EL PLACER DE LA CULTURA

sábado, 8 de julio de 2017

Japón en versión madrileña, nueva exposición en el Thyssen

El Museo Thyssen ha inaugurado una pequeña pero deliciosa exposición titulada Madama Butterfly y la atracción por Japón. Madrid, 1868-1915, que permanecerá abierta hasta el 27 de agosto. De acceso gratuito, permitirá al visitante adentrarse en el fascinante mundo de la mirada hacia el lejano Japón desde la España del Sexenio Progresista y la Restauración Borbónica.
La muestra es fruto de la colaboración entre el Museo Thyssen-Bornemisza y el Teatro Real y tiene como punto de partida el estreno el 20 de noviembre de 1907 en Madrid de la ópera Madama Butterfly de Giacomo Puccini. Coincidiendo con una nueva programación de la popular ópera el comisario de la muestra, Juan Ángel López Manzanares, ha conseguido reunir más de cuarenta piezas de formato muy diverso que ilustran el contexto de aquel estreno en relación con la moda japonista, muy presente en la Europa de aquella época, incluso en una ciudad poco abierta entonces a influencias foráneas como Madrid.

Pedro Sáenz y Sáenz. Crisantemas. C. 1900. Propiedad de la Excma. Diputación Provincial de Málaga

Un destacado apartado está dedicado al propio estreno de la ópera de Puccini en el Teatro Real de Madrid, en 1907, bajo la dirección de Luis Paris. En él se pueden contemplar por vez primera las fotografías de geishas utilizadas para diseñar los decorados y mobiliario, así como los figurines originales, obra de Joaquín Xaudaró. Asimismo se ilustra la popularización de la cultura nipona a través de la moda, el teatro y la música de la época.

El visitante puede disfrutar también de algunos ejemplos del coleccionismo madrileño de arte nipón, como unas espléndidas estampas atesoradas por Joaquín Sorolla o las que ingresaron hacia 1915 en el Museo Nacional de Artes Industriales. Asimismo se incluyen algunas obras de artistas españoles activos en Madrid en la época que cubre la exposición que muestran la atracción por lo japonés, como un encantador cuadro de Pedro Sáenz, los curiosos retratos anónimos de María Cristina y Alfonso XIII ataviados al estilo nipón, o las ilustraciones de Joaquín Xaudaró.


martes, 27 de junio de 2017

Paisajes primordiales

Hasta el 20 de julio puede verse en la Casa de América de Madrid la exposición 'Watkins, el paisaje de Estados Unidos en la colección fotográfica de Sorolla', comisariada por Mario Fernández. Es una impresionante muestra de la colección de fotografías que Carleton Watkins, uno de los pioneros de la fotografía en los Estados Unidos en el siglo XIX, realizó para Collis Huntington. Su hijo, Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, regaló esta muestra a su admirado Joaquín Sorolla posiblemente con el objetivo de que el valenciano viajase al lejano oeste norteamericano para pintar los impresionantes paisajes captados por la cámara de Watkins, lo que finalmente no se llevó a cabo. Se trata de imágenes del parque natural de Yosemite captadas en la década de los sesenta del siglo XIX, fotografías que conmovieron a Abraham Lincoln y que estimularon la declaración de Yosemite como parque nacional.


Cuando se ven estas fotografías, conservadas en el Museo Sorolla, se siente la emoción de estar viendo un planeta virginal. Da la impresión de que los paisajes que contempló y captó Watkins con su monumental cámara nunca habían recibido antes mirada alguna. Pero además uno tiene la sensación de que el autor estaba inventando la fotografía en aquel mismo instante, de que estaba creando un lenguaje nuevo para traducir aquel paisaje primigenio y hacer al espectador partícipe de esa primera mirada. Se intuye el titánico esfuerzo de Watkins para llegar a tan remotos parajes con un pesado cargamento necesario para poner en práctica la ardua técnica del colodión húmedo, que obligaba a disponer de una cámara de grandes dimensiones para colocar las placas de vidrio y trasladar también todo un taller portátil porque el revelado tenía que ser inmediato. El resultado no puede ser más impresionante, con imágenes de un detalle y una nitidez sobrecogedoras y una atmósfera sublime, sobrenatural.

martes, 30 de mayo de 2017

Antonio Machado en el Café Español

Antonio Machado frecuentó los cafés de Madrid desde su adolescencia. En ellos practicó la bohemia, se inició en la escritura y se introdujo en el mundillo literario. Pero casi siempre buscó los locales alejados del centro, solitarios y tranquilos, de acuerdo con su carácter algo huraño, alérgico a los oropeles y las adulaciones.
Uno de esos cafés era el Español, que había abierto sus puertas en la Puerta del Sol antes de la reforma urbana de mediados del siglo XIX, remodelación que provocó su traslado en 1851 hasta la esquina de la calle Carlos III con la de Vergara. Su proximidad al Teatro Real, inaugurado poco antes, propició que frecuentaran el café músicos y espectadores, aunque casi siempre fue un local tranquilo y algo apartado del centro cafetero de la ciudad. No obstante, en algunas etapas de su historia acogió pequeñas representaciones teatrales y conciertos y contó durante muchos años, ya en el siglo XX, con un famoso pianista ciego que animaba con sus notas el local. Finalmente en 1935 echó el cierre; el penúltimo de los negocios que ocupó el local fue una famosa tienda de instrumentos musicales, sustituida hace algunos años por uno de esos horrendos establecimientos dedicados a la venta de souvenirs que infestan el centro de Madrid.
Antonio Machado acudió a este café, sobre todo desde 1932, año en el que por fin obtuvo su plaza de profesor de francés en Madrid. Muy cerca, en la calle Mesón de Paños, habían visto la luz seis años antes los poemas de Nuevas Canciones.


Ramón Gómez de la Serna se refiere en su obra Los Machado a la presencia de Antonio y Manuel, los hermanos poetas, en el Café Español: Pero, aun estando tan unidos tienden a bifurcarse las vidas de los dos hermanos. Siempre Manuel ha visto la España graciosa y alegre y siempre Antonio ha visto la España meditativa y trágica, pero yo podría precisar —y precisaré un día— cuándo se realizó la verdadera desviación de los dos caminos que iban parejos. Así como a Manuel se le encontraba sólo en la encrucijada de colmados que he descripto, a Antonio sólo se le veía en un café sórdido que era también de mi predilección: el café Español, frente al Teatro Real. Allí, entre un público fagocitario —no sólo por su calidad de fagocitos, sino porque algunos tocaban el fagot en la orquesta de la Ópera o en la banda de alabarderos— nos desayunábamos a las siete de la tarde. Yo con mi mujer me establecía en los divanes de enfrente a una de sus ventanas, y Antonio se colocaba de espaldas a la luz, junto al quicio de la misma ventana. Nos saludábamos con buena fe y reconocimiento y comenzábamos la novena de la meditación y de la oración en el café modesto.Estábamos muy solitarios. A lo más llegaban hasta él, para formar la exigua tertulia sus hermanos, destacándose la sonrisa escéptica y retozona de Manuel, que sobre las ocho u ocho y media se escapaba hacia el barrio de la cuchipanda.Pero un día comenzaron a llegar columnas móviles de jóvenes tentadores que le ofrecían cierta jefatura ideal. Él se había defendido siempre de jefaturas y tentaciones, pero sintiéndose ya finalista aceptó una última esperanza. Coincidiendo con eso, cerraron el café Español, en cuyo sensato ambiente de modestia comprendíamos mejor la pobreza estratagémica de lo español, y poco después encontramos un tramo más allá, ya traspuesta la rampa de la cuesta de Santo Domingo, ya en medio de la confusión del centro, el café sustitutivo: el café de Varela.


jueves, 4 de mayo de 2017

El Madrid de Antonio Machado

La relación entre literatura y vida se manifiesta de manera evidente en la ciudad. Madrid ha sido siempre, sobre todo desde la llegada de la Corte en 1561, protagonista de muy variadas obras literarias. Escritores de todo tipo, madrileños de nacimiento o de adopción y viajeros, más o menos ocasionales, se han sentido atraídos por la ciudad y no han podido resistirse a trasladar al papel su palpitante vitalidad.

Antonio Machado pertenece al grupo de los madrileños adoptados. Y es que son muchos los lugares de Madrid ligados a la figura de Antonio Machado, aunque pocos los recuerdos oficiales de su larga estancia en la ciudad desde que llegó en 1883 hasta que marchó por última vez al comienzo de la Guerra Civil: las casas en las que vivió, los centros en los que estudió o fue profesor, los cafés que frecuentó, los teatros en los que estrenó sus obras, los periódicos, revistas o editoriales que publicaron sus poemas, etc. Durante este largo periodo sólo vivió de manera permanente en Madrid entre 1883 y 1896 y entre 1932 y 1936, pero cuando tuvo su residencia en París, Soria, Baeza o Segovia, Machado visitó la ciudad con mucha frecuencia y estuvo permanentemente vinculado a ellas por motivos familiares, profesionales y personales.

Comenzamos un ciclo organizado por la Biblioteca Regional de Madrid con recorridos biográficos y literarios por el Madrid de Machado, siguiendo un orden cronológico e incluyendo la lectura de fragmentos de sus obras. Los títulos de los paseos, extraídos del famoso Autorretrato del autor sevillano, son los siguientes:

4 de mayo: Mi juventud, veinte años en tierra de Castilla
11 de mayo: Dejar quisiera mi verso, como deja el capitán su espada
18 de mayo: Converso con el hombre que siempre va conmigo
25 de mayo: Me encontraréis a bordo ligero de equipaje


lunes, 1 de mayo de 2017

Celebramos la fiesta de la Comunidad de Madrid con la Biblioteca Regional

Como el año pasado, celebramos en este 2017 la fiesta de la Comunidad de Madrid con un itinerario organizado por la Biblioteca Regional, que realizamos tanto el día 2 de mayo como el 3. En este paseo guiado rememoramos los sucesos de 1808 y recorremos algunos de los lugares más emblemáticos del levantamiento, de la mano de los documentos históricos y de la recreación literaria de Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales.

Portada de El dos de mayo o los franceses en Madrid: novela histórica, de Manuel Vázquez Taboada. Murcia y Martí Editores, 1866. Biblioteca Regional de Madrid


martes, 18 de abril de 2017

La Fuente de Apolo, según Ramón

Dice Ramón Gómez de la Serna en su Elucidario de Madrid que “El Prado son los Campos Elíseos de Castilla, planicie de aire profundo, de honda serenidad”. Y de esos Campos emergen tres maravillosas fuentes diseñadas por el gran Ventura Rodríguez y dedicadas a Cibeles, Apolo y Neptuno. La que se encuentra en el centro del Salón del Prado, la de Apolo o de las Cuatro Estaciones, corazón físico y simbólico de la composición, “tiene cuerpo o tronco de panteón”, según Ramón. “Los mascarones por los que sale el agua están bien, aunque es doloroso como ver un vómito de sangre ver echar a un mascarón el agua por la boca”.

 Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones.
Fotografía de Eduardo Escudero. 2015

Según Gómez de la Serna “el agua de la fuente de Apolo cae en tres conchas, conchas eternas hechas para soportar el agua de las fuentes como las otras para soportar el agua del mar. En vez de agua parece que debía caer de ellas besamel; pero su baba tiene un dulce de caramelo en que se mezcla el encanto de los días de Madrid”.

 Detalle del Invierno. Fotografía de Eduardo Escudero. 2017

Asegura Ramón que “ante esta fuente, Fígaro se detenía y veía la perspectiva de las estaciones, sobre todo la de invierno, que representa el mendigo de pantalones atados por debajo de la rodilla, como se los atan con una cuerdecita los miserables para no perder el calor que guardan; atadura igual a la que evita que se les salga la sustancia a los pellejos llenos de aceite o de vino. Toda la estatua es invernal; hasta los racimos en piedra son racimos de uvas heladas, uvas de invierno. Es la fuente del hombre con capa y con una copa con brasas en la mano”.


lunes, 27 de marzo de 2017

Dos Emilios españoles en el Prado

El Museo del Prado presenta a través de la exposición La infancia descubierta (hasta el 15 de octubre de 2017) una obra adquirida el año pasado y apenas conocida anteriormente. Se trata de un óleo sobre lienzo de Antonio María de Esquivel, fechado en 1855, es decir dos años antes del fallecimiento del pintor que inmortalizó a las principales figuras de la intelectualidad española de su época en una reunión ficticia en su estudio.
Es un doble retrato infantil que atrae por su belleza y calidad pictórica y por el singular atuendo de los protagonistas. Los niños son Raimundo Roberto y Fernando José, hijos de la infanta Josefa Fernanda de Borbón y sobrinos del rey consorte Francisco de Asís. Descalzos y vestidos tan sólo con pieles, provoca una sonrisa comprobar que los pequeños salvajes están limpios, aseados y bien peinados. Se podría decir que los niños parecen haberse disfrazado de pastorcillos de la Arcadia. La composición piramidal, que completa un perro, casi tan cuidado como los infantes, es de un clasicismo que contrasta con el contexto selvático. Las figuras, fuertemente iluminadas delante de un brumoso bosque, destacan por su carácter escultórico.
El cuadro trata de ilustrar los ideales del liberalismo en relación con la educación libre y rousseauniana, que defendía el padre de los niños, el escritor nacido en Cuba José Güell. El más pequeño, Fernando José libera a unos pajarillos encerrados en una jaula, acción simbólica que subraya el texto que podemos leer en el collar del perro: Libertad.


Rousseau pensaba que la educación era el medio para que los seres humanos asumieran su papel de ciudadanos libres, soberanos y conscientes de sus derechos y deberes en una nueva sociedad. Pero el sistema educativo de su época era incapaz de realizar esta misión, por lo que propuso una renovación pedagógica desde la Ilustración, fundamentalmente a través de su obra Emilio (1762). La corrupción que conlleva la vida en sociedad lleva al ginebrino proponer el estado de naturaleza como punto de partida para la educación. Rousseau consideraba que el niño era un ser diferente esencialmente al adulto y estaba convencido de que la formación tenía que partir desde esta premisa y considerar las capacidades y los intereses del niño en cada una de sus etapas de desarrollo. El niño no debe adquirir conocimientos a través de los libros, sino mediante la observación y la experimentación, utilizando sus sentidos de manera natural,  mediante el juego, estimulando el deseo de aprender.
José Güell y Renté, nacido en La Habana en 1818, de padre catalán y madre cubana, fue un hombre de indudable carácter liberal y conocedor de los postulados de Rousseau. Doctor en Derecho Civil por la Universidad de Barcelona, tuvo que vencer obstáculos casi insuperables para casarse en secreto con doña Pepita, la hermana del rey consorte de Isabel II, a la que había conocido casualmente. Tras haber sido desterrado en Francia, participó en la Revolución de 1854, y fue elegido diputado en las Cortes Constituyentes. Participó en otros acontecimientos políticos en España y escribió en los principales periódicos, hasta que regresó a su Cuba natal, donde luchó contra la esclavitud y para mejorar la Universidad de La Habana.
En la exposición, puede leerse un texto revelador junto al cuadro, un poema escrito en la misma fecha en que se pintó el óleo, dedicado por Güell a su hijo Raimundo, que efectivamente armoniza con la obra pictórica de Esquivel y que nos permite comprenderla mejor:

No te importe vivir en la pobreza.
Si puedes aspirar al aire puro.
Y ver la luz del sol y la grandeza
De la noche que llena el cielo oscuro
[…] Y no adornes tu frente con laureles.
Ni que la luz del sol nunca te vea,
Ridículo, vestido de oropeles
Ni del poder llevando la librea.


martes, 7 de marzo de 2017

Galdós, visionario del turismo en Toledo

Galdós incluye algunos de sus recuerdos de Toledo en sus Memorias de un desmemoriado, así como una curiosa reflexión en relación con el Alcázar y con el famoso hotel Castilla, edificio que es actualmente sede de la Tesorería General de la Seguridad Social en la ciudad. Se trata de una construcción ecléctica erigida en el solar del desamortizado convento de San Agustín e inaugurado en 1891. Fue uno de los primeros hoteles españoles en tener cinco estrellas y alojó a viajeros ilustres como Rainer Maria Rilke o el propio Benito Pérez Galdós.

Actual sede de la Tesorería General de la Seguridad Social en Toledo,
antes Hotel Castilla

Pero el escritor canario fantasea con transformar en hotel otro edificio toledano para acoger a los que ya empezaban a ser, hacia 1890, numerosos turistas en la ciudad del Tajo: Ahora que tanto se habla de turismo, ninfa mía, se me ocurre que Toledo debiera ser uno de los lugares de la Tierra más frecuentados de viajeros y artistas. Existe aquí el magnífico Hotel Castilla, construido por el inteligente prócer marqués del Castrillo, pero es de reducidas dimensiones. ¡Qué fabuloso número de extranjeros atraería Toledo si el Alcázar fuera convertido en un hotel! Esto es un sueño, esto es imposible, pero a mí me gusta lanzarme a la región de las bellas hipótesis. Yo me imagino las salas, las anchas crujías y la grandiosa escalera de aquel inmenso edificio invadidas por un gentío procedente de todas las partes del mundo. Decía Carlos V que no se sentía Emperador sino cuando subía por aquella escalera, tan grande como una catedral. El patio es de suprema elegancia; en el centro se ha colocado, no ha mucho, la estatua de Carlos V, vestido a la romana, encadenando la Herejía. Es obra de Pompeyo Leone. Ocioso creo hablarte, querida ninfa, que la capacidad del Alcázar en todos sus pisos…; pero dejémonos de ensoñaciones quiméricas, que aquí está bien instalada la Academia de Infantería, y no nos corresponde a nosotros alterar caprichosamente la realidad de los hechos. ¿Estás conforme? Pues vámonos al Hotel de Castilla, donde hallaremos excelente trato y una sociedad escogidísima de franceses, ingleses y yanquis".

lunes, 20 de febrero de 2017

Salvemos la casa de Ramón y Cajal

Santiago Ramón y Cajal tuvo su último domicilio en Madrid en el número 64 de la calle Alfonso XII, frente al cerro de San Blas, sobre el que se construyó el Instituto que llevaba su nombre. Allí vivió desde 1912 hasta su fallecimiento en 1934, allí investigó incansablemente y desde su terraza contemplaba con su pequeño telescopio el cielo estrellado en las noches de verano.


Es un magnífico palacete, diseñado por Julio Martínez-Zapata y ampliado por Ricardo García Guereta. Hoy se encuentra en grave peligro de desaparición, por lo que solicitamos tu apoyo para que no sea víctima de la piqueta. Más información aquí:
https://www.change.org/p/salvemos-la-casa-de-ram%c3%b3n-y-cajal-antes-de-que-sea-tarde?utm_medium=email&utm_source=notification&utm_campaign=petition_signer_receipt

lunes, 30 de enero de 2017

Durero, historia de un autorretrato

En una de las salas del Museo del Prado Durero nos mira desde el siglo XV. Bajo la ventana que se abre al fondo del autorretrato, pintado en 1498, puede leerse: Lo pinté según mi figura. Tenía veintiséis años. Albrecht Dürer. Se trata, por cierto, del artista renacentista que más veces se pintó a sí mismo.

Alberto Durero. Autorretrato. 1498, Óleo sobre tabla. Museo Nacional del Prado, Madrid

El cuadro estaba en el Ayuntamiento de Núremberg cuando en 1636 Carlos I de Inglaterra lo recibió como regalo, David Murria compró la pintura en la almoneda del rey y en 1654 fue adquirida por un agente de Felipe IV y consta en los inventarios del Real Alcázar. De las colecciones reales pasó al Museo del Prado.

En el siguiente video analizamos de manera lúdica esta obra: https://www.youtube.com/watch?v=Q4owPO_DoVQ&t=51s


miércoles, 4 de enero de 2017

Que esperen los Reyes Magos

Este año 2017 celebramos el centenario del nacimiento de la poeta Gloria Fuertes, fallecida en 1998. 


Qué mejor que recordar a esta popular mujer, una de las voces más importantes de literatura para niños y también una destacada poeta no infantil, con un villancico en vísperas de la festividad de los Reyes Magos:

Ya está el niño en el portal
que nació en la portería,
San José tiene taller,
y es la portera María.

Vengan sabios y doctores
a consultarle sus dudas,
el niño sabelotodo
está esperando en la cuna.

Dice que pecado es
hablar mal de los vecinos
y que pecado no es
besarse por los caminos.

Que se acerquen los pastores
que me divierten un rato
que se acerquen los humildes,
que se alejen los beatos.

Que pase la Magdalena,
que venga San Agustín,
que esperen los reyes magos
que les tengo que escribir.

El villancico en la voz de Paco Ibáñez: https://www.youtube.com/watch?v=GVThvvwpCto

lunes, 26 de diciembre de 2016

Parece un Renoir

En la exposición Renoir. Intimidad, que tiene lugar en el Museo Thyssen, podemos ver un buen número de mujeres que leen. Por ejemplo, la señora Monet vestida a la turca y recostada en un sofá apenas pintado. O una joven burguesa que lee el periódico apoyada sobre el hombro de su compañero. O una mujer envuelta en muselina que toca el piano y lee, por tanto, la partitura. O dos parejas de niñas que comparten un libro. O Gabrielle, la niñera, modelo, enfermera y confidente de Renoir. El de las lectoras es, sin dudas uno de los temas favoritos del maestro francés, al que interesaban los personajes absortos en una actividad, concentrados en ella. De esta manera, el espectador, como dice Guillermo Solana, comisario de la muestra, puede asomarse a su intimidad.

Pierre-Auguste Renoir. Gabrielle leyendo. 1906. Óleo sobre lienzo
Staatliche Kunsthalle Karlsruhe

Otro de los temas favoritos de Renoir es el desnudo femenino, género clásico de la pintura occidental practicado por el maestro a lo largo de toda su carrera, incluso en contra de los Impresionistas que lo rechazaban por considerarlo académico. En la exposición podemos disfrutar de un buen número de cuadros que nos muestran a monumentales y rotundas mujeres en la naturaleza o en interiores, que están a punto de bañarse, que se están desnudando o vistiendo, que se arreglan el cabello o que simplemente posan. Se trata de las famosas bañistas de Renoir, un amplio conjunto de obras concebidas para que el espectador espíe la intimidad femenina. 

Pierre Auguste Renoir. Las Bañistas. 1918-19. Óleo sobre lienzo. Detalle
París, Musée d'Orsay 

Una de las joyas del Museo Lázaro Galdiano es un pequeño pero cautivador óleo de Goya, realizado en los últimos años del siglo XVIII, es decir la época en la que el pintor aragonés llevó a cabo su espléndido trabajo en San Antonio de la Florida. Esta obra aúna los temas de la lectora y del desnudo femenino, tratados después por Renoir. Representa a una mujer, de rostro redondeado, mejillas sonrosadas y larga cabellera rubia, absorta en la lectura de un libro. Los dos brazos tienen un gran protagonismo en el cuadro, porque el derecho sirve de apoyo a la cabeza, en el gesto iconográfico de la melancolía, y el antebrazo izquierdo cubre por completo, acaricia, toda la superficie del libro. La forma de los brazos dibuja un rombo con la cabellera que cae sobre la espalda; la cabeza de la mujer sería el vértice superior del rombo.

Francisco de Goya. Magdalena penitente. 1797-1800. Óleo sobre lienzo.
Museo de la Fundación Lázaro Galdiano

Sus formas rotundas, la luminosidad de la piel, la sensualidad y la poesía de esta imagen nos recuerda a los desnudos que podemos ver en la última sala de la aludida exposición del Museo Thyssen, la de las bañistas. Hay que fijarse bien para descubrir que el libro se apoya sobre una calavera y que al fondo a la izquierda se alza una esquemática cruz en el brumoso paisaje. Todo ello nos permite concluir que la sensual mujer es la Magdalena penitente, aunque falte uno de los elementos habituales de su iconografía: el frasco de perfumes. Como señaló Camón Aznar, primer director del Museo Lázaro, esta sorprendente y cautivadora obra de Goya “parece un Renoir”. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

Las estatuas de Madrid se mueven: la Libertad

La estatua de la Libertad de Madrid, algo más pequeña que la neoyorquina, pero también más antigua, es otra de las esculturas de nuestra ciudad que ha sufrido un traslado, no muy largo, pero dificultoso, con las vías del ferrocarril como obstáculo.

La estatua se alza sobre un templete que acoge los restos de un grupo de políticos liberales progresistas del siglo XIX: Argüelles, Calatrava, Mendizábal, Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa y Olózaga. El pabellón funerario fue construido por Federico Aparici en 1857 y está coronado por la escultura del aragonés Ponciano Ponzano que representa a la Libertad. Cuenta también con tres estatuas de Sabino Medina en el perímetro del templete que representan La Pureza, el Gobierno y la Reforma.


El mausoleo se ubicó originalmente en el desparecido cementerio de San Nicolás, situado en el encuentro de las actuales calles de Méndez Álvaro y Áncora, en el barrio de Delicias. Fue trasladado al Panteón de Hombres IIustres en 1912, por iniciativa de Canalejas y por la insistencia de Romanones y pese a la oposición de Alfonso XIII, descontento con la presencia de hombres que contribuyeron a erosionar el poder real en un lugar que simbolizaba la preeminencia de la monarquía y exaltaba la Restauración Borbónica. El templete se encuentra en un ángulo del jardín del claustro, una ubicación que no favorece ni al edificio trasladado ni al que lo acoge.



sábado, 26 de noviembre de 2016

Galdós, Caillebotte y el París del barón Haussmann

En sus Memorias de un desmemoriado (1915-1916), Benito Pérez Galdós relata su visita a la Exposición Universal de París que se celebró en 1867. Cuenta también que en aquel viaje pudo comprobar las transformaciones urbanísticas que la capital francesa estaba experimentado durante el Segundo Imperio. Los trabajos habían empezado en 1852 y siguieron hasta 1870, bajo la dirección del barón Haussmann y con el impulso de Napoleón III:

El resto de mi tiempo, en aquel verano, lo empleaba paseándome, observando la transformación de la gran Lutecia, iniciada por el Segundo Imperio. Los Bulevares Haussmann, Malesherbes, Magenta y otros de la orilla derecha, así como los de Saint Germain y Saint Michel en la otra orilla izquierda, estaban en construcción. No se veían más que derribos de barrios enteros y enormes hileras de andamios.

En aquel tiempo el joven Gustave Caillebotte vivía en la Rue de Miromesnil, situada en el corazón de las reformas de Haussmann, y estaba comenzando a pintar. En los cuadros de los años 70 aparece, como en el texto de Galdós, la nueva ciudad que se estaba construyendo, con sus grandes perspectivas, sus tonos grises, y sus habitantes: los obreros con blusones y los elegantes burgueses.


Gustave Caillebotte. Pintores en un edificio. 1877. Óleo sobre lienzo. Colección privada

En un cuadro de 1877, Pintores en un edificio, expuesto en la reciente retrospectiva que ha dedicado a Caillebotte el Museo Thyssen, podemos ver la fase final de las obras parisinas. Aparecen cuatro pintores de brocha gorda que terminan la decoración de la fachada de un comercio; a la izquierda se abre la gran perspectiva rectilínea de una larga calle en la que circulan algunos transeúntes y un carruaje en la lejanía. Los colores utilizados por Caillebotte son muy limitados, con matices de beige, gris, y azul, apenas destacados por los verdes y rojos de la fachada. Es, en cualquier caso, como el texto de Galdós, un delicioso testimonio del carácter pétreo del nuevo Paris diseñado por el barón Haussmann. La calle, tal y como Caillebotte la pinta, parece aún cubierta por el polvo de las obras, como ha explicado la comisaria de la exposición, Marina Ferreti.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El reloj de la Puerta del Sol cumple 150 años

Nos gustaría celebrar el cumpleaños, nada menos que siglo y medio, del popular reloj de la Real Casa de Correos recordando algunos textos de Ramón Gómez de la Serna publicados en su Elucidario de Madrid:

El reloj del ministerio de la Gobernación resulta precisamente, por el ser el reloj central, un poco reloj de ábaco de chimenea.

Este es el reloj que ha marcado las horas más inquietas y decisivas de la historia de España, dejándole eso tan impertérrito, pues nada ha logrado que su campana tartamudee o cecee.

El reloj de la Puerta del Sol luce sobre el páramo, es el reloj central de España, porque entre otras cosas tiene cuatro esferas para los cuatro puntos cardinales y aunque el del mediodía no le sirve para nada, funcionan su manillas.

El reloj visto a través de la cubierta de cristal de la entrada
de la estación ferroviaria de Sol el día de su inauguración,
28 de junio de 2009. Fotografía de Eduardo Escudero