EL PLACER DE LA CULTURA

jueves, 29 de septiembre de 2022

Un sepulcro neoclásico para un arzobispo Borbón

La sacristía de la catedral de Toledo alberga un apabullante tesoro artístico. Presidida por el Expolio de Cristo que pintó El Greco y bajo el espectacular techo pintado por Luca Giordano, reúne otros cuadros del pintor cretense, así como de Tiziano, el Divino Morales, Tristán, Caravaggio, Van Dick y Goya, entre otros. 

Cabecera de la sacristía de la catedral de Toledo

Dentro de este gran conjunto nos detenemos en un monumento funerario que se encuentra en el lateral izquierdo de la capilla, cobijado por un arcosolio, cuyo interior está forrado de mármoles. Se trata del sepulcro del cardenal Luis María de Borbón y Vallabriga (1777-1823), obra del escultor Valeriano Salvatierra (1789-1836).

Monumento funerario del cardenal Luis María de Borbón

Don Luis María fue un gran protagonista de la historia de España en el primer tercio del siglo XIX. Hijo del infante don Luis de Borbón y de María Teresa Vallabriga, y, por tanto, nieto de Felipe V y de Isabel de Farnesio, nació en Cadalso de los Vidrios en 1777 y durante toda su infancia permaneció lejos de la corte por orden de su tío, el rey Carlos III. Se educó refinada y esmeradamente en Arenas de San Pedro, donde Goya lo retrató, como al resto de la familia. Tras el fallecimiento de su padre en 1785, completó su formación en Toledo bajo la tutela del cardenal Lorenzana en el palacio arzobispal. Emprendió la carrera eclesiástica y aprovechó la rehabilitación de él y sus dos hermanas por el rey Carlos IV, así como los planes de Godoy, para alcanzar el arzobispado de Sevilla con 22 años y el de Toledo con 23, además de recibir el capelo cardenalicio. Tras apoyar inicialmente a José Bonaparte en 1808, rápidamente se pasó al bando patriota, reconoció la Constitución de 1812 y llegó a presidir la Regencia en 1830 y la Junta Provisional Consultiva diez años después y formó parte del Consejo de Estado durante el Trienio Liberal. Falleció en 1823, poco antes del triunfo de Los Cien Mil Hijos de San Luis, que restituyeron a Fernando VII sus plenos poderes.

Detalle de la escultura del cardenal y arzobispo don Luis

El monumento fue esculpido en alabastro por el toledano Valeriano Salvatierra, hijo del escultor de la catedral primada, Mariano Salvatierra. Formado en Roma con Canova y Thorvaldsen, realizó el sepulcro de don Luis en la ciudad eterna en 1824. Poco después, Salvatierra realizó el sepulcro de la condesa de Chinchón, hermana del arzobispo, en la capilla del palacio de Boadilla del Monte. Valeriano fue escultor y profesor de la catedral de Toledo, teniente director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, escultor de cámara destinado a la restauración de las esculturas del Real Museo de Pinturas y autor de las doce estatuas alegóricas del primer cuerpo de su fachada occidental.

El monumento es un buen ejemplo de la escultura funeraria neoclásica española. En la parte inferior del conjunto se encuentra el sarcófago, apoyado en unas garras de león. Sobre él se eleva la estatua del arzobispo y cardenal arrodillado en oración; en la parte superior aparece en relieve el escudo cardenalicio y ambos lados del religioso dos genios, uno sostiene el báculo de don Luis y el otro la cruz pastoral. Con una composición triangular, el grupo destaca por su serena frialdad y sus nítidas texturas.


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