EL PLACER DE LA CULTURA

sábado, 30 de noviembre de 2019

El tejo de Barondillo

El tejo (taxus baccata) es un árbol singular, de extraña belleza y origen muy primitivo. Su tronco es grueso, de madera dura y corteza delgada. La copa suele presentar forma piramidal o cónica, pero con desarrollo desigual y muchas de sus ramas se extienden en horizontal. Sus hojas aciculares son perennes, dispuestas en dos hileras, de color verde oscuro, y sus frutos son de un rojo intenso.

Foto de Martín Juez García: instagram.com/axoloty.cr2

Es un árbol muy longevo, de gran valor ecológico y cultural. Su madera resistente, apreciada para fabricar herramientas y armas, sus propiedades medicinales y la toxicidad que representa para el ganado han ido a lo largo de los siglos provocando su desaparición paulatina. No obstante, en España el tejo se encuentra en casi todas las cadenas montañosas peninsulares y de Mallorca, pero especialmente se localiza en la mitad septentrional. Raramente forma bosques en los que sea el árbol dominante, aunque en el norte peninsular sí se hallan algunas tejeras; casi siempre se ubica en formaciones donde prevalecen otras especies, como hayas, robles, abetos o pinos.

Foto de Martín Juez García: instagram.com/axoloty.cr2

Su longevidad y su imagen poderosa han atraído a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. El tejo es protagonista de leyendas y relatos míticos y se le ha asignado frecuentemente un carácter emblemático o identitario. Pese a ser un árbol tóxico, o precisamente por ello, ha sido considerado una especie sagrada en muchas culturas y ha tenido estrecha relación con la realeza. Muchos tejos, en España y en otros lugares del mundo, han sido testigos de actos políticos, reuniones de vecinos, acuerdos, celebraciones y juegos. Junto a ellos se han construido dólmenes y más tarde ermitas o iglesias.

Foto de Martín Juez García: instagram.com/axoloty.cr2

En la Comunidad de Madrid los tejos están protegidos por el Decreto 22/1985 y una docena de ellos se encuentran entre los árboles singulares señalados en el Decreto 18/1992. Los podemos hallar generalmente aislados en los barrancos más umbríos de Somosierra, Montejo, Miraflores, la Pedriza, Canencia, el valle de la Fuenfría y el del Lozoya. En este último se localiza el más antiguo de los tejos madrileños y, tal vez el más viejo de todos los árboles de la sierra de Guadarrama, concretamente junto al arroyo de Barondillo, que también recibe los nombres de Valhondillo o Vahondillo. Está situado en el término municipal de Rascafría, pero lejos del núcleo urbano, en un lugar recóndito.

Foto de Martín Juez García: instagram.com/axoloty.cr2

Se trata de un verdadero monumento vegetal, ubicado en un bosque de pinos silvestres, algunos acebos y robles y un buen número de tejos. Se encuentra a más de 1600 m. sobre el nivel del mar y se le calcula una edad aproximada de entre 1.500 y 1.800 años. El perímetro de su tronco, deslavazado y retorcido, oscila entre los 9 y 10 metros, de manera que es uno de los más gruesos de la Península Ibérica y con su irregular copa alcanza los 8 metros de altura. Ojalá permanezca en pie muchos más años, arraigado con fuerza en el valle, este gran ejemplo del patrimonio natural de Madrid.

jueves, 31 de octubre de 2019

La primera obra de los hermanos Machado en los escenarios de Madrid

Antonio Machado publicó varias obras en Espasa-Calpe. Ya en 1919 vio la luz la segunda edición de Soledades, galerías y otros poemas en la colección Universal de la entonces todavía editorial Calpe. En la misma colección Antonio y Manuel Machado publicaron en 1928, ya con Espasa-Calpe, la tragicomedia Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel. Después publicó Antonio en la misma editorial tres ediciones de Poesías completas, en 1928, en 1933 y en 1936. Ese último año también apareció en Espasa-Calpe Juan de Mairena. Y ya en 1937 publicó en la editorial La guerra (1936-1937), libro que contaba con dibujos de José Machado.


La primera obra teatral original de los hermanos Machado, que antes habían adaptado piezas clásicas, fue la citada Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel, un texto que cantaba a la libertad en plena dictadura de Primo de Rivera. Se trata de una obra ambientada en el siglo XVII y el protagonista es un bastardo del conde duque de Olivares. Está dedicada a Jacinto Benavente.


Se estrenó el 9 de febrero de 1926 en el teatro de la Princesa por la compañía de María Guerrero con gran éxito y ovación a los autores, que se vieron obligados a saludar desde el escenario. Alcanzó las 20 representaciones, lo que puede considerarse un razonable éxito en la época y las críticas fueron muy favorables. Posteriormente, la Asociación de Antiguos Alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, homenajeó a los hermanos por su éxito, en un acto que contó con un discurso de Cossío. Fue el inicio de una triunfal carrera de Antonio y Manuel por los escenarios madrileños.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Una Semana dedicada a la candidatura de Madrid a Patrimonio de la Humanidad

Atacama participa otro año más, invitado por las Bibliotecas Públicas de Madrid, en la Semana de la Arquitectura. La XVI edición de este evento se celebra entre los días 30 de septiembre y 7 de octubre, organizada por la Fundación Arquitectura COAM y el Ayuntamiento de Madrid y con la participación de la Comunidad de Madrid. El objetivo de esta plataforma es dar a conocer la historia de la ciudad a través de sus edificios y calles y acercar la arquitectura a la ciudadanía. 



En esta edición, con motivo de la candidatura a Patrimonio de la Humanidad en la categoría de Paisaje Cultural del eje formado por el Paseo del Prado y el Buen Retiro, las Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid ofrecen once itinerarios, siete de ellos diseñados y guiados por Atacama Servicios Culturales. El objetivo de estos paseos es dar a conocer las características de la candidatura y poner en valor el rico patrimonio histórico y arquitectónico de este espacio urbano. En este enlace puede consultarse la programación.

martes, 10 de septiembre de 2019

Un siglo de la llegada de Lorca a la Residencia de Estudiantes


El granadino Federico García Lorca fue uno de los muchos madrileños de adopción que formaron parte de los círculos intelectuales de la capital durante los años 20 y 30 del pasado siglo. Llegó a Madrid en 1919, con 21 años, aunque ya había realizado previamente un par de viajes de estudios a la ciudad. Se instaló en la mítica Residencia de Estudiantes, donde residió hasta 1926. En Madrid estudió, escribió, publicó y amó. Después de dejar la Residencia vivió en distintos domicilios, aunque pasó largas temporadas fuera de Madrid, ciudad que abandonó definitivamente el 13 de julio de 1936, apenas un mes antes de ser asesinado.

En las primeras cartas que escribió a su familia desde Madrid se mostraba contento y aseguraba que la capital iba muy bien con su carácter. Indudablemente Madrid fue fundamental para su evolución humana y artística. Lorca encontró a orillas del Manzanares la libertad, el ambiente y las relaciones que necesitaba para desarrollarse como persona y como escritor e intelectual.

Algunos de sus contertulios granadinos de “El Rinconcillo” se habían trasladado ya a la capital antes que él y, en marzo de 1919 uno de ellos, José Mora Guarnido, escribía a Federico desde Madrid: “Debías venir aquí; dile a tu padre en mi nombre que te haría, mandándote aquí, más favor que con haberte traído al mundo”. Pero no fue fácil convencer a su padre de que le permitiera trasladarse a Madrid para continuar con sus estudios desde la Residencia de Estudiantes. Sólo lo consiguió gracias a la intervención de Fernando de los Ríos, catedrático de la Universidad de Granada y futuro dirigente socialista y ministro de la II República. En la primavera de ese año Federico llegó a Madrid con cartas de recomendación de don Fernando para Juan Ramón Jiménez y para Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia de Estudiantes. Y aunque no había plaza, le admitieron a partir del 1 de octubre, después de pasar el verano en Granada.


Federico en el jardín de las adelfas de la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1919

Así recordaba mucho después, en 1957, Jiménez Fraud, la llegada de Federico: “… veo, sin embargo, claramente, la entrada en mi despacho de aquel joven moreno, de frente despejada, ojos soñadores y sonriente expresión, que venía a Madrid a solicitar su entrada en la Residencia. No recuerdo qué dificultades tendríamos ahora para conceder una nueva plaza, pero al ver al nuevo aspirante le consideré en el acto como miembro de nuestra Casa, que tanto se preciaba de saber seleccionar a sus colegiales. Siguió una larga conversación, que él y yo prolongamos con gusto. El resultado de la entrevista fueron los diez años de estancia de Federico en la Residencia: de 1918 a 1928”.

Muy pronto Lorca se sintió aceptado por sus compañeros y comprobó la cantidad de oportunidades y de relaciones personales que le ofrecía la Residencia y la ciudad. Allí inició su amistad con Luis Buñuel (pese a sus grandes diferencias de personalidad y talante), Pepin Bello y José Moreno Villa, entre otros, y se reencontró con Emilio Prados. Nada más llegar a Madrid fue recibido muy cariñosamente por Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí; el poeta llevó a Federico al Teatro Eslava, donde Lorca acabaría más tarde estrenando su primera obra, con un sonado fracaso, El Maleficio de la mariposa. Eduardo Marquina le acompañó al Teatro Lara para asistir al estreno de la obra de Benavente La honra de los hombres. En diciembre de aquel 1919 acudió al Apolo a escuchar al compositor y guitarrista granadino Ángel Barrios, miembro de la tertulia de El Rinconcillo. Federico escribió a sus padres para contarles el éxito de su amigo.

Tras aquellos excitantes primeros meses en la capital de España fue a pasar las Navidades con su familia a Granada, pero a principios de 1920 regresó a la Residencia de Estudiantes de Madrid.

sábado, 10 de agosto de 2019

Artículos sobre la Pieza del Mes en la web del Museo Arqueológico Nacional


A lo largo de los muchos años de colaboración con el Museo Arqueológico Nacional hemos realizado en varias ocasiones la actividad de la Pieza del Mes. Hemos disfrutado del privilegio de explicar varias piezas de la colección del Museo que se exponen en las salas dedicadas a al-Andalus y el Mudéjar. 


En la web del MAN se pueden descargar los artículos correspondientes a cada una de esas obras emblemáticas:







sábado, 3 de agosto de 2019

Goethe en el cenacolo vinciano de Milán

Visitar el cenacolo del convento de Santa Maria della Grazie de Milán es una de las experiencias más emocionantes que puede disfrutar el amante del arte. Allí pintó Leonardo da Vinci entre 1495 y 1498 su inolvidable Última Cena en una pared del refectorio para que los frailes pudieran recordar durante cada comida que su vida en comunidad debía ser una proyección de la de Cristo y sus apóstoles.

En 1788 Johann Wolfgang Goethe tuvo la oportunidad de visitar el lugar durante su decisivo viaje a Italia, lo que le permitió escribir un importante artículo, publicado en 1817, del que podemos leer una excelente traducción en el libro:  J.W. Goethe. Escritos de arte. Traducción, edición y notas de Miguel Salmerón. Síntesis, Madrid, 1999, p. 265-269. El escritor alemán vio la obra de Leonardo ya muy deteriorada a causa de la poco ortodoxa técnica utilizada por el artista italiano para pintar sobre el muro.

Johann Heinrich Wilhem Tischbein. Goethe en la campiña romana. 1787 Städel Museum , Fráncfort

En el citado artículo Goethe defiende que el arte sólo llega a la perfección cuando es libre y obedece a sus propias leyes, con la Última Cena pintada por Leonardo como ejemplo. El autor nacido en Fráncfort alaba el talento del artista toscano a la hora de pintar el motivo en un espacio como el refectorio milanés: “Es difícil concebir un motivo más apropiado y noble para un refectorio que una cena de despedida a la que todo el mundo acabaría considerando santa”. Y reflexiona: “A la hora de la comida debía resultar interesante ver las mesas del prior y de Cristo en oposición mutua y, encerrados entre ambas, a los frailes comiendo. Por esta razón fue un acierto del pintor tomar como modelo las mesas de los frailes y tampoco hay duda de que el mantel con sus pliegues, las rayas de su estampado, y sus extremos abotonados procedían de la lavandería del convento. Las fuentes, los platos, los vasos y demás vajilla eran probablemente copia de los que utilizaban los frailes”. 


Más adelante, Goethe subraya la expresividad y el realismo de la escena pintada por Leonardo y señala que “el estímulo que emplea el artista para que se agite en la mesa la santa y tranquila compañía son las palabras del Maestro: “Uno de vosotros me entregará”.  Las palabras han sido proferidas y toda la compañía está desolada, pero Él tiene la cabeza inclinada y la mirada hundida, la actitud, el movimiento de los brazos, de las manos, todo parece repetir con celestial resignación las tristes palabras que el silencio mismo refuerza: “En verdad os digo que uno de vosotros me entregará”. El escritor alemán explica también la composición de la obra y la variedad de expresiones de los apóstoles, a los que analiza individualmente. En este sentido, Goethe destaca la importancia del movimiento de las manos de los personajes representados: “Éste sólo puede ser percibido por un italiano. En su nación todo el cuerpo tiene vida: todas sus partes participan en la expresión de los sentimientos, de la pasión, del pensamiento.  Por medio de diversas posiciones y movimientos de las manos el italiano da a entender frases como: “¡A mí que me importa!”, “Vamos, hombre”, “Éste es un pícaro, cuidado con él”, “Ya no vivirá mucho”, “Ahí está”, “El que oiga que me atienda”.

viernes, 28 de junio de 2019

La alta costura de Remedios Varo

Este verano de 2019 el Museo Thyssen nos propone un diálogo entre el diseño de Cristóbal Balenciaga y la pintura española desde el Greco a Zuloaga (exposición Balenciaga y la pintura española en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, hasta el 22 de septiembre). Desde un planteamiento muy diferente, Remedios Varo abordó la relación entre arte y moda en su obra Tailleur Pour Dames, pintada en 1957.

Remedios Varo. Tailleur pour dames. 1957. 
Óleo sobre masonite, 77 x 95 cm
Colección particular

Remedios Varo (1908-1963), española de nacimiento y mexicana de adopción, practicó un personalísimo surrealismo y creó un mundo propio pictórico, muy poético, especialmente en los últimos 10 años de su vida. Su pintura de esa etapa se caracteriza por una gran capacidad imaginativa y una divertida ironía. Desde el punto de vista técnico destaca el uso de un dibujo muy preciso, que comparte protagonismo con un rico color muy minucioso, al estilo de los primitivos flamencos, y lleno de matizaciones. Realizaba estudios previos a lápiz y luego un boceto sobre papel de calco que sobreponía al masonite, la placa de marfil o el lienzo. 

Remedios Varo. Dibujos preparatorios para Tailleur pour dames. 1957

La figura humana es la gran protagonista de sus cuadros. En los personajes femeninos, los más habituales en la obra de Remedios, a menudo se reconocen los rasgos físicos de la propia pintora. Destacan los extraordinarios vehículos que los personajes utilizan para desplazase, con frecuencia incorporados a su propio cuerpo o a su indumentaria. Los vehículos suelen estar relacionados con el viaje, tema fundamental de Varo, por su propia biografía y por su sentido profundo como camino espiritual y de conocimiento. En algunas obras, entre ellas Tailler pour dames, las sombras producidas por sus personajes se independizan de ellos Los escenarios arquitectónicos son también muy importantes, muchas veces con reminiscencias medievales, con techos, como en esta obra, textiles, en escenarios que incorporan al interior la visión del paisaje exterior, a la manera también de los pintores flamencos del siglo XV. 

Remedios Varo. Dibujo preparatorio para Tailleur pour dames. 1957

El arte de Remedios está muy relacionado con la literatura en muchos sentidos. De hecho, la pintora escribió relatos desde niña y en los años de mayor éxito como artista, los 50 y 60 del siglo pasado, publicó obras tan interesantes como Homo rodans. Se conocen comentarios sobre muchos de sus cuadros, entre ellos Tailleur pour dames, que a continuación reproducimos por su maravillosa prosa y porque nos da algunas claves para disfrutar más el cuadro. Se trata de un texto escrito en una carta familar:

Esto es el salón de un modisto para señoras, un modelo es para viaje, muy práctico, en forma de barco por detrás, al llegar ante una extensión de agua se deja caer de espaldas, detrás de la cabeza está el timón que se maneja tirando de las cintas que van hasta el pecho y de las que cuelga una brújula, todo ello sirve también de adorno, en tierra firme rueda y las solapas sirven de pequeñas velas, así como el bastón en el que hay una vela enrollada que despliega, el modelo sentado es para ir a esos coctel-party en donde no cabe un alfiler y no sabe uno ni dónde poner su vaso ni menos sentarse, el tejido del echarpe es de una substancia milagrosa que se endurece a voluntad y sirve de asiento, el modelo de la derecha es para viuda, es de un tejido efervescente, como el champagne, tiene un bolsillito para llevar el frasco de veneno, termina en una cola de reptil muy favorecedora. El sastre tiene la cara dibujada en forma de tijeras, su sombra es tan rebelde que hay que sujetarla al techo con un alfiler. La clienta que contempla los modelos se despliega en dos personas más porque no sabe cuál de los tres modelos elegir y las repeticiones de ella, a cada lado y algo transparentes representan la duda en que se encuentra.

lunes, 17 de junio de 2019

El Camino de las Estrellas, exposición de pintura de Agustín Benito Oterino

Hasta el 23 de junio permanecerá abierta en Santana-Art (Paseo de la Castellana, nº 190, local derecha) la exposición de Agustín Benito Oterino, artista con el que Atacama ha colaborado en algunos talleres didácticos.


Nacido en Madrid en 1965, Agustín estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense y en Viterbo (Italia). Realizó su doctorado en la Academia de Bellas Artes de Venecia, donde evolucionó hacia un expresionismo figurativo. Tras vivir varios años en Italia, regresó a Madrid en 1998, donde leyó su tesis doctoral “La luz en la Quinta del Sordo”. Ha realizado numerosas exposiciones individuales, además de trabajos para cine y televisión y actividades docentes en distintos contextos. 


Actualmente  ha concluido un ciclo creativo inspirado por un viaje por el Camino del Norte de Santiago, que realizó  a pie en agosto del año pasado, desde Irún a Bilbao y que culmina con la exposición "El Camino de las Estrellas" que se puede ver actualmente en Madrid. En palabras del autor: “Cuando inicio el camino me despido de la persona que era antes, comienzo un proceso de trasformación, y cuando vuelvo soy otra persona. Caminar me lleva a percibir por momentos, la atención sobre cada paso que doy, ni el anterior  ni el siguiente, solo este; es una lucha que conecta en mi interior para estar atento en el momento presente“ 

Recomendamos fervientemente visitar la exposición, así como ver el video sobre el proceso de trabajo en este enlace


lunes, 20 de mayo de 2019

Remedios acuáticos para el mal de amores en el siglo XIX: el Balneario de San Felipe Neri en Fortunata y Jacinta

Fortunata y Jacinta es un enciclopédico documento sobre el Madrid del Sexenio Revolucionario. En la novela aparecen situaciones, personajes, costumbres, mentalidades, escenarios y acontecimientos que permiten sumergirse al lector en una época fascinante y remota.

La penosa situación en la que queda Maxi cuando lo abandona Fortunata mueve a su hermano Juan Pablo a buscar alguna solución para paliar su depresión. Entre ellas se encuentra la llamada “ducha escocesa”, mediante la cual el paciente recibe aguas mineromedicinales con presión alternando temperatura caliente y fria, lo que genera un efecto estimulante. Es una de las muchas prácticas que se extendieron a lo largo del siglo XIX, y especialmente en el ultimo tercio, con baños y duchas de aguas mineralizadas.

Situación del Balneario de San Felipe Neri en el Plano de Madrid, de Ibáñez de Ibero, 1874

Maxi recibió el tratamiento en el Balneario de San Felipe Neri, que estaba situado en el nº 4 de la calle de las Hileras, un establecimiento especializado en baños terapéuticos con aguas minerales. Había sido abierto en 1858 por los doctores Joaquin Delhom, Manuel Arnús y Felix Borrell, de la Sociedad Hidrológica Médica de París y aprovechaba al parecer las aguas subterráneas de la Plaza Mayor. Ofrecía diferentes técnicas hidropáticas y consultas médicas y baños de vapor a domicilio. Tenía también entrada por el nº 3 de la calle de Bordadores.

Balneario de San Felipe Neri. Un ángulo de la sala de duchas. Ca. 1930. Tarjeta postal
Museo de Historia de Madrid

El texto que se refiere a este establecimiento se encuentra en la Parte cuarta, Capítulo III, VIII. No tiene desperdicio:

Como antes se ha dicho, a los pocos días de la desaparición de su mujer, Maxi empezó a echarla de menos, mostrándose receloso, y apeteciendo su compañía con cierta mimosidad impertinente que ponía furiosa a doña Lupe. Juan Pablo y ella disertaron largamente sobre lo que se debía hacer, y por fin el primogénito dijo que intentaría aplicar a su hermano un buen sistema terapéutico, antes de recurrir al extremo de encerrarle en un manicomio. No se habían probado las duchas, ni el sacarle de paseo al campo, ni el bromuro de sodio, que estaba dando tan buen resultado contra la peri-encefalitis difusa y contra la meningo-encefalitis, etc... y siguió echando términos de medicina por aquella boca, pues entonces le daba por leer libros de esta ciencia, y con una idea tomada de aquí y otra de allá hacía unos pistos que eran lo que había que ver.
Dicho y hecho. Todas las mañanas iba Juan Pablo a buscar a su hermano, y unas veces engañado, otras casi a la fuerza, le llevaba a San Felipe Neri, y allí le arreaba una ducha escocesa capaz de resucitar a un muerto.

Edificio que se alza actualmente en el solar del antiguo Balneario de San Felipe Neri




martes, 30 de abril de 2019

San Bartolomé desollado, en el Duomo de Milán


San Bartolomé, uno de los doce compañeros de Jesús, predicó, según la tradición, en la India, Armenia y otras remotas regiones. Recibió un martirio atroz: le arrancaron la piel de su cuerpo cuando aún estaba vivo y luego le cortaron la cabeza.

La iconografía cristiana le ha representado a lo largo de los siglos generalmente llevando su propia piel en los brazos, un cuchillo en una mano y un libro en la otra, que aluden respectivamente al desollamiento y a la predicación de los Evangelios. También puede aparecer con la cabeza de un dios pagano o con un diablo encadenado, en recuerdo de sendos episodios protagonizados por el apóstol durante su misión: una estatua de una divinidad se derrumbó en su presencia y encadenó al diablo que habitaba en otra.

En el crucero de la catedral de Milán se encuentra una turbadora escultura de mármol que representa al apóstol con un descarnado (mejor dicho, desollado) realismo. Fue realizada en 1562 por Marco d’Agrate (c. 1504-1574), perteneciente a una importante dinastía de escultores milaneses.


San Bartolomé está representado sin su piel, con los músculos del cuerpo, los tendones y las venas visibles, en un alarde realista, comparable a las ilustraciones que aparecen en los libros de anatomía del Renacimiento. Lleva en la mano izquierda el habitual libro y con la derecha sujeta un extremo de la piel, que corresponde precisamente con la mano; la piel cubre parcialmente su descarnada desnudez a modo de túnica. El rostro del apóstol, con la mirada perdida, revela un dolor contenido y profundo.

La figura destaca también por su contraposto, ya que se apoya sobre una pierna mientras deja la otra relajada, de manera que la cadera forma una curva praxiteliana. De ahí la inscripción que el escultor incluyó en la base de la estatua, muy expresiva de la elevada consideración que el artista lombardo tenía de sí mismo: “NON ME PRAXITELES SED MARCO FINXIT AGRAT”, es decir: “NO ME HIZO PRAXÍTELES, SINO MARCO D’AGRATE”.



lunes, 1 de abril de 2019

Itinerarios por el Distrito de Salamanca

A lo largo del año 2019 Atacama está realizando un ciclo de itinerarios, con periodicidad mensual, por el Distrito de Salamanca. El programa está organizado por la Junta Municipal y se dirige tanto a las personas que viven en el propio distrito como a otros habitantes y vistantes de la ciudad. El objetivo es poner en valor el rico patrimonio histórico, urbanístico y arquitectónico de este sector de Madrid.

El actual Distrito de Salamanca en el Plano de Madrid de Facundo Cañada, de 1900

El programa es el siguiente:

16 de marzo: El barrio de los banqueros y las construcciones del marqués de Salamanca

6 de abril: Neomudéjar y neogótico en el barrio de Salamanca

4 de mayo: Historicismos y regionalismos del siglo XX

15 de junio: Modernismos, art decó y arquitectura de Antonio Palacios

7 de septiembre: Arquitectura histórica en la Guindalera

19 de octubre: Arquitectura histórica en la Fuente del Berro

2 de noviembre: Arquitectura racionalista en el distrito de Salamanca

7 de diciembre: Arquitectura de la segunda mitad del siglo XX

Más información aquí


miércoles, 27 de febrero de 2019

Atacama participa en el Año Lorca 2019

La Biblioteca Regional nos ha invitado a participar en el gran programa cultural impulsado por la Comunidad de Madrid para conmemorar la llegada de Lorca a Madrid en 1919, hace 100 años. Se están realizando ya numerosas actividades dedicadas al escritor granadino, desde conferencias a obras de teatro, pasando por conciertos y exposiciones. Puede consultarse la programación en este enlace.


Recientemente hemos tenido la gran suerte de asistir a un Congreso Internacional, muy bien dirigido por Emilio Peral, que ha reunido a grandes especialistas en diversos campos del amplio universo lorquiano en escenarios vinculados al poeta, como el Museo Reina Sofía, el Paraninfo histórico de la Universidad Complutense, la Residencia de Estudiantes, la Real Casa de Correos, el Teatro Español y los Teatros del Canal. Sin duda ha sido uno de los actos principales del año programado por la Comunidad de Madrid.

Atacama Servicios Culturales se une a las conmemoraciones a través de un ciclo de tres itinerarios, organizado por la Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina. Durante tres lunes de marzo, 11, 18 y 25, y en sesión doble, de mañana y tarde, recorreremos lugares estrechamente relacionados con Lorca en Madrid. Recordaremos sus creaciones literarias nacidas en la ciudad, visitaremos la Residencia de Estudiantes, en la que vivió y se formó como artista y en la que preparó La Barraca,  recorreremos los teatros en los que estrenó y triunfó, veremos los monumentos conmemorativos dedicados al poeta y evocaremos el ambiente cultural del Madrid de la época, con sus cafés y otros lugares frecuentados por Lorca. En el Portal del Lector puede consultarse toda la información.

domingo, 20 de enero de 2019

Galdós: un siglo contemplando el Retiro desde su sillón


En la tarde del 19 de enero de 1919 se inauguró el monumento dedicado a Benito Pérez Galdós en el madrileño parque del Retiro, muy cerca de la Rosaleda, que había comenzado a florecer apenas cuatro años antes. El homenaje en piedra al gran novelista se había realizado por iniciativa de algunos amigos a través de suscripción popular y merced a la labor de un joven escultor, entusiasta admirador de la obra de Galdós.


Victorio Macho tenía sólo 31 años cuando llevó a cabo esta obra, lejos todavía de sus mejores trabajos de madurez, pero de indudable calidad y gran modernidad si lo comparamos con otras esculturas públicas inauguradas durante el reinado de Alfonso XIII en la ciudad. Críticos de arte e historiadores de la época, como José Francés, Antonio Ballesteros de Santos o Ángel Vegue, así lo reflejaron en sus crónicas del acto, aunque el monumento también tuvo sus detractores, como el profesor Alberto de Segovia. El 2 de febrero, el escultor fue agasajado con un banquete en el restaurante Ideal Room, en la calle de Alcalá como homenaje a su trabajo desinteresado.

El monumento nos muestra una imagen figurativa. pero con un lenguaje escultórico moderno, del anciano novelista, representado de cuerpo entero, sedente y con las manos sobre las piernas, que están protegidas por una mantita, muy apropiada para la fecha de la inauguración. Es una escultura masiva, en forma de bloque, que no se detiene en detalles y que explota la belleza del material. Galdós está sentado en un extraño trono, en cuyos brazos aparecen sendos leones en relieve, que sostienen coronas de laurel. En un lateral puede leerse una desgastada inscripción con el nombre del escultor y la fecha de inauguración y en el respaldo, junto a una guirnalda, la leyenda que presidía los libros editados por Galdós: ARS / NATURA / VERITAS, así como el texto: HOMENAJE DE SUS / AMIGOS Y ADMIRADORES. La escultura descansa sobre un pedestal de granito formado por un doble escalón, con inscripciones en todas sus caras: GALDÓS en el frente, EPISODIOS NACIONALES en el lateral izquierdo, NOVELA CONTEMPORÁNEA en el derecho y TEATRO en la parte posterior.


Según el periodista, crítico de arte y escritor José Francés, que escribió una crónica del acto en Nuevo Mundo, (24/01/1919) el monumento “tiene la serenidad, el equilibrio galdosianos; el sobrio estilo, la realista firmeza de las líneas, el parecido pasmoso donde alienta la vida que hay en esa muchedumbre de tipos españoles creados por el maestro”. Por su parte, Antonio Ballesteros de Martos, crítico de arte y periodista, escribió en la revista literaria Cervantes (enero, 1919) con motivo de la inauguración: “Victorio Macho ha sabido percatarse del alto valor del maestro, ha sabido adentrarse en el espíritu gigante del creador, y ha inmortalizado la venerable figura con todo lo que tiene de humana y todo lo que en ella misma hay de inmortal. Sin teatralidades, sin efectismos, con una soberana sencillez, Victorio Macho ha reproducido en piedra a Galdós, eliminando aquellos detalles que por su carácter material y accesorio pudieran empequeñecer la obra, y destacando con todo vigor, con verdadero ímpetu pasional lo sustantivo, lo característico, lo representativo, lo que hay de simbólico y de eterno en el hombre”.

Galdós acudió a la inauguración del monumento, ciego y enfermo, de hecho tuvo que guardar cama durante semanas para recuperarse del esfuerzo. El homenaje en este caso llegó justo a tiempo, ya que le quedaba al escritor canario menos de un año de vida. Galdós llegó al Retiro en coche acompañado del escultor entre vivas y aplausos de la multitud y a los sones de la banda municipal y se sentó a los pies del monumento mientras fumaba un puro. Entre los asistentes se encontraban los hermanos Álvarez Quintero, Ramón Pérez de Ayala, el exalcalde José Francos Rodríguez, el periodista Pedro de Répide, el cronista Diego San José y el doctor Tolosa Latour, gran amigo de Galdós y cuyo monumento se encuentra a pocos metros del erigido en honor del escritor canario. La prensa de la época destacó la ausencia de representantes del Gobierno de la Nación o de otras autoridades políticas, excepción hecha del Ayuntamiento de Madrid.


Tras retirar la bandera de España que cubría la escultura, Serafín Álvarez Quintero leyó unas líneas en honor al escritor sobre el pedestal del monumento, seguidas de un discurso del alcalde, Luis Garrido, que terminó besando la mano de Galdós en nombre de todo el pueblo de Madrid. Después de firmarse el acta correspondiente, la banda interpretó pasadobles y Galdós, emocionado tras recibir un ramo de flores de los niños del Colegio de Sordomudos y Ciegos, regresó en coche a su hogar seguido por sus fieles admiradores que le acompañaron hasta su casa de Argüelles.

lunes, 7 de enero de 2019

El Museo Josefino, precedente del Museo del Prado


Cuando estamos comenzando el año en el que el Museo Nacional del Prado va a cumplir dos siglos, es de justicia recordar el precedente más inmediato de la ilustre institución: el Museo Josefino.

La política cultural y científica desarrollada por José Bonaparte durante su convulso reinado (1808-1814) y centralizada en Madrid puso de manifiesto el carácter ilustrado de un rey que tuvo entre sus principales colaboradores a un buen número de los mejores intelectuales del país, los despectivamente denominados “afrancesados”. Entre ellos podemos destacar a Francisco de Goya, Leandro Fernández de Moratín, Juan Antonio Llorente, Meléndez Valdés, el Abate Marchena, Juan Sempere y Guarinos, José Antonio Conde, Alberto Lista o Manuel Silvela. Herederos en gran medida del reformismo ilustrado, formaban, no obstante, un grupo muy heterogéneo dentro del cual cabían los entusiastas seguidores del rey, los que compartían las ideas reformistas de José pero que censuraban la ocupación militar y los que aceptaban por conveniencia o cobardía la colaboración con el monarca. La mayoría de estos hombres, junto a varios miles de compatriotas, abandonaron España con el rey en 1813 camino del exilio.

José I, hombre culto e ilustrado y rodeado por este brillante grupo, diseñó una política cultural y científica ambiciosa, pero de escaso alcance a causa de la situación bélica y la crisis económica. Madrid fue el eje de dicha política, como sede de una serie de instituciones que apenas echaron a andar. Tanto la instrucción pública, que trató de ser impulsada y renovada, como los asuntos culturales quedaron bajo la responsabilidad del nuevo Ministerio del Interior, creado por real decreto de 6 de febrero de 1809.

Uno de los principales proyectos del rey desde el punto de vista cultural fue el Museo Josefino, una gran institución pública que debía reunir obras de la escuela española y antigüedades procedentes de las colecciones reales y de los edificios religiosos desamortizados en el verano de 1809. El Museo Josefino fue creado por real decreto de 20 de diciembre de 1809 y puede considerarse como el primer intento de crear en España un museo que permitiera el acceso del público al patrimonio nacional.


Josep Bernat Flaugier, José I, 1813. Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya

Primero se pensó instalar dicho museo, embrión del actual Prado, en el convento de las Salesas Reales e incluso se encargó a Silvestre Pérez su adecuación arquitectónica. Luego se pensó en el edificio de Villanueva del paseo del Prado, pero finalmente se designó mediante real decreto de 22 de agosto de 1810 como sede al palacio de Buenavista, donde había fallecido su propietaria, la duquesa de Alba, en 1802, que lo había dejado en herencia a sus médicos, hasta que finalmente había pasado a manos de la Corona. El palacio comenzó pronto a recibir obras de arte, que se fueron almacenando en sus estancias.

Francisco de Goya y el pintor y restaurador Manuel Napoli seleccionaron los cuadros y elaboraron el catálogo del Museo Josefino, junto a Frédéric Quilliet. Se llevaron a Buenavista obras procedentes del monasterio de El Escorial y de conventos y palacios de Madrid y Andalucía, estas últimas obras seleccionadas por el citado Quilliet, que acompañó al rey durante su campaña por el sur de la Península, mientras Pérez preparaba la adaptación arquitectónica del edificio. Sin embargo, el Museo Josefino nunca llegó a abrir sus puertas. En 1814, después de la marcha de José Bonaparte, se intentó ceder el palacio de Buenavista a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para instalar, en este caso, un nuevo Museo Fernandino, heredero del ideado por José Bonaparte, que acabaría abriendo sus puertas con el nombre de Museo Real de Pinturas en noviembre de 1819 en el gran edificio de Villanueva del Paseo del Prado.

He aquí el texto del Real Decreto de 20 de diciembre de 1809 fundando en Madrid un museo de pintura, que contendrá las colecciones de las diversas escuelas, y á este efecto se tomarán de todos los establecimientos públicos, y aun de nuestros palacios, los cuadros que sean necesarios para completar la reunión que hemos decretado, y también se formará una colección general de los pintores célebres de la escuela española (Gaceta de Madrid- 21/12/1809, nº 356, pp. 1554 - 1555):

Don Josef Napoleon por la gracia de Dios y por la constitucion del estado REI de las Españas y de las Indias.
Queriendo, en beneficio de las bellas artes, disponer de la multitud de quadros, que separados de la vista de los conocedores se hallaban hasta aqui encerrados en los claustros; que estas muestras de las obras antiguas mas perfectas sirvan como de primeros modelos y guía á los talentos; que brille el mérito de los célebres pintores españoles, poco conocidos de las naciones vecinas; procurándoles al propio tiempo la gloria inmortal que merecen tan justamente los nombres de Velazquez, Ribera, Murillo , Rivalta , Navarrete, Juan San Vicente, y otros;
Visto el informe de nuestro ministro de lo Interior, y oído nuestro consejo de Estado,
Hemos decretado y decretamos lo siguiente:
ARTICULO I. Se fundará en Madrid un museo de pintura, que contendrá las colecciones de las diversas escuelas, y á este efecto se tomarán de todos los establecimientos públicos, y aun de nuestros palacios, los quadros que sean necesarios para completar la reunión que hemos decretado.
ART. II. Se formará una coleccion general de los pintores célebres de la escuela española, la que ofreceremos á nuestro augusto hermano el Emperador de los franceses, manifestándole al propio tiempo nuestros deseos de verla colocada, en una de las salas del museo Napoleon, en donde, siendo un monumento de 1a gloria de los artistas españoles, servirá como prenda de la union mas sincera de las dos naciones.
ART. 111. Se escogerán entre todos los quadros, de que podemos disponer, los que se juzgaren necesarios para adornar los palacios que se destinen á las cortes y al senado.
ART. IV. Nuestros ministros de lo Interior y de Hacienda, y el superintendente general de la real casa, tomaran de acuerdo las providencias convenientes para la execucion de este decreto.

= Firmado = YO EL REI. = Por S. M. Su ministro secretario de Estado Mariano Luis de Urquijo.