la Arquitectura. La XVI edición de este evento se celebra entre los días 30 de septiembre y 7 de octubre, organizada por la Fundación Arquitectura COAM y el Ayuntamiento de Madrid y con la participación de la Comunidad de Madrid. El objetivo de esta plataforma es dar a conocer la historia de la ciudad a través de sus edificios y calles y acercar la arquitectura a la ciudadanía. 



En esta edición, con motivo de la candidatura a Patrimonio de la Humanidad en la categoría de Paisaje Cultural del eje formado por el Paseo del Prado y el Buen Retiro, las Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid ofrecen once itinerarios, siete de ellos diseñados y guiados por Atacama Servicios Culturales. El objetivo de estos paseos es dar a conocer las características de la candidatura y poner en valor el rico patrimonio histórico y arquitectónico de este espacio urbano. En este enlace puede consultarse la programación.

martes, 10 de septiembre de 2019

Un siglo de la llegada de Lorca a la Residencia de Estudiantes


El granadino Federico García Lorca fue uno de los muchos madrileños de adopción que formaron parte de los círculos intelectuales de la capital durante los años 20 y 30 del pasado siglo. Llegó a Madrid en 1919, con 21 años, aunque ya había realizado previamente un par de viajes de estudios a la ciudad. Se instaló en la mítica Residencia de Estudiantes, donde residió hasta 1926. En Madrid estudió, escribió, publicó y amó. Después de dejar la Residencia vivió en distintos domicilios, aunque pasó largas temporadas fuera de Madrid, ciudad que abandonó definitivamente el 13 de julio de 1936, apenas un mes antes de ser asesinado.

En las primeras cartas que escribió a su familia desde Madrid se mostraba contento y aseguraba que la capital iba muy bien con su carácter. Indudablemente Madrid fue fundamental para su evolución humana y artística. Lorca encontró a orillas del Manzanares la libertad, el ambiente y las relaciones que necesitaba para desarrollarse como persona y como escritor e intelectual.

Algunos de sus contertulios granadinos de “El Rinconcillo” se habían trasladado ya a la capital antes que él y, en marzo de 1919 uno de ellos, José Mora Guarnido, escribía a Federico desde Madrid: “Debías venir aquí; dile a tu padre en mi nombre que te haría, mandándote aquí, más favor que con haberte traído al mundo”. Pero no fue fácil convencer a su padre de que le permitiera trasladarse a Madrid para continuar con sus estudios desde la Residencia de Estudiantes. Sólo lo consiguió gracias a la intervención de Fernando de los Ríos, catedrático de la Universidad de Granada y futuro dirigente socialista y ministro de la II República. En la primavera de ese año Federico llegó a Madrid con cartas de recomendación de don Fernando para Juan Ramón Jiménez y para Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia de Estudiantes. Y aunque no había plaza, le admitieron a partir del 1 de octubre, después de pasar el verano en Granada.


Federico en el jardín de las adelfas de la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1919

Así recordaba mucho después, en 1957, Jiménez Fraud, la llegada de Federico: “… veo, sin embargo, claramente, la entrada en mi despacho de aquel joven moreno, de frente despejada, ojos soñadores y sonriente expresión, que venía a Madrid a solicitar su entrada en la Residencia. No recuerdo qué dificultades tendríamos ahora para conceder una nueva plaza, pero al ver al nuevo aspirante le consideré en el acto como miembro de nuestra Casa, que tanto se preciaba de saber seleccionar a sus colegiales. Siguió una larga conversación, que él y yo prolongamos con gusto. El resultado de la entrevista fueron los diez años de estancia de Federico en la Residencia: de 1918 a 1928”.

Muy pronto Lorca se sintió aceptado por sus compañeros y comprobó la cantidad de oportunidades y de relaciones personales que le ofrecía la Residencia y la ciudad. Allí inició su amistad con Luis Buñuel (pese a sus grandes diferencias de personalidad y talante), Pepin Bello y José Moreno Villa, entre otros, y se reencontró con Emilio Prados. Nada más llegar a Madrid fue recibido muy cariñosamente por Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí; el poeta llevó a Federico al Teatro Eslava, donde Lorca acabaría más tarde estrenando su primera obra, con un sonado fracaso, El Maleficio de la mariposa. Eduardo Marquina le acompañó al Teatro Lara para asistir al estreno de la obra de Benavente La honra de los hombres. En diciembre de aquel 1919 acudió al Apolo a escuchar al compositor y guitarrista granadino Ángel Barrios, miembro de la tertulia de El Rinconcillo. Federico escribió a sus padres para contarles el éxito de su amigo.

Tras aquellos excitantes primeros meses en la capital de España fue a pasar las Navidades con su familia a Granada, pero a principios de 1920 regresó a la Residencia de Estudiantes de Madrid.

sábado, 10 de agosto de 2019

Artículos sobre la Pieza del Mes en la web del Museo Arqueológico Nacional


A lo largo de los muchos años de colaboración con el Museo Arqueológico Nacional hemos realizado en varias ocasiones la actividad de la Pieza del Mes. Hemos disfrutado del privilegio de explicar varias piezas de la colección del Museo que se exponen en las salas dedicadas a al-Andalus y el Mudéjar. 


En la web del MAN se pueden descargar los artículos correspondientes a cada una de esas obras emblemáticas:







sábado, 3 de agosto de 2019

Goethe en el cenacolo vinciano de Milán

Visitar el cenacolo del convento de Santa Maria della Grazie de Milán es una de las experiencias más emocionantes que puede disfrutar el amante del arte. Allí pintó Leonardo da Vinci entre 1495 y 1498 su inolvidable Última Cena en una pared del refectorio para que los frailes pudieran recordar durante cada comida que su vida en comunidad debía ser una proyección de la de Cristo y sus apóstoles.

En 1788 Johann Wolfgang Goethe tuvo la oportunidad de visitar el lugar durante su decisivo viaje a Italia, lo que le permitió escribir un importante artículo, publicado en 1817, del que podemos leer una excelente traducción en el libro:  J.W. Goethe. Escritos de arte. Traducción, edición y notas de Miguel Salmerón. Síntesis, Madrid, 1999, p. 265-269. El escritor alemán vio la obra de Leonardo ya muy deteriorada a causa de la poco ortodoxa técnica utilizada por el artista italiano para pintar sobre el muro.

Johann Heinrich Wilhem Tischbein. Goethe en la campiña romana. 1787 Städel Museum , Fráncfort

En el citado artículo Goethe defiende que el arte sólo llega a la perfección cuando es libre y obedece a sus propias leyes, con la Última Cena pintada por Leonardo como ejemplo. El autor nacido en Fráncfort alaba el talento del artista toscano a la hora de pintar el motivo en un espacio como el refectorio milanés: “Es difícil concebir un motivo más apropiado y noble para un refectorio que una cena de despedida a la que todo el mundo acabaría considerando santa”. Y reflexiona: “A la hora de la comida debía resultar interesante ver las mesas del prior y de Cristo en oposición mutua y, encerrados entre ambas, a los frailes comiendo. Por esta razón fue un acierto del pintor tomar como modelo las mesas de los frailes y tampoco hay duda de que el mantel con sus pliegues, las rayas de su estampado, y sus extremos abotonados procedían de la lavandería del convento. Las fuentes, los platos, los vasos y demás vajilla eran probablemente copia de los que utilizaban los frailes”. 


Más adelante, Goethe subraya la expresividad y el realismo de la escena pintada por Leonardo y señala que “el estímulo que emplea el artista para que se agite en la mesa la santa y tranquila compañía son las palabras del Maestro: “Uno de vosotros me entregará”.  Las palabras han sido proferidas y toda la compañía está desolada, pero Él tiene la cabeza inclinada y la mirada hundida, la actitud, el movimiento de los brazos, de las manos, todo parece repetir con celestial resignación las tristes palabras que el silencio mismo refuerza: “En verdad os digo que uno de vosotros me entregará”. El escritor alemán explica también la composición de la obra y la variedad de expresiones de los apóstoles, a los que analiza individualmente. En este sentido, Goethe destaca la importancia del movimiento de las manos de los personajes representados: “Éste sólo puede ser percibido por un italiano. En su nación todo el cuerpo tiene vida: todas sus partes participan en la expresión de los sentimientos, de la pasión, del pensamiento.  Por medio de diversas posiciones y movimientos de las manos el italiano da a entender frases como: “¡A mí que me importa!”, “Vamos, hombre”, “Éste es un pícaro, cuidado con él”, “Ya no vivirá mucho”, “Ahí está”, “El que oiga que me atienda”.

viernes, 28 de junio de 2019

La alta costura de Remedios Varo

Este verano de 2019 el Museo Thyssen nos propone un diálogo entre el diseño de Cristóbal Balenciaga y la pintura española desde el Greco a Zuloaga (exposición Balenciaga y la pintura española en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, hasta el 22 de septiembre). Desde un planteamiento muy diferente, Remedios Varo abordó la relación entre arte y moda en su obra Tailleur Pour Dames, pintada en 1957.

Remedios Varo. Tailleur pour dames. 1957. 
Óleo sobre masonite, 77 x 95 cm
Colección particular

Remedios Varo (1908-1963), española de nacimiento y mexicana de adopción, practicó un personalísimo surrealismo y creó un mundo propio pictórico, muy poético, especialmente en los últimos 10 años de su vida. Su pintura de esa etapa se caracteriza por una gran capacidad imaginativa y una divertida ironía. Desde el punto de vista técnico destaca el uso de un dibujo muy preciso, que comparte protagonismo con un rico color muy minucioso, al estilo de los primitivos flamencos, y lleno de matizaciones. Realizaba estudios previos a lápiz y luego un boceto sobre papel de calco que sobreponía al masonite, la placa de marfil o el lienzo. 

Remedios Varo. Dibujos preparatorios para Tailleur pour dames. 1957

La figura humana es la gran protagonista de sus cuadros. En los personajes femeninos, los más habituales en la obra de Remedios, a menudo se reconocen los rasgos físicos de la propia pintora. Destacan los extraordinarios vehículos que los personajes utilizan para desplazase, con frecuencia incorporados a su propio cuerpo o a su indumentaria. Los vehículos suelen estar relacionados con el viaje, tema fundamental de Varo, por su propia biografía y por su sentido profundo como camino espiritual y de conocimiento. En algunas obras, entre ellas Tailler pour dames, las sombras producidas por sus personajes se independizan de ellos Los escenarios arquitectónicos son también muy importantes, muchas veces con reminiscencias medievales, con techos, como en esta obra, textiles, en escenarios que incorporan al interior la visión del paisaje exterior, a la manera también de los pintores flamencos del siglo XV. 

Remedios Varo. Dibujo preparatorio para Tailleur pour dames. 1957

El arte de Remedios está muy relacionado con la literatura en muchos sentidos. De hecho, la pintora escribió relatos desde niña y en los años de mayor éxito como artista, los 50 y 60 del siglo pasado, publicó obras tan interesantes como Homo rodans. Se conocen comentarios sobre muchos de sus cuadros, entre ellos Tailleur pour dames, que a continuación reproducimos por su maravillosa prosa y porque nos da algunas claves para disfrutar más el cuadro. Se trata de un texto escrito en una carta familar:

Esto es el salón de un modisto para señoras, un modelo es para viaje, muy práctico, en forma de barco por detrás, al llegar ante una extensión de agua se deja caer de espaldas, detrás de la cabeza está el timón que se maneja tirando de las cintas que van hasta el pecho y de las que cuelga una brújula, todo ello sirve también de adorno, en tierra firme rueda y las solapas sirven de pequeñas velas, así como el bastón en el que hay una vela enrollada que despliega, el modelo sentado es para ir a esos coctel-party en donde no cabe un alfiler y no sabe uno ni dónde poner su vaso ni menos sentarse, el tejido del echarpe es de una substancia milagrosa que se endurece a voluntad y sirve de asiento, el modelo de la derecha es para viuda, es de un tejido efervescente, como el champagne, tiene un bolsillito para llevar el frasco de veneno, termina en una cola de reptil muy favorecedora. El sastre tiene la cara dibujada en forma de tijeras, su sombra es tan rebelde que hay que sujetarla al techo con un alfiler. La clienta que contempla los modelos se despliega en dos personas más porque no sabe cuál de los tres modelos elegir y las repeticiones de ella, a cada lado y algo transparentes representan la duda en que se encuentra.

lunes, 17 de junio de 2019

El Camino de las Estrellas, exposición de pintura de Agustín Benito Oterino

Hasta el 23 de junio permanecerá abierta en Santana-Art (Paseo de la Castellana, nº 190, local derecha) la exposición de Agustín Benito Oterino, artista con el que Atacama ha colaborado en algunos talleres didácticos.


Nacido en Madrid en 1965, Agustín estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense y en Viterbo (Italia). Realizó su doctorado en la Academia de Bellas Artes de Venecia, donde evolucionó hacia un expresionismo figurativo. Tras vivir varios años en Italia, regresó a Madrid en 1998, donde leyó su tesis doctoral “La luz en la Quinta del Sordo”. Ha realizado numerosas exposiciones individuales, además de trabajos para cine y televisión y actividades docentes en distintos contextos. 


Actualmente  ha concluido un ciclo creativo inspirado por un viaje por el Camino del Norte de Santiago, que realizó  a pie en agosto del año pasado, desde Irún a Bilbao y que culmina con la exposición "El Camino de las Estrellas" que se puede ver actualmente en Madrid. En palabras del autor: “Cuando inicio el camino me despido de la persona que era antes, comienzo un proceso de trasformación, y cuando vuelvo soy otra persona. Caminar me lleva a percibir por momentos, la atención sobre cada paso que doy, ni el anterior  ni el siguiente, solo este; es una lucha que conecta en mi interior para estar atento en el momento presente“ 

Recomendamos fervientemente visitar la exposición, así como ver el video sobre el proceso de trabajo en este enlace


lunes, 20 de mayo de 2019

Remedios acuáticos para el mal de amores en el siglo XIX: el Balneario de San Felipe Neri en Fortunata y Jacinta

Fortunata y Jacinta es un enciclopédico documento sobre el Madrid del Sexenio Revolucionario. En la novela aparecen situaciones, personajes, costumbres, mentalidades, escenarios y acontecimientos que permiten sumergirse al lector en una época fascinante y remota.

La penosa situación en la que queda Maxi cuando lo abandona Fortunata mueve a su hermano Juan Pablo a buscar alguna solución para paliar su depresión. Entre ellas se encuentra la llamada “ducha escocesa”, mediante la cual el paciente recibe aguas mineromedicinales con presión alternando temperatura caliente y fria, lo que genera un efecto estimulante. Es una de las muchas prácticas que se extendieron a lo largo del siglo XIX, y especialmente en el ultimo tercio, con baños y duchas de aguas mineralizadas.

Situación del Balneario de San Felipe Neri en el Plano de Madrid, de Ibáñez de Ibero, 1874

Maxi recibió el tratamiento en el Balneario de San Felipe Neri, que estaba situado en el nº 4 de la calle de las Hileras, un establecimiento especializado en baños terapéuticos con aguas minerales. Había sido abierto en 1858 por los doctores Joaquin Delhom, Manuel Arnús y Felix Borrell, de la Sociedad Hidrológica Médica de París y aprovechaba al parecer las aguas subterráneas de la Plaza Mayor. Ofrecía diferentes técnicas hidropáticas y consultas médicas y baños de vapor a domicilio. Tenía también entrada por el nº 3 de la calle de Bordadores.

Balneario de San Felipe Neri. Un ángulo de la sala de duchas. Ca. 1930. Tarjeta postal
Museo de Historia de Madrid

El texto que se refiere a este establecimiento se encuentra en la Parte cuarta, Capítulo III, VIII. No tiene desperdicio:

Como antes se ha dicho, a los pocos días de la desaparición de su mujer, Maxi empezó a echarla de menos, mostrándose receloso, y apeteciendo su compañía con cierta mimosidad impertinente que ponía furiosa a doña Lupe. Juan Pablo y ella disertaron largamente sobre lo que se debía hacer, y por fin el primogénito dijo que intentaría aplicar a su hermano un buen sistema terapéutico, antes de recurrir al extremo de encerrarle en un manicomio. No se habían probado las duchas, ni el sacarle de paseo al campo, ni el bromuro de sodio, que estaba dando tan buen resultado contra la peri-encefalitis difusa y contra la meningo-encefalitis, etc... y siguió echando términos de medicina por aquella boca, pues entonces le daba por leer libros de esta ciencia, y con una idea tomada de aquí y otra de allá hacía unos pistos que eran lo que había que ver.
Dicho y hecho. Todas las mañanas iba Juan Pablo a buscar a su hermano, y unas veces engañado, otras casi a la fuerza, le llevaba a San Felipe Neri, y allí le arreaba una ducha escocesa capaz de resucitar a un muerto.

Edificio que se alza actualmente en el solar del antiguo Balneario de San Felipe Neri




martes, 30 de abril de 2019

San Bartolomé desollado, en el Duomo de Milán


San Bartolomé, uno de los doce compañeros de Jesús, predicó, según la tradición, en la India, Armenia y otras remotas regiones. Recibió un martirio atroz: le arrancaron la piel de su cuerpo cuando aún estaba vivo y luego le cortaron la cabeza.

La iconografía cristiana le ha representado a lo largo de los siglos generalmente llevando su propia piel en los brazos, un cuchillo en una mano y un libro en la otra, que aluden respectivamente al desollamiento y a la predicación de los Evangelios. También puede aparecer con la cabeza de un dios pagano o con un diablo encadenado, en recuerdo de sendos episodios protagonizados por el apóstol durante su misión: una estatua de una divinidad se derrumbó en su presencia y encadenó al diablo que habitaba en otra.

En el crucero de la catedral de Milán se encuentra una turbadora escultura de mármol que representa al apóstol con un descarnado (mejor dicho, desollado) realismo. Fue realizada en 1562 por Marco d’Agrate (c. 1504-1574), perteneciente a una importante dinastía de escultores milaneses.


San Bartolomé está representado sin su piel, con los músculos del cuerpo, los tendones y las venas visibles, en un alarde realista, comparable a las ilustraciones que aparecen en los libros de anatomía del Renacimiento. Lleva en la mano izquierda el habitual libro y con la derecha sujeta un extremo de la piel, que corresponde precisamente con la mano; la piel cubre parcialmente su descarnada desnudez a modo de túnica. El rostro del apóstol, con la mirada perdida, revela un dolor contenido y profundo.

La figura destaca también por su contraposto, ya que se apoya sobre una pierna mientras deja la otra relajada, de manera que la cadera forma una curva praxiteliana. De ahí la inscripción que el escultor incluyó en la base de la estatua, muy expresiva de la elevada consideración que el artista lombardo tenía de sí mismo: “NON ME PRAXITELES SED MARCO FINXIT AGRAT”, es decir: “NO ME HIZO PRAXÍTELES, SINO MARCO D’AGRATE”.