EL PLACER DE LA CULTURA

lunes, 27 de marzo de 2017

Dos Emilios españoles en el Prado

El Museo del Prado presenta a través de la exposición La infancia descubierta (hasta el 15 de octubre de 2017) una obra adquirida el año pasado y apenas conocida anteriormente. Se trata de un óleo sobre lienzo de Antonio María de Esquivel, fechado en 1855, es decir dos años antes del fallecimiento del pintor que inmortalizó a las principales figuras de la intelectualidad española de su época en una reunión ficticia en su estudio.
Es un doble retrato infantil que atrae por su belleza y calidad pictórica y por el singular atuendo de los protagonistas. Los niños son Raimundo Roberto y Fernando José, hijos de la infanta Josefa Fernanda de Borbón y sobrinos del rey consorte Francisco de Asís. Descalzos y vestidos tan sólo con pieles, provoca una sonrisa comprobar que los pequeños salvajes están limpios, aseados y bien peinados. Se podría decir que los niños parecen haberse disfrazado de pastorcillos de la Arcadia. La composición piramidal, que completa un perro, casi tan cuidado como los infantes, es de un clasicismo que contrasta con el contexto selvático. Las figuras, fuertemente iluminadas delante de un brumoso bosque, destacan por su carácter escultórico.
El cuadro trata de ilustrar los ideales del liberalismo en relación con la educación libre y rousseauniana, que defendía el padre de los niños, el escritor nacido en Cuba José Güell. El más pequeño, Fernando José libera a unos pajarillos encerrados en una jaula, acción simbólica que subraya el texto que podemos leer en el collar del perro: Libertad.


Rousseau pensaba que la educación era el medio para que los seres humanos asumieran su papel de ciudadanos libres, soberanos y conscientes de sus derechos y deberes en una nueva sociedad. Pero el sistema educativo de su época era incapaz de realizar esta misión, por lo que propuso una renovación pedagógica desde la Ilustración, fundamentalmente a través de su obra Emilio (1762). La corrupción que conlleva la vida en sociedad lleva al ginebrino proponer el estado de naturaleza como punto de partida para la educación. Rousseau consideraba que el niño era un ser diferente esencialmente al adulto y estaba convencido de que la formación tenía que partir desde esta premisa y considerar las capacidades y los intereses del niño en cada una de sus etapas de desarrollo. El niño no debe adquirir conocimientos a través de los libros, sino mediante la observación y la experimentación, utilizando sus sentidos de manera natural,  mediante el juego, estimulando el deseo de aprender.
José Güell y Renté, nacido en La Habana en 1818, de padre catalán y madre cubana, fue un hombre de indudable carácter liberal y conocedor de los postulados de Rousseau. Doctor en Derecho Civil por la Universidad de Barcelona, tuvo que vencer obstáculos casi insuperables para casarse en secreto con doña Pepita, la hermana del rey consorte de Isabel II, a la que había conocido casualmente. Tras haber sido desterrado en Francia, participó en la Revolución de 1854, y fue elegido diputado en las Cortes Constituyentes. Participó en otros acontecimientos políticos en España y escribió en los principales periódicos, hasta que regresó a su Cuba natal, donde luchó contra la esclavitud y para mejorar la Universidad de La Habana.
En la exposición, puede leerse un texto revelador junto al cuadro, un poema escrito en la misma fecha en que se pintó el óleo, dedicado por Güell a su hijo Raimundo, que efectivamente armoniza con la obra pictórica de Esquivel y que nos permite comprenderla mejor:

No te importe vivir en la pobreza.
Si puedes aspirar al aire puro.
Y ver la luz del sol y la grandeza
De la noche que llena el cielo oscuro
[…] Y no adornes tu frente con laureles.
Ni que la luz del sol nunca te vea,
Ridículo, vestido de oropeles
Ni del poder llevando la librea.


martes, 7 de marzo de 2017

Galdós, visionario del turismo en Toledo

Galdós incluye algunos de sus recuerdos de Toledo en sus Memorias de un desmemoriado, así como una curiosa reflexión en relación con el Alcázar y con el famoso hotel Castilla, edificio que es actualmente sede de la Tesorería General de la Seguridad Social en la ciudad. Se trata de una construcción ecléctica erigida en el solar del desamortizado convento de San Agustín e inaugurado en 1891. Fue uno de los primeros hoteles españoles en tener cinco estrellas y alojó a viajeros ilustres como Rainer Maria Rilke o el propio Benito Pérez Galdós.

Actual sede de la Tesorería General de la Seguridad Social en Toledo,
antes Hotel Castilla

Pero el escritor canario fantasea con transformar en hotel otro edificio toledano para acoger a los que ya empezaban a ser, hacia 1890, numerosos turistas en la ciudad del Tajo: Ahora que tanto se habla de turismo, ninfa mía, se me ocurre que Toledo debiera ser uno de los lugares de la Tierra más frecuentados de viajeros y artistas. Existe aquí el magnífico Hotel Castilla, construido por el inteligente prócer marqués del Castrillo, pero es de reducidas dimensiones. ¡Qué fabuloso número de extranjeros atraería Toledo si el Alcázar fuera convertido en un hotel! Esto es un sueño, esto es imposible, pero a mí me gusta lanzarme a la región de las bellas hipótesis. Yo me imagino las salas, las anchas crujías y la grandiosa escalera de aquel inmenso edificio invadidas por un gentío procedente de todas las partes del mundo. Decía Carlos V que no se sentía Emperador sino cuando subía por aquella escalera, tan grande como una catedral. El patio es de suprema elegancia; en el centro se ha colocado, no ha mucho, la estatua de Carlos V, vestido a la romana, encadenando la Herejía. Es obra de Pompeyo Leone. Ocioso creo hablarte, querida ninfa, que la capacidad del Alcázar en todos sus pisos…; pero dejémonos de ensoñaciones quiméricas, que aquí está bien instalada la Academia de Infantería, y no nos corresponde a nosotros alterar caprichosamente la realidad de los hechos. ¿Estás conforme? Pues vámonos al Hotel de Castilla, donde hallaremos excelente trato y una sociedad escogidísima de franceses, ingleses y yanquis".

lunes, 20 de febrero de 2017

Salvemos la casa de Ramón y Cajal

Santiago Ramón y Cajal tuvo su último domicilio en Madrid en el número 64 de la calle Alfonso XII, frente al cerro de San Blas, sobre el que se construyó el Instituto que llevaba su nombre. Allí vivió desde 1912 hasta su fallecimiento en 1934, allí investigó incansablemente y desde su terraza contemplaba con su pequeño telescopio el cielo estrellado en las noches de verano.


Es un magnífico palacete, diseñado por Julio Martínez-Zapata y ampliado por Ricardo García Guereta. Hoy se encuentra en grave peligro de desaparición, por lo que solicitamos tu apoyo para que no sea víctima de la piqueta. Más información aquí:
https://www.change.org/p/salvemos-la-casa-de-ram%c3%b3n-y-cajal-antes-de-que-sea-tarde?utm_medium=email&utm_source=notification&utm_campaign=petition_signer_receipt

lunes, 30 de enero de 2017

Durero, historia de un autorretrato

En una de las salas del Museo del Prado Durero nos mira desde el siglo XV. Bajo la ventana que se abre al fondo del autorretrato, pintado en 1498, puede leerse: Lo pinté según mi figura. Tenía veintiséis años. Albrecht Dürer. Se trata, por cierto, del artista renacentista que más veces se pintó a sí mismo.

Alberto Durero. Autorretrato. 1498, Óleo sobre tabla. Museo Nacional del Prado, Madrid

El cuadro estaba en el Ayuntamiento de Núremberg cuando en 1636 Carlos I de Inglaterra lo recibió como regalo, David Murria compró la pintura en la almoneda del rey y en 1654 fue adquirida por un agente de Felipe IV y consta en los inventarios del Real Alcázar. De las colecciones reales pasó al Museo del Prado.

En el siguiente video analizamos de manera lúdica esta obra: https://www.youtube.com/watch?v=Q4owPO_DoVQ&t=51s


miércoles, 4 de enero de 2017

Que esperen los Reyes Magos

Este año 2017 celebramos el centenario del nacimiento de la poeta Gloria Fuertes, fallecida en 1998. 


Qué mejor que recordar a esta popular mujer, una de las voces más importantes de literatura para niños y también una destacada poeta no infantil, con un villancico en vísperas de la festividad de los Reyes Magos:

Ya está el niño en el portal
que nació en la portería,
San José tiene taller,
y es la portera María.

Vengan sabios y doctores
a consultarle sus dudas,
el niño sabelotodo
está esperando en la cuna.

Dice que pecado es
hablar mal de los vecinos
y que pecado no es
besarse por los caminos.

Que se acerquen los pastores
que me divierten un rato
que se acerquen los humildes,
que se alejen los beatos.

Que pase la Magdalena,
que venga San Agustín,
que esperen los reyes magos
que les tengo que escribir.

El villancico en la voz de Paco Ibáñez: https://www.youtube.com/watch?v=GVThvvwpCto

lunes, 26 de diciembre de 2016

Parece un Renoir

En la exposición Renoir. Intimidad, que tiene lugar en el Museo Thyssen, podemos ver un buen número de mujeres que leen. Por ejemplo, la señora Monet vestida a la turca y recostada en un sofá apenas pintado. O una joven burguesa que lee el periódico apoyada sobre el hombro de su compañero. O una mujer envuelta en muselina que toca el piano y lee, por tanto, la partitura. O dos parejas de niñas que comparten un libro. O Gabrielle, la niñera, modelo, enfermera y confidente de Renoir. El de las lectoras es, sin dudas uno de los temas favoritos del maestro francés, al que interesaban los personajes absortos en una actividad, concentrados en ella. De esta manera, el espectador, como dice Guillermo Solana, comisario de la muestra, puede asomarse a su intimidad.

Pierre-Auguste Renoir. Gabrielle leyendo. 1906. Óleo sobre lienzo
Staatliche Kunsthalle Karlsruhe

Otro de los temas favoritos de Renoir es el desnudo femenino, género clásico de la pintura occidental practicado por el maestro a lo largo de toda su carrera, incluso en contra de los Impresionistas que lo rechazaban por considerarlo académico. En la exposición podemos disfrutar de un buen número de cuadros que nos muestran a monumentales y rotundas mujeres en la naturaleza o en interiores, que están a punto de bañarse, que se están desnudando o vistiendo, que se arreglan el cabello o que simplemente posan. Se trata de las famosas bañistas de Renoir, un amplio conjunto de obras concebidas para que el espectador espíe la intimidad femenina. 

Pierre Auguste Renoir. Las Bañistas. 1918-19. Óleo sobre lienzo. Detalle
París, Musée d'Orsay 

Una de las joyas del Museo Lázaro Galdiano es un pequeño pero cautivador óleo de Goya, realizado en los últimos años del siglo XVIII, es decir la época en la que el pintor aragonés llevó a cabo su espléndido trabajo en San Antonio de la Florida. Esta obra aúna los temas de la lectora y del desnudo femenino, tratados después por Renoir. Representa a una mujer, de rostro redondeado, mejillas sonrosadas y larga cabellera rubia, absorta en la lectura de un libro. Los dos brazos tienen un gran protagonismo en el cuadro, porque el derecho sirve de apoyo a la cabeza, en el gesto iconográfico de la melancolía, y el antebrazo izquierdo cubre por completo, acaricia, toda la superficie del libro. La forma de los brazos dibuja un rombo con la cabellera que cae sobre la espalda; la cabeza de la mujer sería el vértice superior del rombo.

Francisco de Goya. Magdalena penitente. 1797-1800. Óleo sobre lienzo.
Museo de la Fundación Lázaro Galdiano

Sus formas rotundas, la luminosidad de la piel, la sensualidad y la poesía de esta imagen nos recuerda a los desnudos que podemos ver en la última sala de la aludida exposición del Museo Thyssen, la de las bañistas. Hay que fijarse bien para descubrir que el libro se apoya sobre una calavera y que al fondo a la izquierda se alza una esquemática cruz en el brumoso paisaje. Todo ello nos permite concluir que la sensual mujer es la Magdalena penitente, aunque falte uno de los elementos habituales de su iconografía: el frasco de perfumes. Como señaló Camón Aznar, primer director del Museo Lázaro, esta sorprendente y cautivadora obra de Goya “parece un Renoir”. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

Las estatuas de Madrid se mueven: la Libertad

La estatua de la Libertad de Madrid, algo más pequeña que la neoyorquina, pero también más antigua, es otra de las esculturas de nuestra ciudad que ha sufrido un traslado, no muy largo, pero dificultoso, con las vías del ferrocarril como obstáculo.

La estatua se alza sobre un templete que acoge los restos de un grupo de políticos liberales progresistas del siglo XIX: Argüelles, Calatrava, Mendizábal, Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa y Olózaga. El pabellón funerario fue construido por Federico Aparici en 1857 y está coronado por la escultura del aragonés Ponciano Ponzano que representa a la Libertad. Cuenta también con tres estatuas de Sabino Medina en el perímetro del templete que representan La Pureza, el Gobierno y la Reforma.


El mausoleo se ubicó originalmente en el desparecido cementerio de San Nicolás, situado en el encuentro de las actuales calles de Méndez Álvaro y Áncora, en el barrio de Delicias. Fue trasladado al Panteón de Hombres IIustres en 1912, por iniciativa de Canalejas y por la insistencia de Romanones y pese a la oposición de Alfonso XIII, descontento con la presencia de hombres que contribuyeron a erosionar el poder real en un lugar que simbolizaba la preeminencia de la monarquía y exaltaba la Restauración Borbónica. El templete se encuentra en un ángulo del jardín del claustro, una ubicación que no favorece ni al edificio trasladado ni al que lo acoge.



sábado, 26 de noviembre de 2016

Galdós, Caillebotte y el París del barón Haussmann

En sus Memorias de un desmemoriado (1915-1916), Benito Pérez Galdós relata su visita a la Exposición Universal de París que se celebró en 1867. Cuenta también que en aquel viaje pudo comprobar las transformaciones urbanísticas que la capital francesa estaba experimentado durante el Segundo Imperio. Los trabajos habían empezado en 1852 y siguieron hasta 1870, bajo la dirección del barón Haussmann y con el impulso de Napoleón III:

El resto de mi tiempo, en aquel verano, lo empleaba paseándome, observando la transformación de la gran Lutecia, iniciada por el Segundo Imperio. Los Bulevares Haussmann, Malesherbes, Magenta y otros de la orilla derecha, así como los de Saint Germain y Saint Michel en la otra orilla izquierda, estaban en construcción. No se veían más que derribos de barrios enteros y enormes hileras de andamios.

En aquel tiempo el joven Gustave Caillebotte vivía en la Rue de Miromesnil, situada en el corazón de las reformas de Haussmann, y estaba comenzando a pintar. En los cuadros de los años 70 aparece, como en el texto de Galdós, la nueva ciudad que se estaba construyendo, con sus grandes perspectivas, sus tonos grises, y sus habitantes: los obreros con blusones y los elegantes burgueses.


Gustave Caillebotte. Pintores en un edificio. 1877. Óleo sobre lienzo. Colección privada

En un cuadro de 1877, Pintores en un edificio, expuesto en la reciente retrospectiva que ha dedicado a Caillebotte el Museo Thyssen, podemos ver la fase final de las obras parisinas. Aparecen cuatro pintores de brocha gorda que terminan la decoración de la fachada de un comercio; a la izquierda se abre la gran perspectiva rectilínea de una larga calle en la que circulan algunos transeúntes y un carruaje en la lejanía. Los colores utilizados por Caillebotte son muy limitados, con matices de beige, gris, y azul, apenas destacados por los verdes y rojos de la fachada. Es, en cualquier caso, como el texto de Galdós, un delicioso testimonio del carácter pétreo del nuevo Paris diseñado por el barón Haussmann. La calle, tal y como Caillebotte la pinta, parece aún cubierta por el polvo de las obras, como ha explicado la comisaria de la exposición, Marina Ferreti.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El reloj de la Puerta del Sol cumple 150 años

Nos gustaría celebrar el cumpleaños, nada menos que siglo y medio, del popular reloj de la Real Casa de Correos recordando algunos textos de Ramón Gómez de la Serna publicados en su Elucidario de Madrid:

El reloj del ministerio de la Gobernación resulta precisamente, por el ser el reloj central, un poco reloj de ábaco de chimenea.

Este es el reloj que ha marcado las horas más inquietas y decisivas de la historia de España, dejándole eso tan impertérrito, pues nada ha logrado que su campana tartamudee o cecee.

El reloj de la Puerta del Sol luce sobre el páramo, es el reloj central de España, porque entre otras cosas tiene cuatro esferas para los cuatro puntos cardinales y aunque el del mediodía no le sirve para nada, funcionan su manillas.

El reloj visto a través de la cubierta de cristal de la entrada
de la estación ferroviaria de Sol el día de su inauguración,
28 de junio de 2009. Fotografía de Eduardo Escudero 

viernes, 18 de noviembre de 2016

Acercamiento a Olivieri

Giovanni Domenico Olivieri, nacido en 1708 nada menos que en Carrara, fue uno de los más destacados escultores extranjeros de las cortes de Felipe V y Fernando VI. Se le considera uno de los principales responsables de la creación de un nuevo lenguaje cortesano, en la línea de un Barroco tardío internacional, que pretendía satisfacer las necesidades de las grandes iniciativas artísticas de los Borbones, la nueva dinastía en el poder. Tras una exitosa etapa inicial en el norte de Italia llegó a Madrid por recomendación de Sacchetti, arquitecto del Palacio Real, y en 1740 fue designado escultor del rey para dirigir la decoración de dicho edificio. Poco después puso en marcha una academia en su propia casa, origen de la Real de Bellas Artes, de la que el propio Olivieri llegó a ser su primer director de arquitectura.

 
Vista de la fachada de Santa Bárbara cubierta de andamios

Vista del andamio a la altura del medallón
Fotografía de Eduardo Escudero

Ya en época de Fernando VI recibió otro importante encargo de la Corona: la dirección escultórica del Real Convento de la Visitación, o de las Salesas, gran proyecto impulsado por la reina Bárbara de Braganza. Uno de sus mejores trabajos en el edificio lo encontramos en el medallón que se halla en el centro de la fachada de la actual Parroquia de Santa Bárbara, en origen iglesia del convento, que actualmente se puede observar muy de cerca gracias al programa de visitas guiadas Abierto por Obras, con motivo de la restauración que se está llevando a cabo en el edificio.

 Detalle del medallón de la fachada con la Visitación
Fotografía de Eduardo Escudero

El tema procede de los Evangelios de San Lucas y los apócrifos: a la izquierda vemos a la Virgen María y a la derecha a su prima Santa Isabel, embarazadas ambas milagrosamente, respectivamente de Jesús y de Juan el Bautista; en segundo plano aparece Zacarías, el esposo de Isabel, testigo del saludo entre las mujeres, y San José, en un plano más lejano, pese a que en el texto de Lucas nada se dice sobre los hombres. La dedicación del convento a la Visitación sin duda tiene que ver con la imposibilidad de la reina de concebir hijos.

Detalle más cercano del tondo

Detalle con la Virgen y Santa Isabel
Fotografía de Eduardo Escudero

Sorprende el gran virtuosismo de Olivieri en el trabajo con el mármol, con detalles que sólo se pueden apreciar desde el andamio que se ha construido para llevar a cabo la restauración de la fachada. La composición del medallón es sencilla y solemne, las figuras monumentales y clásicas y sobresale la ampulosidad y riqueza de sus ropajes, elementos todos ellos característicos del escultor italiano. Tal vez lo más llamativo cuando vemos el tondo desde cerca es el magnífico estudio de perspectiva conseguido a través de los distintos grados de relieve de las figuras y del cuidado marco arquitectónico en bajorrelieve del fondo. Sorprende sobre todo que algunos pormenores son invisibles desde el suelo, como si estuvieran hechos sólo para Dios (y ahora también para los visitantes de Abierto por Obras).

La fachada, con el medallón en el centro, antes de empezar la restauración

lunes, 14 de noviembre de 2016

Las estatuas de Madrid se mueven: Lope de Vega

La palabra estatua significa “obra de escultura labrada a imitación del natural”, según el diccionario de la RAE. Procede del sustantivo latino statua, y éste, a su vez, del verbo stare, que significa “estar inmóvil”. Una estatua debería, por lo tanto, obedecer a su etimología y permanecer quieta, pero en Madrid se produce un fenómeno de difícil explicación: las estatuas públicas se mueven de un emplazamiento a otro con asombrosa facilidad. Con esta entrada iniciamos un ciclo a través del cual trataremos de seguir los movimientos de algunos monumentos madrileños.

La estatua de Lope en la Glorieta de San Bernardo, c. 1905

El primer caso a estudiar es el de la escultura dedicada a Lope de Vega, obra de Mateo Inurria, que se alza sobre un pedestal diseñado por el arquitecto José López Salaberry. Forma parte del grupo de monumentos que el Ayuntamiento de Madrid realizó para conmemorar la mayoría de edad y la coronación de Alfonso XIII en 1902, fecha en la que la estatua se inauguró en el centro de la Glorieta de San Bernardo, en el límite entre el Centro Histórico y el Ensanche, un lugar sin relación con el personaje homenajeado y demasiado grande para el tamaño del monumento. Sólo seis años después apareció en el centro de otra plaza, esta ya en pleno Ensanche, en el barrio de Almagro, concretamente en la Glorieta de Rubén Darío. Finalmente, de momento, viajó en 1966 hasta su ubicación actual, en los jardines de la plaza de la Encarnación, un escenario tal vez más apropiado para las características de la escultura, pero uno de los pocos lugares del centro de Madrid sin ninguna relación biográfica conocida con el escritor.

La estatua de Lope en la Glorieta de Rubén Darío, c. 1960

jueves, 3 de noviembre de 2016

Criptoautorretratos: Clara Peeters en el Prado

Quince bodegones de Clara Peeters, pintora flamenca activa en Amberes entre 1607 y 1621, se pueden ver en el Museo del Prado hasta el 19 de febrero de 2017. Todos ellos son muy similares entre sí: nítidos óleos sobre tabla, con un punto de vista totalmente frontal, en los que los objetos se acumulan sobre una mesa, cuyo borde, perfectamente paralelo con el lateral inferior del cuadro, queda en sombra. Los diferentes elementos representados se reproducen con precisión y realismo, pero las composiciones no son claras.



Los objetos se muestran con gran proximidad y llenan casi toda la superficie del cuadro, fuertemente iluminadas sobre un fondo oscuro, pero las sombras que proyectan las cosas son muy sutiles. Peeters utiliza los recursos habituales para transmitir sensación de profundidad y se recrea más en los brillos y los reflejos que en la diferencia de las texturas. Muchos de los objetos se repiten en unos cuadros y otros, con distintas disposiciones. Se trata de recipientes cerámicos, jarras, vajillas de lujo, porcelanas chinas, copas de metal o de cristal,  saleros, velas, monedas, jarrones, flores, conchas, quesos, frutos secos, aceitunas, vino, panes, alcachofas, frutas, dulces, aves, pescados y mariscos, e incluso un gato.



Pero tal vez lo más interesante pasa desapercibido al espectador apresurado. En los reflejos de algunos objetos encontramos diminutos autorretratos de la pintora, hasta siete en dos de los cuadros. Es posible incluso distinguir en algún caso a Peeters con los atributos de su oficio: el pincel y la paleta. ¿Por qué se autorretrata con tanta insistencia y a la vez de manera tan discreta esta pintora especializada en naturalezas muertas, un género puntero a principios del siglo XVII? ¿es, como siempre se dice, una respuesta a la necesidad de autoafirmación de las mujeres pintoras de la época, más aún cuando practicaba un vanguardista realismo?, ¿lo hacía para aumentar la sensación ilusionista de la pintura, o para demostrar su destreza? Por cierto, se sabe muy poco de la biografía de Clara, cuya figura es apenas un reflejo fantasmagórico que nos interroga desde la claridad de su obra.



viernes, 14 de octubre de 2016

Los vasos griegos del Museo Arqueológico Nacional en 3D

Treinta de las mejores piezas de la gran colección de vasos griegos del Museo Arqueológico Nacional ya pueden verse en imágenes 3D: https://sketchfab.com/man. El Museo ha seleccionado un conjunto que pone de manifiesto la variedad y calidad de los objetos cerámicos griegos que posee.


Este trabajo es resultado de un proyecto realizado por el Laboratorio de Humanidades Digitales de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Los vasos se presentan en realidad virtual y en tres dimensiones, lo que permite el acercamiento al objeto y a sus contenidos. Tanto el investigador como el amante de la cultura griega y del arte clásico podrán observar los objetos desde todos los puntos de vista, analizar sus variadas formas y sus materiales y recrearse en los detalles pictóricos.

martes, 4 de octubre de 2016

San Francisco de Asís y Caravaggio

Hoy, 4 de octubre, día de San Francisco de Asís, es un buen momento para recordar uno de los cuadros más impresionantes de Caravaggio, del que hemos podido disfrutar en la recientemente clausurada exposición dedicada por el Museo Thyssen al maestro milanés y a su influencia sobre los pintores centroeuropeos. A buen seguro la impactante imagen de San Francisco en meditación, obra fechada en 1606 y conservada en el Museo Civico “Ala Ponzone” de Cremona, es una de las que habrá quedado grabadas en la retina y en el corazón de los visitantes.


Este óleo sobre lienzo, pintado por Caravaggio cuando tenía alrededor de 35 años, fue uno de las últimas obras que realizó antes de huir de Roma después de haber matado al también pintor Ranuccio Tomassoni. Este oscuro incidente puso fin a su fulgurante etapa romana en la que había alcanzado un enorme éxito. Y es que, aunque había frecuentado los ambientes más selectos de la espléndida Roma de la época, también pululaba por los bajos fondos y frecuentemente se veía envuelto en peleas y problemas con la justicia. El fallecimiento de Tomassoni a manos de Caravaggio le obligó a huir de la ciudad eterna, a la que ya nunca habría de regresar, porque la muerte le sorprendió cuatro años después, justo cuando estaba a punto de volver a Roma.
En dicho contexto histórico, este San Francisco podría incluir una referencia autobiográfica, en el sentido de que puede interpretarse como una petición de perdón por parte del pintor, ya que sabía que este cuadro se iba a exponer en Roma, como señala el comisario de la exposición del Thyssen, Gert Jan van der Sman en el catálogo. Así, el pintor se identificaría con el santo y su expresión aludiría al arrepentimiento de Caravaggio dirigido a las autoridades romanas.


La iconografía, típicamente contrarreformista, es la del santo penitente en un paisaje agreste, pero Caravaggio extrema la intensidad de la meditación de Francesco, especialmente a través de la torsión de su cabeza y el forzado gesto del cuerpo y de la presencia del crucifijo, en extraordinario escorzo, separando las páginas del libro sagrado. La impactante factura de las pinceladas, anchas, sueltas, muy modernas, y la teatral utilización de la luz, enfatizan la energía penitente del personaje. Al parecer, se representa concretamente un pasaje de la vida de San Francisco en el que, tras abrir el Evangelio tres veces casualmente por el relato de la Pasión, meditó sobre su participación en el martirio de Cristo, lo que se considera un precedente de la aparición de los estigmas.

viernes, 23 de septiembre de 2016

La plaza del mercado de Den Bosch

El primer cuadro de la gran exposición del V Centenario del fallecimiento del Bosco celebrada en el Museo del Prado no era una obra del pintor holandés, sino un trabajo anónimo pintado hacia 1530, unos quince años después de su muerte. Se trata de una vista de la plaza del Mercado de la localidad natal del genial pintor, la ciudad de los mil nombres: su denominación oficial en holandés es 's-Hertogenbosch, topónimo tan complicado que incluso los propios holandeses prefieren decir Den Bosch. Pero también tiene nombre en español, Bolduque, en francés, Bois-le-Duc, en alemán,  Herzogenbusch, e incluso en latín, Silva Ducis o Buscum Ducis. Es la capital de la provincia de Brabante Septentrional, en el sur de los Países Bajos, una bella ciudad medieval, surcada por canales subterráneos y que cuenta con una magnífica catedral gótica.

Anónimo flamenco. Mercado de telas en 's-Hertogenbosch. Óleo sobre tabla. C. 1530. Her Noordbrabants Museum, 's-Hertogenbosch

En la vista del siglo XVI se representa la plaza en un día de mercado de paños, con los puestos cubiertos en los que se vendían las telas, organizados en filas paralelas. Pero en realidad, como señala Pilar Silva Maroto en el catálogo de la exposición del Prado, el paisaje sirve de fondo a una escena religiosa que descubrimos en el primer plano: San Francisco, patrono de los pañeros, reparte telas entre los pobres.

El Bosco vivió en esta plaza desde 1462, cuando era un niño, ya que su padre compró una casa en ella. Después, cuando se casó con Aleid van de Meervenne se trasladó a otro edificio en el lado norte de la misma plaza. En el cuadro aparece esta casa: es la séptima empezando por la derecha, la siguiente a la azul. Era de ladrillo, con una fachada muy estrecha, aunque se sabe que era muy profunda. Cuenta con el típico remate escalonado y con torrecillas en los ángulos, lo que le hacía parecer más alta.


Detalle de la obra anterior. Se indica la casa en la que vivió el Bosco

La plaza del Mercado de Den Bosch sigue siendo el centro de la ciudad, una gran explanada en forma de triángulo irregular rodeada de bellos edificios, punto de encuentro de viajeros y locales. Una estatua del Bosco, obra de August Falise, se sitúa desde 1929 muy cerca del lugar en el que estuvo la casa del pintor, ya desparecida.


Estatua del Bosco en la plaza del Mercado de su ciudad natal

Recientemente se ha reconstruido el pozo que aparece en el cuadro, así como una capillita dedicada a la Virgen que podemos también apreciar en la pintura.



Detalle del cuadro anterior y vista actual del pozo y la capilla reconstruidos

Con motivo del V Centenario de la muerte del Bosco, la ciudad en la que nació y falleció el pintor, tras haber vivido en ella prácticamente todos sus días, ha organizado muchas actividades para conmemorar al más universal de sus vecinos. Aunque no cuenta con ninguna obra del Bosco, sus calles, canales, edificios y comercios han sido invadidos por los seres fantásticos del pintor. Por ejemplo, en la plaza del Mercado se alza una construcción de cartón inspirada en las creaciones del Bosco y encontramos a algunos de sus personajes en cualquier rincón de un canal.


Vista de la plaza del Mercado de Den Bosch en agosto de 2016

Ser procedente del Infierno del Jardín de las Delicias en un canal de Den Bosch en agosto de 2016