EL PLACER DE LA CULTURA

martes, 16 de agosto de 2022

Machado en Cervantes

En el corazón histórico de Segovia, en plena calle de Cervantes, se encuentra la librería que lleva el nombre del universal escritor nacido en Alcalá de Henares. Se trata de un establecimiento familiar fundado en 1906 por Cándido Herrero Bernal, librería especializada en temas segovianos y papelería, que subsiste en la antigua calle Real, cada vez más “reservada” a los turistas.

Desde hace más de un siglo la Cervantes es un referente cultural en la ciudad y a su escaparate se han asomado muchos de los innumerables viandantes que han recorrido el eje que une el Azoguejo con la Plaza Mayor a lo largo del tiempo. Entre ellos, el poeta Antonio Machado, cuando vivió en la ciudad castellana, entre 1919 y 1932. Su domicilio se encontraba en la calle de los Desamparados y, de camino al Instituto General y Técnico (actual IES Mariano Quintanilla), en el que daba clases de francés, se detenía ante la fachada de la librería Cervantes.

La etapa segoviana de Machado, previa a su instalación en Madrid, fue de una gran creatividad literaria y el poeta se convirtió en uno de los protagonistas de la intensa vida cultural de la ciudad en aquellos años. Entre los muchos homenajes a la memoria del escritor sevillano en Segovia, destaca el encargado por la librería Cervantes a José Luis López Saura en 2019. Se trata de un retrato de Machado en forma de silueta en la fachada del establecimiento. De perfil, el poeta lleva bastón y un ejemplar del diario Adelantado de Segovia en el bolsillo de su chaqueta; junto a la figura, un sencillo letrero explica el sentido del bonito homenaje.


domingo, 5 de junio de 2022

El arte como expresión del poder: el mimbar de la Mezquita de los Andalusíes de Fez

El pasado 24 de mayo se inauguró oficialmente la exposición En torno a las Columnas de Hércules. Las relaciones milenarias entre Marruecos y España en el Museo Arqueológico Nacional. Se trata de una muestra organizada conjuntamente por ambos países, concretamente por el Ministerio de Cultura y Deporte, el Museo Arqueológico Nacional, Acción Cultural Española y la Fondation Nationale des Musées du Royaume du Maroc.

La exposición pone de manifiesto las relaciones entre las dos orillas del Estrecho a lo largo de la historia, desde el Paleolítico hasta comienzos de la Edad Moderna. Y lo hace a través de más de 300 piezas procedentes del Museo Arqueológico Nacional y de cinco museos marroquíes, además de una obra singular del Museo del Prado. La muestra, comisariada por Eduardo Galán Domingo, jefe del Departamento de Prehistoria del MAN, y por el Abdelaziz El Idrissi, director del Museo Mohamed VI de Arte Moderno y Contemporáneo de Rabat, está organizada en capítulos históricos ordenados cronológicamente.


Es una gran oportunidad para reflexionar sobre los vínculos históricos entre los dos países y una ocasión única para disfrutar de extraordinarias piezas que se conservan en los museos marroquíes, como los bronces romanos de Volubilis y otros yacimientos norteafricanos, así como un variado conjunto de obras almorávides, almohades y, sobre todo, meriníes. Además, el Museo ha organizado visitas guiadas a la exposición.

Entre las obras islámicas procedentes de Marruecos queremos destacar un conjunto de paneles de madera tallada procedentes del mimbar de la Mezquita de los Andalusíes de Fez, el más antiguo de los conservados en Marruecos.  El mimbar es una especie de púlpito escalonado, de perfil triangular, desde el cual el imán dirige el sermón a los fieles en el interior de la mezquita.

Panel del almimbar de la Mezquita de los Andalusíes de Fez de época zirí (año 979).

Se exponen tres piezas de madera de cedro talladas y policromadas, pertenecientes al respaldo del citado mimbar, que pudimos ya contemplar hace 30 años en la Alhambra en la exposición Al-Andalus: las artes islámicas en España, organizada por The Metropolitan Museum of Art de Nueva York y el Patronato de la Alhambra y Generalife (18 marzo-19 junio 1992). En la exposición de Granada se mostraron también otros dos paneles longitudinales procedentes de la parte superior de los laterales del mismo objeto.

Los tres paneles, procedentes del Musée Batha de Fez, son un magnífico testimonio de las luchas de poder que tuvieron lugar en el territorio del actual Marruecos entre dos grandes dinastías musulmanas que se atrevieron a confirmar desde el punto de vista teórico la realidad de la división política en el seno del islam y crearon sendos califatos a comienzos del siglo X (de la era cristiana). Me refiero a los fatimíes de Egipto, shiíes, y los omeyas cordobeses, sunníes.

Panel del almimbar de la Mezquita de los Andalusíes de Fez de época omeya (año 985).
Remate superior del respaldo

El mimbar fue construido por orden del emir Bulukīn ibn Zīrī, vasallo de los fatimíes en el año 979 (369 de la Hégira). Los ziríes, originarios de la Cabilia, habían creado un emirato en ʾIfrīqiyā (actual Túnez), subordinado a los fatimíes, pero a finales del siglo X llegaron a ocupar Fez, ciudad clave para el control del Magreb. Las mezquitas fatimíes carecían de alminar, lo que favoreció el desarrollo del mimbar como símbolo de su dominio, lo que explica la decisión de Bulukīn de encargar un púlpito en la mezquita fundada por los exiliados andalusíes en el siglo IX en Fez.


Panel del almimbar de la Mezquita de los Andalusíes de Fez de época omeya (año 985).

Cuando los Omeyas recuperaron el control de la ciudad en el año 985 (375 de la Hégira) destruyeron los dos paneles superiores del respaldo del mimbar, que, sin duda, incluían textos con el nombre del califa fatimí y fórmulas y bendiciones shiíes, y los sustituyeron por otros con una nueva inscripción conmemorativa con el nombre de Almanzor; además, el respaldo original fue enviado como trofeo a Córdoba. Posteriormente, en el siglo XIII, el mimbar fue remodelado por los almohades. Henri Terrasse fue el primer investigador que supo desentrañar la complicada y apasionante historia de este mueble.

En la exposición del MAN se muestran los tres paneles del respaldo del mimbar, uno, de forma rectangular y decorado con semicolumnas (parecen lomos de libros colocados en un estante), encargado por los ziríes, y los otros dos, uno rectangular y otro, el superior, rematado en semicírculo, pertenecientes a la reforma omeya del respaldo. Los paneles están decorados con bellos motivos vegetales y geométricos. Más de un siglo después de la reforma omeya del mimbar, ʽAlī ibn Yūsuf Yúsuf, segundo emir almorávide, construyó uno nuevo en la misma mezquita, sin duda para poner de manifiesto la soberanía almorávide sobre Fez.


viernes, 29 de abril de 2022

Visita virtual a la exposición YO ME BAJO EN LA PRÓXIMA. 150 AÑOS DEL PRIMER TRANVÍA EN MADRID

En el Portal del Lector ya se puede visitar de manera virtual la exposición Yo me bajo en la próxima. 150 años del primer tranvía en Madrid, que tuvo lugar en la Biblioteca Regional de Madrid entre el 12 de julio y el 26 de septiembre del pasado 2021. 



lunes, 28 de marzo de 2022

Un paseo virtual por la arqueología y la historia de Madrid

Aula Virtual (https://manaulavirtual.es/) es una plataforma educativa alojada en la web del Museo Arqueológico Nacional y coordinada por María Jesús Rubio. Está destinada a docentes y escolares, pensada para que las colecciones del Museo puedan utilizarse como herramientas de aprendizaje dentro de la programación escolar. Ofrece itinerarios por el Museo adaptados para diferentes niveles académicos.


Entre los itinerarios propuestos para Bachillerato, hay uno dedicado al Madrid Arqueológico, en el que hemos participado invitados por el Museo. Nos hemos encargado de la selección de piezas y la redacción de los textos.


A través de las diferentes salas el itinerario recorre la historia de la ciudad de Madrid y su territorio circundante desde la Prehistoria.


Hemos seleccionado algunas vitrinas y dentro de ellas las piezas más significativas.


Desde la Prehistoria, viajando por la Edad del Hierro, la época de la Hispania romana y el periodo visigodo, se llega hasta al-Ándalus, el momento en el que nace Madrid como enclave militar y luego como pequeña ciudad.


El recorrido incluye también las salas de los reinos cristianos de la Edad Media y de la Edad Moderna, cuando Madrid se convierte en la corte del Imperio Hispánico, y concluye en el siglo XIX.




martes, 1 de marzo de 2022

El ábside de la iglesia de San Antolín de Baillo

Las Merindades de Castilla reúnen casi un centenar de edificaciones románicas. Muchas de ellas son obras humildes y populares, enclavadas en bellos parajes, como la iglesia de San Antolín de Baillo, fechada a finales del siglo XII o principios del siglo XIII, cronología propia del románico tardío y conservador de las áreas apartadas. Baillo es una minúscula población ganadera situada en la denominada merindad de Cuesta Urria, en la falda septentrional de la sierra de la Tesla, de imponentes crestas calcáreas. Pese a su humildad, la localidad aparece mencionada en algunos documentos medievales. 

Sobre un altozano que domina el pequeño caserío se encuentra una modesta y encantadora iglesia románica de una sola nave rectangular y ábside, que es el elemento más destacado al exterior. Consta de un tramo recto y otro semicircular, construidos con buena sillería. Presenta una ventana en la cabecera, a modo de aspillera, pero que posteriormente se cerró, tal vez cuando se colocó el retablo. Sus muros fueron recrecidos en algún momento, como se puede apreciar a simple vista. Pero la primitiva cornisa se reutilizó y se colocó sobre el recrecimiento de los muros. Cuenta con un bocel y una serie de canecillos decorados, con una decoración muy variada. En efecto, podemos distinguir en los ellos animales, como un ciervo, un cuadrúpedo indefinido, aves y un sapo. Otro está decorado con un tonel, otro con una piña, otro con un exhibicionista masculino y otro más con una cruz patada, es decir, con los brazos más anchos en sus extremos. Algunos presentan motivos geométricos. Tratar de detectar un programa iconográfico en este ábside es una quimera, pero es muy sugerente intentar buscar un significado para estos motivos, relacionados sobre todo con la vida cotidiana y la naturaleza.

A la iglesia original se le añadieron posteriormente la sacristía en el muro norte y un almacén de grano en el lado meridional, este último posiblemente en sustitución de un pórtico, lo que le otorga una imagen muy pintoresca. Además, en la fachada oeste se le añadió un cuerpo para acceder a la espadaña. Una sencilla puerta con arco de medio punto da acceso al interior, cubierto originalmente por bóveda de cañón, sustituida después por una armadura de madera. Un arco triunfal de acceso a la cabecera y sus capiteles están decorados con un estilo similar al de los canecillos del ábside.



miércoles, 26 de enero de 2022

Taller fotográfico Paisaje de la Luz

Desde 2018 tengo el placer de impartir el curso Conocer Madrid, organizado por la Asociación Cultural Amigos del Arte "Los Caprichos", en colaboración con la Universidad Popular de Rivas-Vaciamadrid. Cuento con un grupo de alumn@s realmente fantástico, much@s de ell@s matriculad@s desde el principio.

Alternamos las sesiones teóricas en el Centro Cultural Federico García Lorca con las actividades en Madrid. El pasado 15 de enero de 2022 realizamos una sesión fotográfica en el Paisaje de la Luz, el espacio de Madrid que ha pasado a formar parte del Patrimonio de la Humanidad. Este es el resultado: Video Taller fotográfico.


viernes, 7 de enero de 2022

Iluminaciones en la sombra

La Biblioteca Regional de Madrid ha programado, como actividad paralela a la representación de la ópera La Bohème en el Teatro Real, dos itinerarios dedicados a la bohemia madrileña. La Biblioteca nos ha confiado su concepción y desarrollo, que llevaremos a cabo los días 11 y 12 de enero.

La bohemia de Madrid engloba a algunos escritores ligados al modernismo o al decadentismo posromántico de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, noctámbulos empedernidos, rebeldes, contraculturales y, con frecuencia, sumidos en la miseria. En un itinerario por el centro de la ciudad reviviremos el ambiente de aquel “Madrid absurdo, brillante y hambriento”, como escribió Valle Inclán.

Portada de la primera edición de Iluminaciones en la sombra

Uno de los escritores que rememoraremos será Alejandro Sawa, más conocido por ser el inspirador del personaje de Max Estrella de Luces de Bohemia que como autor de novelas y otros escritos. Entre sus obras más interesantes se encuentra Iluminaciones en la sombra, un libro heterogéneo en forma de diario, publicado de manera póstuma en 1910 con prólogo de Rubén Darío. Nórdica Libros lo reeditó en 2009, año del centenario del fallecimiento de Sawa, con presentación de Andrés Trapiello.

Uno de los fragmentos de Iluminaciones que se sitúa en las calles de Madrid (también están muy presentes Londres y, sobre todo, París) es muy revelador de la sensibilidad social de Sawa, que aborda un asunto también de actualidad en nuestros tiempos:

Va ya para un mes que, al pasar por la calle de la Manzana, un amontonamiento confuso de muebles y de trapos, hacinados en mitad del arroyo por manos trémulas que trataron, sin duda, de contener un desastre, me hicieron repentina y vagamente pensar en el rayo, en la inundación, en el vendaval, en cualquiera de los gestos sañudos con que las fuerzas flagelan al hombre desde el pálido alborear de las edades; sólo que, percatado, al fin, de la realidad, vi que aquello, aquel catafalco de miseria, no era, por ejemplo, lo que se había podido salvar de un incendio ó de un temblor de tierra, sino los restos de un desahucio, lo que quedaba de un hogar ido á pique por insanas codicias de los hombres y reprensibles crueldades de la Ley…

El texto termina con una melancólica reflexión sobre los objetos y su capacidad evocadora.

…Los muebles hablan, y mientras más viejos, mejor; Ios muebles tienen alma, saben historias, dicen decires, conocen cronologías íntimas del pasado, colaboran en nuestras empresas de amores y de odios, forman parte de la familia, han sido clementes para la debilidad del anciano y del niño, han amorosamente auxiliado al guerreador en sus amargos trances de fatiga, viven, que por eso mueren también, y completan magníficamente nuestra fisonomía. Una cama no sólo es un armazón de hierros ó madera, sino un altar también. ¡Y cuántas veces un trono! Ese viejo sofá, lo que un grupo de palmeras en el desierto á la hora plúmbea del sesteo; ese cuadro de la Virgen, un eterno refugio para el duelo; el retrato del hijo, una promesa viva de inmortalidad, y esos libros amontonados, con su aspecto inerte de cosas que fueron, cosas que son, cosas que son perennemente, verbos imperiales, substantivos que son de carne y hueso, lujosos adjetivos, adverbios ágiles como articulaciones, vocablos enhiestos y altivos como luchadores dispuestos á la pelea...


domingo, 19 de diciembre de 2021

La Navidad en Madrid de hace dos siglos, como la de hoy

Entre los cuadros costumbristas del Madrid decimonónico que Mesonero Romanos nos ha transmitido encontramos algunos que se ambientan en los días de Navidad. Uno de ellos lo publicó en diciembre de 1832 con el título de El Aguinaldo y forma parte de su famoso libro Escenas Matritenses.

Como en otras ocasiones, Mesonero utiliza el recurso del yo narrador fictivo que pasea por Madrid, en este caso, con un oficial francés. En la parte final del artículo podemos leer una irónica descripción de las calles del centro y, en especial, de la Plaza Mayor, donde en aquella época se instalaba un mercadillo navideño, si bien no de figuritas de belén, zambombas y demás productos típicos, sino de viandas. Parece que los excesos alimentarios tan característicos de estas fechas no son algo nuevo:

Y si no, véngase un par de horas por esas calles de Dios, y verá cómo todos piensan de ese modo; recorra V. esas confiterías, y observarálas preñadas de obeliscos y templetes (pruebas felices de nuestra arquitectura); verá en las diversas piezas de dulces y mazapanes la imitación de la naturaleza tan recomendada por los artistas; desengáñese V.; éstos y no otros cuadros necesitamos en nuestras galerías. ¡Estatuas, pinturas, producciones raras de los tres reinos! ¡Bravo! Asómese V. a ese balcón y veralas cruzar en todos sentidos, pero sólo del reino animal y algunas pocas del vegetal, para la colación de Noche buena: en cuanto a piedras ¡fuego! cómaselas quien las quiera. Mire V., mire, V. todos esos mozos qué cargados van, pues todo lo que llevan es producto de nuestras fábricas. Vea V.; chocolate... longanizas... confitura... turrón... ¡y luego dirán que no hay industria! Pero acabemos de una vez; venga usted conmigo, y observe lo que sea digno de observar. Y no hubo más, sino que, agarrándole del brazo, di con él en medio de la plaza Mayor.

Pasmado se hallaba el bravo oficial al considerar toda aquella provisión de víveres capaz de asegurar a la población de Pekín, y bien que acostumbrado al redoble del parche o al estampido del cañón, todavía se le hacía insoportable el espantoso clamoreo de los vendedores y vendedoras de dulces y frutas; el pestífero olor de los besugos vivitos de hoy; el zumbido de los instrumentos rústicos, zambombas y panderos, chicharras y tambores, rabeles y castañuelas; el monosílabo canto de los pavos y las escalas de las gallinas, que atados y confundidos en manojos cabeza abajo, pendían de los fuertes hombros de gallegos y asturianos; el rechinar de las carretas que entraban por el arco de Toledo henchidas de cajones, que en enormes rótulos denunciaban a la opinión pública los dichosos a quienes iban dirigidos; la no interrumpida cadena de aldeanos y aldeanas, montados en sus pollinos, que se encaminaba a las casas de sus conocidos de la corte a pasar las pascuas a mesa y mantel, en justa retribución de una alcantarilla de arrope o una cestita de bollos que traían de su lugar: el eterno gruñir de los muchachos, cuál porque un mal intencionado le había picado el rabel, cuál porque un asesino le había llevado de un embrión entrambas piernas del pastor del arcabuz, o de la charrita de Belén; y en fin, el animado canto de los ciegos que entonaban sus villancicos delante de las tiendas de beber.

 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Las yeserías mudéjares del alcázar de Medina de Pomar

Puede sorprender encontrarse en las muy septentrionales tierras de las Merindades de Burgos con algún notable ejemplo del arte mudéjar. Más aún si consideramos que, en la mayor parte de los casos, sólo se trata de restos muy fragmentarios, que apenas son un pálido reflejo de lo que fueron grandes conjuntos arquitectónicos y ornamentales. Se han ensayado diferentes explicaciones para tratar de entender la presencia de elementos claramente andalusíes en obras arquitectónicas de la Baja Edad Media en el norte peninsular, pero no es fácil llegar a conclusiones claras con respecto a un periodo histórico de gran complejidad.

Mapa de las Merindades editado por la Diputación de Burgos

La conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI contribuyó de manera decisiva a la formación del arte mudéjar por la utilización y posterior emulación de los palacios andalusíes allí existentes. La conquista del valle del Guadalquivir en el siglo XIII intensificó este proceso, de manera que permitió el nacimiento de un fenómeno artístico, que denominamos mudéjar, el cual tuvo un desarrollo propio en paralelo con el arte almohade y nazarí y con personalidad suficiente para influir a su vez en la etapa final de la arquitectura andalusí.

Los reyes castellanos del siglo XIV optaron de manera muy evidente por el arte mudéjar frente al gótico para sus palacios, sin duda porque aspiraban a emular la fastuosidad de las cortes andalusíes. El mudejarismo no se limitaba a la arquitectura y la decoración en las cortes castellanas, sino también a la forma de vida que se desarrollaba en ellas. No olvidemos que los reyes castellanos convirtieron en sus residencias los palacios musulmanes de las ciudades que conquistaban (los Alcázares de Toledo y Sevilla, por ejemplo). Pero, además, construyeron nuevos palacios que seguían la disposición y las formas decorativas de los edificios de al-Ándalus, como podemos observar en las obras de Alfonso XI en Tordesillas, de Pedro I en Astudillo y Sevilla, o de Enrique II en León, entre otros ejemplos.

Arco del desparecido palacio de Enrique II en León. Museo Arqueológico Nacional

La utilización de todos estos elementos de origen islámico potenciaba el prestigio de quienes disfrutaban de ellos y les permitía diferenciarse del común de la población, aunque nobles y eclesiásticos de las más altas jerarquías sí se permitían imitar a los reyes. Una de las grandes obras mudéjares de la nobleza castellana se oculta en el interior del poderoso volumen del alcázar de los Velasco en la villa de Medina de Pomar, que, con sus dos elevadas torres y sus altos y robustos muros, pretendía manifestar el poder de sus dueños sobre el territorio. Actualmente, después de una polémica restauración en los años 80 del pasado siglo, es la sede del Museo Histórico de las Merindades y goza de la protección que le confiere su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), al igual que el conjunto histórico de Medina y el convento de Santa Clara que se encuentra en la misma localidad.

El promotor del edificio, don Pedro Fernando de Velasco, había sido Justicia Mayor del rey Pedro I de Castilla, pero apoyó a su hermanastro Enrique durante la guerra que ambos sostuvieron. La victoria del segundo permitió a Fernández de Velasco, después de cambiar de bando, obtener grandes mercedes por su apoyo al nuevo rey, que le concedió los oficios de camarero mayor y de merino mayor de Castilla la Vieja. Además, recibió la villa de Briviesca y después la de Medina de Pomar.

Alcázar de Medina de Pomar

Para afirmar su poder, Pedro y su esposa María, hija del adelantado de Castilla, Diego Pérez Sarmiento, construyeron un imponente alcázar, pronto conocido como las Torres de Medina, edificio que hoy sigue dominando el paisaje de la villa, donde también mandaron construir un monasterio y un panteón funerario. Además, fundaron en Medina y Briviesca el mayorazgo principal de los Velasco, consolidaron su linaje y se situaron entre las más importantes familias nobiliarias de Castilla.

Torreón meridional del alcázar, donde se encuentra el salón de las yeserías

En la primera planta del alcázar se encontraban las salas nobles, entre ellas un salón rectangular, con una gran chimenea, y decorado con un friso de yeserías, hoy desaparecido casi por completo. En la actualidad sólo se conservan algunos restos de la ornamentación original en otro salón situado en el interior de la gran torre meridional. Se trata de un espacio de planta cuadrada de 10 metros de lado y de gran verticalidad, con una altura que se acerca a los 9 metros. Con seguridad, en origen el salón estaba cubierto por una rica armadura mudéjar, seguramente ochavada, o incluso, cupulada, como sugiere Elena Paulina Montero en su tesis doctoral dedicada al patrocinio arquitectónico de los Velasco. También contaba con ventanas en tres de sus lados para iluminar y ventilar la estancia. Y debemos imaginar los muros cubiertos con ricas telas. Este espacio serviría como escenario para recepciones y administración de justicia, así como para celebración de banquetes y solemnidades.

Salón de la torre meridional del alcázar de Medina de Pomar

Nos encontramos, por lo tanto, ante una estructura muy característica de la arquitectura andalusí, llamada qubba, es decir, un espacio centralizado cubierto por cúpula incluido en el interior de una forma cúbica, con connotaciones simbólicas relacionadas con la expresión del poder. La qubba también la utilizaron los reyes castellanos, como Alfonso XI y Pedro I en el alcázar sevillano, y, por extensión la nobleza y las altas jerarquías de la Iglesia hasta el siglo XVI. En este sentido, Elena Paulino, subraya el papel pionero del alcázar de Medina de Pomar en Castilla. Esta autora ha señalado que Pedro Fernández de Velasco, cuando estuvo al servicio de Pedro I, conoció en Sevilla el aalón de Embajadores del alcázar, reflejo de la qubba andalusí por excelencia, que es el salón de Comares de la Alhambra.

Sin duda, Pedro Fernández de Velasco quiso emplear esta estructura consciente de sus connotaciones áulicas. Y en este sentido, la decoración del salón debió de jugar un papel determinante. Actualmente sólo se ha conservado de manera parcial una preciosa banda horizontal de yeserías que recorre la parte superior de los muros del salón cuadrangular, pero tan sólo en el muro sur se mantiene casi completa. El trabajo con el yeso, material humilde, se realizaba desde la Antigüedad, pero fue durante la Edad Media, especialmente en el arte islámico, cuando se desarrolló al máximo su capacidad de dotar a los espacios interiores de un aspecto muy rico mediante el revestimiento de muros, vanos y cubiertas. Las yeserías se utilizaron más en Castilla y Andalucía que en Aragón; ya desde finales del siglo XII encontramos algunos ejemplos, pero fue a partir del siglo XIV cuando su uso se generalizó en los interiores de los palacios.

Yeserías del salón del alcázar de Medina de Pomar

El esquema decorativo de las yeserías de Medina se ordena a partir de arquillos angrelados y mixtilíneos, que se van alternando, sobre columnitas con sus basas y capiteles; los arcos mixtilíneos trasdosan arcos de medio punto, con celdillas en su interior, algunas con inscripciones árabes, y los angrelados están decorados con motivos geométricos y vegetales entre los que pueden leerse palabras en latín y letras sueltas. Por encima de los arcos encontramos motivos vegetales y geométricos y algunos incluyen textos en árabe. Sobre la clave de cada arco aparece un círculo en el que se muestran los escudos de Castilla y León y de Pedro Fernández de Velasco y su mujer María Sarmiento, señores de Medina de Pomar y Briviesca en la segunda mitad del siglo XIV, lo que sirve para fechar los trabajos, así como para atribuirlos al patrocinio de estos nobles, Los escudos también estaban en el exterior del torreón y en el arco de acceso a la escalera principal, por lo que eran elementos fundamentales en la misión de exaltar el poder de los constructores y dueños del edificio. La presencia del escudo real subraya la fidelidad de la familia al nuevo rey castellano, Enrique II, como hemos señalado, fundamental en el fortalecimiento de la familia Velasco. La decoración heráldica es un elemento que no tiene que ver con lo andalusí, por el contrario, en el arte nazarí se adoptó como una influencia de los reinos cristianos.

Por encima y por debajo de los arcos corren inscripciones en letras góticas en latín y castellano, que ya fueron estudiadas y leídas por Amador de los Ríos en 1888. Estos letreros desempeñan un papel muy similar al de las inscripciones de la Alhambra, basadas en la idea de la escritura como expresión del poder. El trilingüismo presente en las yeserías no es un caso excepcional, puesto que también lo encontramos, por ejemplo, en el propio alcázar de Sevilla.  Las inscripciones árabes se refieren al poder: al-mulk  (el poder), el lema nazarí (no hay vencedor sino Dios) y al-mulk-li-llah (el poder es de Dios). Las inscripciones latinas tienen un carácter más religioso: el inicio del credo y del padrenuestro, el miserere y la petición de ayuda a la Virgen. Las escasas inscripciones en castellano conservadas no parecen tener sentido religioso.

Detalle de las yeserías

El modelo compositivo de las yeserías recuerda mucho a las del salón de Embajadores del alcázar de Sevilla, realizadas en la década de los 60 del siglo XIV bajo el auspicio de Pedro I. Elena Paulina ha señalado que los Velasco reutilizaron conscientemente el lenguaje arquitectónico del monarca depuesto y lo re-contextualizaron, sobre todo mediante un programa epigráfico con gran peso de los mensajes cristianos, utilizados en la propaganda de la causa Trastámara que señalaba a Pedro “el Cruel” como soberano impío y favorecedor de musulmanes y judíos.

Está documentada la presencia de notables minorías musulmana y judía en Medina de Pomar durante la época en la que se construyó el alcázar e incluso miembros de ambas comunidades se integraron como oficiales en la casa de los Velasco, como ha estudiado Antonio Moreno Ollero. Sin embargo, lo más probable es que los artífices de las yeserías procedieran de otros lugares, de hecho, podemos encontrar paralelismos en ellas con obras toledanas o sevillanas. En cualquier caso, a través de su qubba, ricamente decorada, los Velasco querían exhibir su poder a través de la reinterpretación de la estética andalusí que ya habían utilizado los reyes castellanos del siglo XIV.


viernes, 29 de octubre de 2021

El “misterioso” alfiz de San Tirso en Oviedo

La consolidación de la monarquía astur durante el reinado de Alfonso II (791-842) tuvo su manifestación material más palpable en la construcción de una verdadera urbs regia, en Oviedo. Estaba formada por edificios ya existentes con anterioridad, algunos reconstruidos, y otros nuevos: el palatium de Alfonso II, la basílica de San Salvador, la iglesia-panteón dedicada a Santa María, el monasterio de San Vicente, el baptisterio dedicado a San Juan Bautista, la capilla relicario de la Cámara Santa y la iglesia de San Tirso, además de los edificios episcopales.

La torre de la catedral gótica de Oviedo, con la cabecera de la iglesia de San Tirso a la izquierda

De todo el complejo sólo quedan algunos restos, algunos integrados en la catedral gótica, en especial, la Cámara Santa. De la iglesia original de San Tirso, muy próxima a la catedral, apenas se conserva el muro exterior del testero recto, construido con el aparejo de mampostería y sillarejo en las esquinas típico de la arquitectura astur, ya que un incendio en el siglo XVI destruyó la mayor parte del edificio, que además ya había sufrido diversas restauraciones. Llama la atención la presencia en la parte alta del muro de una ventana formada por tres arquitos de medio punto peraltados, de ladrillo, sobre columnas de piedra reutilizadas, con basas y capiteles corintios, los de los laterales romanos y los centrales del siglo IX siguiendo el modelo clásico. Los arcos están enmarcados por una sencilla moldura recta, que se conoce como alfiz. Dos piedras, a modo de ménsulas, colocadas sobre las esquinas del recuadro, se utilizarían como quicios para las puertecitas de madera que cerrarían la ventana.

Cabecera de la iglesia de San Tirso. Detalle del triple vano con alfiz

Lo sorprendente es que el alfiz es un elemento característico del arte andalusí, que no esperaríamos encontrar en un edificio astur de principios del siglo IX. En al-Ándalus, el alfiz más antiguo conservado lo encontramos en la remodelación de la llamada puerta de San Esteban de la Mezquita de Córdoba, de tiempos del emir Muhammad I, fechada por su inscripción entre los años 855 y 856. Es decir, el alfiz de San Tirso sería anterior al primero conocido en la arquitectura andalusí.

Detalle de la Puerta de San Esteban de la Mezquita de Córdoba

Por esa razón el triple vano de San Tirso es todavía objeto de debate, ya que, si pensamos en una influencia islámica, tendríamos que retrasar la fecha de la obra hasta el siglo X, cuando encontramos en otros edificios asturianos, como, la iglesia de San Salvador de Valdediós, de nuevo la presencia del alfiz, en este caso con una posible relación con la llegada de mozárabes al reino astur en época de Alfonso III (866-910). Ya Schlunk hace más de setenta años propuso que la triple ventana de San Tirso podría haber sido de una restauración del siglo X sobre el muro de principios del siglo IX.

Sin embargo, si seguimos considerando que el alfiz se puede datar en el reinado de Alfonso II, deberíamos concluir que no es un elemento exclusivo del arte islámico. Así lo planteó Yarza, hace cuarenta años, de manera que el alfiz podría ser un elemento hispano anterior a la presencia islámica en la Península, con origen, aunque sea de manera marginal, en la arquitectura tardorromana y visigoda. El descubrimiento de otro alfiz en la ventana superior del testero de Santa María de Bendones, otra iglesia astur de la época de Alfonso II, parecería corroborar esta hipótesis, pero no olvidemos que el edificio, que estaba en ruinas, se reconstruyó a mediados del siglo XX mediante un trabajo que plantea algunas dudas. Los ejemplos visigodos que se han señalado como precedentes del alfiz de San Tirso no están tampoco nada claros. En cualquier caso, el triple vano de San Tirso, con su alfiz, nos traslada a un pasado evocador, al oscuro mundo de la Alta Edad Media en la Península Ibérica, oscuro por el escaso conocimiento que tenemos de él, pero deslumbrante por su belleza sencilla, rudimentaria y contundente.


jueves, 30 de septiembre de 2021

La iconografía de la Magdalena en la ermita de Santa María de la Antigua en Carabanchel


La participación de María Magdalena en la Pasión es muy relevante, ya que está presente en la Crucifixión, la Deposición y el Entierro de Cristo y, sobre todo es a quien primero se aparece Jesús después de su Resurrección, noticia que esta mujer comunicó a los otros discípulos. Seguramente la necesidad de completar su biografía llevó a fusionar su figura durante los primeros siglos de la Iglesia de Occidente con la anónima pecadora del Evangelio a la que Cristo perdonó en la casa de Simón el Fariseo y con María, la hermana de Marta y Lázaro, que derramó el frasco con perfumes en la unción de Betania. De ese modo llegó a convertirse en prototipo de arrepentimiento y santidad. Durante la Edad Media y después del Concilio de Trento el culto a la Magdalena y sus consiguientes representaciones iconográficas se extendieron por toda la Cristiandad.

La ermita de Santa María de la Antigua de Carabanchel, originalmente iglesia parroquial dedicada a la Magdalena, conserva dos magníficos ejemplos de su iconografía. El más antiguo lo tenemos en las pinturas, fechadas a principios del siglo XV, del coro alto de madera situado a los pies el tempo, recientemente descubiertas tras la restauración y limpieza de las vigas. El otro ejemplo lo encontramos en el retablo de la capilla mayor, de mediados del siglo XVII y restaurado a principios de la presente centuria.

Cabecera de la ermita de Santa María de la Antigua

En efecto, entre 2020 y 2021 los restauradores contratados por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid han sacado a la luz unas maravillosas pinturas al temple, antes ocultas por la suciedad y los repintes, en las vigas del coro de la ermita, antigua parroquia del primitivo Carabanchel. De este coro se conserva el emparrillado de madera formado por vigas maestras (jácenas), que descansan en ménsulas, y largueros (jaldetas) que rematan en unos canecillos muy simples. No ha llegado a nuestros días ni la escalera ni la balaustrada originales. Las pinturas incluyen motivos vegetales y geométricos en ménsulas y canecillos y en los cantos de las jácenas, escudos de Castilla y de León en las tabicas situadas entre los extremos de los largueros y escenas religiosas en las vigas maestras; a estas últimas dedicaremos nuestra atención en este texto.

Jácena lateral, con el Martirio de san Sebastián en la mitad izquierda.
En las tabicas situadas entre los extremos de los largueros escudos de Castilla y de León

En la cara exterior de la jácena que une la pared de la entrada lateral de la iglesia con el pilar más cercano quedan algunos rastros de un escudo y de la representación del Martirio de san Sebastián, santo objeto de devoción en Carabanchel desde la Edad Media y protector frente a la peste, que en la época en que se realizaron las pinturas asolaba Madrid y su entorno; junto a esta, otra escena de difícil interpretación, con dos ángeles que flanquean a una figura.

Jácena central del coro, decorada con pinturas recientemente descubiertas

En la cara exterior de la viga mayor la Magdalena es la protagonista, vestida con túnica azul y con nimbo dorado, aunque las escenas se conservan sólo parcialmente. De izquierda a derecha observamos a la santa ante Cristo resucitado saliendo del sepulcro, el Noli me tangere (aparición de Cristo ante la Magdalena), un escudo, atribuido por los restauradores al arzobispo de Toledo entre 1407 y 1414,  Pedro de Luna y Albornoz, y que ha permitido fechar las pinturas, y lo que podría ser el Banquete en casa de Simón el fariseo, donde Cristo ungió a la Magdalena. Más a la derecha, apenas se distingue una escena muy perdida, tal vez con san Isidro labrando, junto a un buey. La otra viga maestra, adosada a la pared, estaba también decorada con pinturas, pero actualmente estas casi han desparecido, aunque parece vislumbrarse alguna representación de san Isidro.

Detalle de la jácena central, con la Magdalena ante el Sepulcro de Cristo y el Noli me tangere

Casi un siglo después de la realización de estas pinturas, a finales del siglo XV, la iglesia de la Magdalena perdió su parroquialidad, ya que el entorno de la iglesia se despobló. Los habitantes se trasladaron a dos nuevos núcleos, origen del Carabanchel de Abajo y Carabanchel de Arriba, y el templo quedó reducido a ermita.

Frente a las vigas del coro, en la cabecera de la iglesia, se encuentra el retablo barroco de madera dorada, restaurado en 2003. Cuenta con predela, ático y un único cuerpo, dividido en tres calles por columnas corintias: en la central se encuentra la talla que representa a santa María la Antigua, escultura posterior a la guerra civil, copia de la original medieval desaparecida en 1936; en las calles laterales se hallan sendos óleos sobre lienzo con las imágenes de san Isidro y santa María de la Cabeza.  En el ático se encuentra otro lienzo en el que aparece la imagen de santa María Magdalena. Pero las obras de mayor calidad del retablo las encontramos en la predela, que incluye tres lienzos, uno por calle: de izquierda a derecha podemos ver el Noli me tangere, San Juan Bautista en el desierto y la Cena en casa de Simón el Fariseo, es decir, dos escenas de la Magdalena que también aparecen en las pinturas de las vigas, las cuales, seguramente, eran visibles cuando se realizó el retablo, a mediados del siglo XVII. Se buscaba posiblemente una correspondencia iconográfica entre el coro y la cabecera de la iglesia.

Retablo mayor de la ermita, de mediados del siglo XVII

La pintura del retablo en la que se representa a san Juan Bautista incluye una inscripción que fecha la obra: “Juan Bautista Montero a su devoción iço dorar el retablo y pintar los Quadros de el, año 1656”. El comitente era un hidalgo vecino de Carabanchel, que, a través de este encargo demuestra su devoción hacia san Isidro, íntimamente relacionado con la propia ermita, ya que esta conserva un pozo atribuido al santo y en el mismo lugar, pero en otra iglesia más antigua y modesta, de madera, la tradición sitúa uno de los milagros del patrono de Madrid. No olvidemos además que san Isidro había sido canonizado en 1622. También se representa en el retablo al santo del comitente, san Juan y, en el ático y en la predela a la Magdalena, a modo de actualización y ampliación de las representaciones de la viga del coro situada frente al retablo. Las pinturas son de escuela madrileña y algunos lo han atribuido al taller de Francisco Ricci; siempre me ha llamado la atención que la calidad de los tres cuadritos de la predela es superior a la de las representaciones principales.




sábado, 28 de agosto de 2021

Presentación del libro “Una voz en el desierto”

En 2013 comenzó una aventura apasionante. Una visita a la misión de los oblatos me puso en contacto con la situación del Sáhara Occidental, territorio español hasta 1975. Viendo a los tres misioneros que permanecen allí, me sorprendió saber que cuando todos los españoles se marcharon solo ellos se quedaron. La Iglesia (Roma), les pidió permanecer y ellos asumieron el riesgo de hacerlo.

A lo largo de los 10 días que duró el viaje por el territorio surgió la inquietud de recoger los testimonios de los misioneros que pasaron por allí y, posteriormente, la necesidad de hablar con los saharauis, testigos principales de su vida cotidiana.

El libro recoge las entrevistas realizadas, tanto en el Sáhara como en España, entre los años 2013 y 2018, así como toda la documentación depositada en el Archivo Provincial de los Oblatos desde que se inicia la misión en el año 1954.

Este mes de junio, aprovechando la visita de Chicho Rois, superior de la misión, se ha realizado la presentación del libro en Madrid, Valladolid y Málaga.  



Más información en:

“Nosotros OMI”: https://nosotrosomi.blogspot.com/2021/07/presentacion-del-libro-una-voz-en-el.html

OMI World: https://www.omiworld.org/es/2021/03/30/una-voz-en-el-desierto-la-mision-de-los-oblatos-en-el-sahara/


Enlace de la presentación en la parroquia de San Leandro, Aluche (Madrid):

https://www.youtube.com/watch?v=MtILXz6l9pc


Los libros se pueden pedir al Archivo Provincial de los Oblatos en Pozuelo (Madrid) : archivoprovincialomi@gmail.com

 

Beatriz García Traba


jueves, 1 de julio de 2021

La portada de la iglesia de Santa Cruz

En el comienzo de la calle de Atocha, en las proximidades de la Plaza Mayor, una torre llama nuestra atención por su elevada altura, por el intenso color rojo de sus ladrillos y por su peculiar estilo, de resonancias mudéjares e italianas a un tiempo. Se trata del campanario de la parroquia de Santa Cruz, inaugurada en 1902, muy cerca de la ubicación del templo original derribado durante el Sexenio Progresista. Francisco de Cubas dirigió la construcción de un interior neogótico al que se accede por una portada del mismo estilo, decorada con un relieve dedicado a la Exaltación de la Santa Cruz, obra del entonces joven escultor Aniceto Marinas. El proyecto del artista segoviano se impuso en concurso a los de Juan Vancell y Cipriano Folgueras y se convirtió en una de sus primeras obras en Madrid. 

Portada de la parroquia de Santa Cruz. Foto: Martín Juez

En el número de julio/agosto de 2021 de la revista Madrid Histórico publicamos un artículo dedicado al relieve de Aniceto Marinas que recoge las investigaciones realizadas en el Archivo Diocesano de Madrid. Animamos a todos los seguidores de este blog a su lectura.


lunes, 31 de mayo de 2021

Ciento cincuenta años del primer tranvía de Madrid


El 31 de mayo de 1871 se inauguró el primer tranvía de Madrid. Lo puso en marcha una empresa inglesa, con el impulso de William Morris, que había comprado los derechos de explotación de la línea a José Domingo Trigo, el cual había obtenido la concesión del ayuntamiento popular un año después de la Gloriosa Revolución. Fue todo un acontecimiento en la ciudad, que apenas cinco meses antes había vivido la proclamación de Amadeo I como rey de España.

Calle de Serrano. En el centro de la imagen el primer tranvía de Madrid      
Ángel Fernández de los Ríos. Guía de Madrid: manual del madrileño y del forastero,1876

Era posiblemente el tercer tranvía urbano del país, después de los de Jerez de la Frontera y Sevilla. Iniciaba su andadura tras numerosos intentos fracasados y cuando ya existía otro medio de transporte público urbano, que era el ómnibus. El nombre comercial de la empresa era el de Tramvía de Madrid y contaba con 24 vehículos de dos pisos de fabricación inglesa y 120 caballerías, ya que funcionaba con tracción animal y se desplazaba, a diferencia del ómnibus, sobre raíles, lo que permitía aumentar notablemente su velocidad y mejorar la comodidad de los viajeros.

La primera línea de la capital unía el flamante barrio de Salamanca con el corazón de la villa, la Puerta del Sol. Pocos meses después se prolongó hasta la plaza de Oriente y más tarde hasta el barrio de Pozas, de este modo el tranvía unía dos modernos barrios del ensanche, uno en el oeste y otro en el este, a través del centro.

Puerta del Sol     
Ángel Fernández de los Ríos. Guía de Madrid: manual del madrileño y del forastero,1876

La inauguración se celebró con un banquete, servido por Lhardy, en la estación, que se había construido en el extremo septentrional del barrio de Salamanca, en la esquina entre el boulevard Serrano y una nueva calle que poco antes había recibido el nombre de Maldonado. El Imparcial del 1 de junio describe con todo detalle la ceremonia, en la que distintas personalidades pronunciaron entusiastas discursos.


El Imparcial, 1/06/1871. Inicio de la crónica sobre la inauguración del tranvía

Al día siguiente de la inauguración, el 1 de junio de 1871, se puso en marcha el servicio público, iniciando, de este modo una historia que terminó exactamente 101 años después. Durante el verano de 2021 una exposición en la Biblioteca Regional de Madrid, en la que estamos trabajando, rememorará la trayectoria de un medio de transporte que desempeñó un papel clave en el desarrollo y la modernización de la ciudad.

Ministerio de Hacienda. Se observa el paso del tranvía inaugurado en 1871. 
Ángel Fernández de los Ríos. Guía de Madrid: manual del madrileño y del forastero,1876

En la primera edición de la Guía de Madrid: manual del madrileño y del forastero , de Ángel Fernández de los Ríos, publicada en 1876, se incluyen numerosas estampas de la ciudad, entre las que reproducimos algunas en las que aparece el tranvía de mulas por las calles madrileñas. También se incluye en la guía una tabla con las tarifas del nuevo medio de transporte, con distintos precios según el recorrido realizado.

Tarifa de precios del tranvía.
Ángel Fernández de los Ríos. Guía de Madrid: manual del madrileño y del forastero,1876


miércoles, 12 de mayo de 2021

La verbena de san Isidro según Emilia Pardo Bazán, en el centenario de su fallecimiento

El 12 de mayo de 1921 falleció Emilia Pardo Bazán cuando estaba a punto de cumplir 70 años. La gripe, complicada por la diabetes que padecía, le provocó la muerte en su último domicilio en Madrid, situado en el número 27 de la calle de la Princesa, no muy lejos de donde cinco años después se inauguró el monumento dedicado a la genial escritora.

Esquela publicada en La Época, diario en el que publicó algunos de su principales artículos. 12/5/1921

En 1925 el Centro Gallego de Madrid colocó también una lápida conmemorativa en el muro exterior del palacete de Pozas, edificio en el que había fallecido Emilia y que fue destruido durante la Guerra Civil. La lápida se conserva en la sede del Centro, en la calle Carretas, pero en el inmueble que se levanta actualmente en el solar de la casa de la escritora una placa municipal en forma de rombo resume en pocas palabras la intensa actividad de la gallega: “Escritora fecunda y activa intelectual, defensora de los derechos de la mujer

 Lápida conmemorativa de Emilia Pardo Bazán. Centro Gallego, Madrid

Aunque Pardo Bazán deseaba ser enterrada en su propiedad gallega de Meirás, recibió sepultura en el madrileño cementerio de San Lorenzo, de donde luego fue trasladada a la cripta de la parroquia de la Concepción, en pleno barrio de Salamanca; allí siguen descansando sus restos.

Pradera de San Isidro. C. 1900. Negativo sobre cristal, 11 x 5 cm. Museo de Historia de Madrid

Al días siguiente del entierro se celebró de la festividad del patrono de Madrid, a escasa distancia del camposanto. Por esta coincidencia y, a modo de homenaje a la escritora gallega, transcribimos uno de los inolvidables textos de Insolación (1889), tal vez su novela más madrileña, en la que, a través de la protagonista, verdadero alter ego de la autora, describe así el popular escenario festivo:

En fuerza de su novedad me hacía gracia el espectáculo. Aquella romería no tiene nada que ver con las de mi país, que suelen celebrarse en sitios frescos, sombreados por castaños o nogales, con una fuente o riachuelo cerquita y el santuario en el monte próximo... El campo de San Isidro es una serie de cerros pelados, un desierto de polvo, invadido por un tropel de gente entre la cual no se ve un solo campesino, sino soldados, mujerzuelas, chisperos, ralea apicarada y soez; y en lugar de vegetación, miles de tinglados y puestos donde se venden cachivaches que, pasado el día del Santo, no vuelven a verse en parte alguna: pitos adornados con hojas de papel de plata y rosas estupendas; vírgenes pintorreadas de esmeralda, cobalto y bermellón; medallas y escapularios igualmente rabiosos; loza y cacharros; figuritas groseras de toreros y picadores; botijos de hechuras raras; monigotes y fantoches con la cabeza de Martos, Sagasta o Castelar: ministros a dos reales; esculturas de los ratas de la Gran Vía, y al lado de la efigie del bienaventurado San Isidro, unas figuras que... ¡Válgame Dios! Hagamos como si no las viésemos.