EL PLACER DE LA CULTURA

sábado, 27 de febrero de 2021

La librería de Fernando Fe

De los libreros de actualidades, el que más negocio hace es Fernando Fe; a su casa acude en busca de libros la mayoría de las gentes que los compran, y es acaso el que más comercio tiene con las provincias.

Así se refería Rubén Darío a la principal librería de Madrid a finales del siglo XIX. Podemos leer este comentario en su libro, publicado en 1901, España contemporánea, que recopila las crónicas escritas por el nicaragüense para el diario La Nación de Buenos Aires y constituye un documento extraordinario sobre el ambiente cultural y la realidad social de la España del “desastre del 98”.

Recibo a nombre de Rubén Darío de la Librería Fernando Fe. 1 marzo 1909
Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla

Fernando Fe, como otros libreros de la época, era también editor y en su sello publicaron autores de gran relevancia, como Pardo Bazán, Clarín, Valera, Rosalía de Castro, Palacio Valdés, Baroja, Unamuno, Blasco Ibáñez o Juan Ramón Jiménez, entre otros. La librería y la editorial tuvieron gran actividad en el último cuarto del siglo XX y en los primeros años del XX. Su origen se encuentra en el establecimiento que abrió el editor y librero francés Casimiro Monier en el número 2 de la carrera de San Jerónimo en la tercera década del siglo XIX. A mediados de dicha centuria, Alfonso Durán relevó a Monier al frente del local y luego le sucedió Fernando Fe, que mantuvo la librería en el mismo lugar hasta que en 1907 se trasladó, muy cerca, al número 15 de la Puerta del Sol, prácticamente en el comienzo de la calle de Alcalá.

Ubicación de las dos direcciones de la librería de Fernando Fe en el Plano de Madrid de Ibáñez de Ibero (1874)

Fe llegó a ser la mayor distribuidora de España y abrió diez librerías subsidiarias por todo el país. Asimismo, comercializó libros en la América hispana de su propia editorial y de otras.  No obstante, Darío destaca la pobreza de las librerías de Madrid, sin excluir a la de Fe, en relación con las publicaciones extranjeras más avanzadas:

Las librerías de Madrid son de una indigencia tal, sobre todo en lo referente al movimiento extranjero, que a este respecto Fe, que es el principal, o Murillo, o cualquier otro, están bajo el más modesto de nuestros libreros.

La librería de Fernando Fe señalada con una flecha roja
en una tarjeta postal publicada por Librería de A. Sánchez, c. 1905
fototipia color; 92 x 148 mm.
Biblioteca Nacional de España

Destaca también el escritor nicaragüense las tertulias que tenían lugar en la librería, algo que era común en las tiendas de libros del Madrid de la época:

En Madrid todavía existe lo que se podría llamar tertulia de librería. En casa de Fe, al caer la tarde podéis encontrar a Manuel Palacio; a Núñez de Arce, con su inseparable amigo Vicente Colorado; al señor Estelrich, italianista de nota; y a otras figuras, grandes, medianas y chicas del pensamiento español.

En efecto, la fama de Fernando Fe se debe no sólo a su trabajo editorial y librero, sino también a su tertulia literaria, gran foro de ideas y opiniones sobre el sector del libro en la época. Por ellas pasaron políticos, como Pi i Margall, Castelar, Cánovas, Silvela y Canalejas, así como escritores, entre ellos Campoamor, Sellés, Valera, Tamayo y Baus, Galdós, Pardo Bazán y Dicenta además de los citados por Darío.


Ofrece también Rubén Darío una descripción de la librería, cuando se encontraba todavía en la carrera de San Jerónimo, que concluye con una negativa conclusión sobre la demanda de libros en la época y la consiguiente pobreza del sector editorial:

La casa de Fe es estrechísima y Fe no se atreve a mudar de local, quizá poseído del temor de que otra más elegante y espaciosa no se advirtiese tan concurrida. Además de dos pequeños mostradores en que se exponen obras castellanas, uno que otro libro de América, a la izquierda, libros extranjeros, a la derecha, hay, junto al escritorio del jefe de la casa-rincón estrechísimo– una mesita en que se presentan las últimas novedades españolas. A esa mesita se acercan y tocan los asiduos del establecimiento; unos cortan las páginas y leen las obras de corta extensión, de pie; concluyen, y dejan el ejemplar. En toda España hay poca afición a comprar libros; quizá sea por esto que las librerías son de una pobreza desoladora.

La Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP), primera gran empresa editorial española compró la Librería de Fernando Fé en 1929. Recomendamos el siguiente artículo para ampliar información sobre la librería de Fernando Fe: Fuster, Francisco (2015). «Semblanza de Fernando Fe y Gómez (1845- 1914)». En Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.


viernes, 29 de enero de 2021

Una excursión a las Ventas con Emilia Pardo Bazán

En 1889 Pardo Bazán publicó Insolación, novela realista ambientada en Madrid. Relata la historia amorosa de una viuda con un hombre más joven, un tema atrevido para su época y por el que tuvo que recibir algunas duras críticas, por ejemplo, de Clarín o Pereda. Desde una perspectiva feminista, el libro cuestionaba los valores morales de la época y criticaba la hipocresía social en relación con la sexualidad femenina.

Algunos han querido ver en la trama de la novela un reflejo de la fugaz relación amorosa entre doña Emilia y José Lázaro Galdiano, diez años más joven que la escritora y al que está dedicado el libro. Se conocieron en el verano de 1888 durante la Exposición Internacional de Barcelona y, tras un breve idilio, mantuvieron durante toda su vida una gran amistad y una intensa colaboración intelectual que se manifestó sobre todo en La España Moderna, la revista editada por Lázaro, a la que apoyó Pardo con entusiasmo y en la que publicó numerosos e importantes artículos.

En cualquier caso, Francisca de Asís Andrade, la protagonista de Insolación, tiene en común con Emilia la determinación de querer vivir con la misma libertad que los hombres, también en el terreno sexual, superando los prejuicios sociales.

Insolación se desarrolla en Madrid y ofrece al lector maravillosas estampas de la ciudad en las postrimerías del siglo XIX. Al final de estas líneas, transcribimos un fragmento en el que Asís, la joven marquesa viuda protagonista de la novela, se dirige con Diego Pacheco en un simón desde el centro de la ciudad hacia la periferia de las Ventas del Espíritu Santo. Para llegar allí a través de la calle de Alcalá recorrieron un barrio de Salamanca con muchos solares sin construir todavía, como podemos ver en el Plano de Benito Martínez y José Méndez de 1886, y al que la narradora califica de arrabal. Hace mención, no muy favorable, a la estatua ecuestre del general Espartero y al edificio de las Escuelas Aguirre, ambos inaugurados tres años antes de la publicación de la novela.

Benito Martínez y José Méndez. Plano de Madrid, 1886. Biblioteca Regional de Madrid. Detalle

Más de una década llevaba ya en pie la plaza de toros de Goya, a la que también se menciona, además de la fábrica de galletas de Casa Martinho, inaugurada en 1883 en la calle de Alcalá, entre Alcántara y Montesa, en la acera de los impares. Todo ello se puede observar en el Plano de Facundo Cañada de 1900.

Facundo Cañada. Plano de Madrid. 1900. Detalle

También se cita el famoso merendero de la Alegría, así como el fielato, ubicado en la plaza de la Alegría, hoy Manuel Becerra, y la conocida venta del Espíritu Santo. El entorno de la que era entonces puerta de entrada a Madrid desde el este no puede ser más desolador en el relato de Pardo Bazán, transitado por variados medios de transporte y por un cortejo fúnebre camino del Cementerio del Este, del que ya se había construido la parte más antigua en 1889. El relato termina junto al puente de Ventas, que cruzaba entonces sobre el arroyo del Abroñigal, sector poblado a finales del siglo XIX de merenderos, uno de los cuales se describe con intenso pintoresquismo.

Dejamos ya al lector que disfrute con el texto de Insolación:

Asís miró el camino en que entraban. Dejándose atrás las frondosidades del Retiro y las construcciones coquetonas de Recoletos, el coche se metía, lento y remolón, por una comarca la más escuálida, seca y triste que puede imaginarse, a no ser que la comparemos al cerro de San Isidro. Era tal la diferencia entre la zona del Retiro y aquel arrabal de Madrid, y se advertía tan de golpe, que mejor que transición parecía sorpresa escenográfica. Cual mastín que guarda las puertas del limbo, allí estaba la estatua de Espartero, tan mezquina como el mismo personaje, y la torre mudéjar de una escuela parecía sostener con ella competencia de mal gusto. Luego, en primer término, escombros y solares marcados con empalizadas; y allá en el horizonte, parodia de algún grandioso y feroz anfiteatro romano, la plaza de toros. En aquel rincón semidesierto -a dos pasos del corazón de la vida elegante- se habían refugiado edificios heterogéneos, bien como en ciertas habitaciones de las casas se arrinconan juntas la silla inservible, la maquina de limpiar cuchillos y las colgaduras para el día de Corpus: así, después del circo taurino y la escuela, venía una fábrica de galletas y bizcochos, y luego un barracón con este rótulo: Acreditado merendero de la Alegría.

Hauser y Menet. Calle de Alcalá y Escuelas Aguirre. 1902. Tarjeta postal
Museo de Historia de Madrid

Las lontananzas, una desolación. El fielato parecía viva imagen del estorbo y la importunidad. A su puerta estaba detenido un borrico cargado de liebres y conejos, y un tío de gorra peluda buscaba en su cinto los cuartos de la alcabala. Más adelante, en un descampado amarillento, jugaban a la barra varios de esos salvajes que rodean a la Corte lo mismo que los galos a Roma sitiada. Y seguían los edificios fantásticos: un castillo de la Edad Media hecho, al parecer, de cartón y cercado de tapias por donde las francesillas sacaban sus brazos floridos; un parador, tan desmantelado como teológico (dedicado al Espíritu Santo nada menos); un merendero que se honraba con la divisa tanto monta, y por último, una franja rojiza, inflamada bajo la reverberación del sol: los hornos de ladrillo. En los términos más remotos que la vista podía alcanzar, erguía el Guadarrama sus picos coronados de eternas nieves.

Lo que sorprendió gratamente a Asís fue la ausencia total de carruajes de lujo en la carretera. Tenía razón Pacheco, por lo visto. Sólo encontraron un domador que arrastraban dos preciosas tarbesas; ten carromato tirado por innumerable serie de mulas; el tranvía, que cruzó muy bullanguero y jacarandoso, con sus bancos atestados de gentes; otro simón con tapadillo, de retorno, y un asistente, caballero en el alazán de su amo. ¡Ah! Un entierro de angelito, una caja blanca y azul que tambaleándose sobre el ridículo catafalco del carro se dirigía hacia la sacramental sin acompañamiento alguno, inundado de luz solar, como deben de ir los querubines camino del Empíreo…

J. Lacoste. Madrid. Las Ventas del Espíritu Santo. 1910. Archivo Regional de Madrid

Llegaron al puente, y detúvose el simón ante el pintoresco racimo de merenderos, hotelitos y jardines que constituye la parte nueva de las Ventas.

-¿Qué sitio prefieres? ¿Nos apeamos aquí? -preguntó Pacheco.

-Aquí... Ese merendero... Tiene trazas de alegre y limpio -indicó la dama, señalando a uno cuya entrada por el puente era una escalera de palo pintada de verde rabioso…

Sobre el frontis del establecimiento podía leerse este rótulo, en letras descomunales imitando las de imprenta, y sin gazapos ortográficos: -Fonda de la Confianza. -Vinos y comidas. -Aseo y equidad.- El aspecto era original y curioso. Si no cabía llamar a aquello los jardines aéreos de Babilonia, cuando menos tenían que ser los merenderos colgantes. ¡Ingenioso sistema para aprovechar terreno! Abajo una serie de jardines, mejor dicho, de plantaciones entecas y marchitas, víctimas de la aridez del suburbio matritense; y encima, sostenidos en armadijos de postes, las salas de baile, los corredores, las alcobas con pasillos rodeados de una especie de barandas, que comunicaban entre sí las viviendas. Todo ello -justo es añadirlo para evitar el descrédito de esta Citerea suspendida- muy enjabelgado, alegre, clarito, flamante, como ropa blanca recién lavada y tendida a secar al sol, como nido de jilguero colgado en rama de arbusto.


viernes, 8 de enero de 2021

Comenzamos el año de Emilia Pardo Bazán

Al acercarse a Madrid y atravesar los páramos que lo rodean, al subir por la cuesta de Areneros, al ver las calles estrechas, torcidas, mal empedradas, el desanimado comercio, al oír el canturrear de los ciegos y el pregón de la lotería, pensó encontrarse en uno de esos prehistóricos poblachones de Castilla, fosilizados desde el tiempo de los moros... ¡Madrid! Ese era Madrid... esa era España... ¡la España santa de sus ensueños de adolescente!

Estas son las palabras que transmiten las sensaciones experimentadas por don Gabriel, uno de los protagonistas de La madre Naturaleza, cuando regresó a España tras un periplo europeo por Francia, Alemania e Inglaterra. En la excelente edición de la novela realizada por Cátedra (1999 y 2004), Ignacio Javier López señala que a través de este texto Emilia seguramente expresaba, por mediación de su personaje, sentimientos propios tras sus primeros viajes a Francia a finales de la década de 1870. La cuesta de Areneros, antecedente de la calle del marques de Urquijo, era el lugar por el que ascendía a Madrid doña Emilia tras desembarcar, procedente de Francia, en la estación del Norte, como hace el personaje de la novela, don Gabriel.

Detalle del Plano Parcelario de Madrid, editado por el Instituto Geográfico y Estadístico
1875 (1871-1874)

Una vez terminado el centenario de Pérez Galdós, se inicia el de Pardo Bazán. La escritora coruñesa falleció en su domicilio de la calle Princesa de Madrid el 12 de mayo de 1921 después de una intensa vida. Así que tenemos por delante todo un año para celebrar el centenario de doña Emilia, para leer, o releer, sus novelas, sobre todo Los Pazos de Ulloa y la citada La madre Naturaleza, sus cuentos, sus ensayos y sus artículos. Y también para recordar y analizar su fructífera biografía.

Atacama va a participar en algunas de las primeras celebraciones pardobacianas del año, concretamente en un ciclo de tres itinerarios on-line sobre Emilia Pardo Bazán en Madrid, organizado por la Biblioteca Regional. Gallega de nacimiento y de condición, vivió buena parte de su intensa vida en la villa y corte, ciudad en la que desarrolló la mayor parte de su trayectoria literaria. En Madrid se instaló con su familia, disfrutó del éxito y el reconocimiento, se integró en sus redes sociales e intelectuales, se relacionó con sus instituciones culturales y falleció hace ahora un siglo. Además algunos de sus textos, como el que inicia esta entrada, se refieren a Madrid.

En los tres itinerarios virtuales recorreremos los principales escenarios de la ciudad relacionados con la condesa de Pardo Bazán. Visitaremos los lugares en los que vivió, las instituciones con las que se relacionó, los ambientes que frecuentó, así como los monumentos y recuerdos conmemorativos dedicados a la escritora que se encuentran en Madrid. Asimismo, leeremos algunos de sus textos que tienen como escenario las calles y los edificios de la ciudad.

Más información sobre los itinerarios en el Portal del Lector.


lunes, 21 de diciembre de 2020

Una mirada galdosiana sobre la Navidad madrileña

En estos días en los que la tradicional celebración social de la Navidad se enfrenta con la prudencia ermitaña ante la pandemia, la lectura de Galdós, concretamente de un texto de La Desheredada, nos provoca una reflexión; en casi 150 años los madrileños no hemos cambiado tanto como cabría pensar, ni siquiera con la actual crisis sanitaria.
La Desheredada, publicada en 1881, fue el punto de partida de las conocidas como “novelas españolas contemporáneas” de Galdós. Es la historia de una joven de provincias, Isidora Rufete, que acude a Madrid convencida de que es la hija no reconocida de una aristócrata. La acción de la novela transcurre durante el breve reinado de Amadeo I y está ambientada fundamentalmente en Madrid, ciudad que adquiere gran protagonismo en la narración, como es habitual en la literatura de don Benito.

Portada de la segunda edición de La Desheredada, de Benito Pérez Galdós
Madrid, Librería de Perlado, Páez y Cª, 1909

En el capítulo XIV puede leerse lo siguiente:

Llegó Navidad, llegaron esos días de niebla y regocijo en que Madrid parece un manicomio suelto. Los hombres son atacados de una fiebre que se manifiesta en tres modos distintos: el delirio de la gula, la calentura de la lotería y el tétanos de las propinas. Todo lo que es espiritual, moral y delicado, todo lo que es del alma, huye o se eclipsa. La conmemoración más grande del mundo cristiano se celebra con el desencadenamiento de todos los apetitos. Hasta el arte se encanalla. Los teatros dan mamarracho, o la caricatura del Gran Misterio en nacimiento sacrílegos. Los cómicos hacen su agosto; la gente de mal vivir, hembras inclusive, alardea de su desvergüenza; los borrachos se multiplican. Tabernas, lupanares y garitos revientan de gente, y con las palabras obscenas y chabacanas que se pronuncian estos días habría bastante ponzoña para inficionar una generación entera. No hay más que un pensamiento: la orgía. No se puede andar por las calles, porque se triplica en ellas el tránsito de la gente afanada, que va y viene aprisa. Los hombres, cargados de regalos, nos atropellan, y a lo mejor se siente uno abofeteado por una cabeza de capón o pavo que a nuestro lado pasa.

Las confiterías y tiendas de comidas ofrecen en sus vitrinas una abundancia eructante y pesada que, por la vista, ataruga el estómago. No bastan las tiendas, y en esquinas y rincones se alzan montañas de mazapán, canteras de turrón, donde el hacha del alicantino corta y recorta sin agotarlas nunca. Las pescaderías inundan de cuanto Dios crió en mares del Norte y del Sur. Sobre un fondo de esteras coloca Valencia sus naranjas, cidras y granadas rojas, llenas de apretados rubíes. En los barrios pobres las instalaciones son igualmente abundantes; pero la baratura declara la inferioridad del género. Hay una caliza dulzona que se vende por turrón, y unas aceitunas negras que nadan en tinta. De la Plaza Mayor hacia el Sur escasea el mazapán cuanto abunda el cascajo. La escala gradual de la gastronomía abraza desde los refinamientos de Pecastaing, Prast y la Mahonesa, hasta la cuartilla de bellota y la pasta de higos pasados que se vende en una tabla portátil hacia las Yeserías. El enorme pez de Pascuas comprende todas las partes y substancias de cosa pescada, desde el ruso caviar hasta el escabeche y el arenque de barril, que brilla como el oro y quema como el fuego.

 El siguiente párrafo de la novela comienza con una frase que podríamos aplicar a la situación actual: Una familia podrá morirse toda entera; pero dejar de celebrar la Noche Buena con cualquier comistrajo, no. A continuación, Galdós realiza una maravillosa descripción de las costumbres navideñas de don José de Relimpio y su familia, que animamos a todos a leer para despedir el año del centenario del fallecimiento del escritor.


martes, 10 de noviembre de 2020

Documentos de Arturo Soria en la Biblioteca Regional de Madrid

El 6 de noviembre de 1920 falleció Arturo Soria, urbanista autodidacta, empresario, ensayista, inventor, periodista y masón. Este hombre polifacético y polémico había nacido en Madrid en 1844. Pensador utópico y reformista, preocupado por mejorar las condiciones de vida de sus congéneres, destacó, sin embargo, por su vocación práctica. Entre sus muchos sueños, el de la ciudad lineal fue el que concentró sus esfuerzos a lo largo de la mayor parte de su vida y pudo llevarlo a cabo parcialmente en la periferia madrileña, si bien ha llegado muy desvirtuado a nuestros días.

Arturo Soria (ed,). La Ciudad Lineal: antecedentes y datos básicos de su construcción. 1894
Biblioteca Regional de Madrid

Su idea trataba de dar solución a los graves problemas que Madrid y la mayoría de las grandes ciudades de finales del siglo XIX presentaban y ofrecer una alternativa al crecimiento urbano. Soria concibió una ciudad de una sola calle de longitud ilimitada, comunicada mediante el tranvía, con viviendas unifamiliares rodeadas de jardín, edificios públicos, fábricas y campos agrícolas a ambos lados.

La Biblioteca Regional de Madrid cuenta con documentos y publicaciones de Arturo Soria fundamentales para conocer su trabajo, además de bibliografía moderna especializada en la ciudad lineal. En este vídeo se pueden conocer algunos de ellos.


sábado, 31 de octubre de 2020

Arturo Soria, centenario de un genio incomprendido

El 6 de noviembre de 1920 falleció Arturo Soria. La prensa de la época no le dedicó portadas ni destacó suficientemente su gran aportación al urbanismo contemporáneo: la ciudad lineal. Muchos medios, especialmente los más alejados ideológicamente de él, reconocieron que sus proyectos no habían recibido los apoyos merecidos. De hecho, una cierta sensación de fracaso acompañó a Soria durante los últimos años de su vida.

El Liberal. 7/11/1920. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

Empresario, periodista, escritor, inventor, y urbanista autodidacta, entre otras muchas ocupaciones, nació en Madrid en 1844. De sus muchas ideas destacamos su original alternativa de carácter formal al crecimiento de las ciudades industriales de finales del siglo XIX, de la que actualmente se pueden sacar todavía muchas enseñanzas. Verdadero precursor del desarrollo sostenible, trató de dar solución a los graves problemas de su época, que son también los de la nuestra: la vivienda, la contaminación, la movilidad o las desigualdades sociales. Pero Soria no se quedó en la reflexión, sino que, pese a su carácter utópico, llevó a la realidad su propuesta en la periferia de Madrid.

El País. 7/11/1920. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

El día 7 de noviembre de 1920 dio la noticia del fallecimiento de don Arturo el diario El Liberal, con una breve reseña en la que se califica a Soria como “hombre de grandes iniciativas y de incansable laboriosidad”. En La Libertad, diario nacido como escisión del anterior, se indica que falleció “víctima de un colapso cardiaco” en una brevísima nota. Sólo el diario El País, periódico en el que había colaborado Soria, dedicó más de un tercio de su portada a una sentida necrológica. Su línea editorial republicana y progresista, cercana a la ideología del propio Arturo Soria, explica también esta atención notablemente mayor que la que ofrecieron otros periódicos al fallecimiento del ilustre madrileño. El País subraya la inesperada muerte en el Hotel Rubín, residencia de Soria en la Ciudad Lineal, y realiza una extensa necrológica, en la que puede leerse: “Ha muerto un madrileño ilustre, un español insigne, un hombre admirable. Tan modesto como sabio, era grave delito escribir acerca de su obra”. Esperemos que en esta ocasión nos perdone.

La Correspondencia de España. 8/11/1920. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

Algunos periódicos no llegaron a publicar la noticia hasta el día 8, como La Correspondencia de España, que sólo dedicó una breve reseña, con un crítico comentario: “Si D. Arturo Soria hubiese nacido en otro país, habría tenido una gran fortuna, y acaso la nación entera le habría ayudado en sus empresas. Aquí no pudo lograr otra cosa que vivir en continua lucha, pudiendo decir que si hizo la Ciudad Lineal, fué riñiendo cada día una batalla y siendo combatido a diario en vez de ser ayudado sin regateos ni discusiones”. Más breve aún es la noticia publicada por el diario monárquico La Época, que incluye un fugaz esbozo biográfico de Soria, de similar extensión a la necrológica dedicada a un teniente coronel de la guardia civil.

El Imparcial. 9/11/1920. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

En la prensa del día 9 se da noticia del entierro del urbanista en el Cementerio Civil de Madrid. Así lo hace en un breve el importante diario, ya entonces en decadencia, El Imparcial, que destaca la presencia de miembros de la CMU, la compañía fundada por Soria, autoridades, empresarios, periodistas y vecinos de la Ciudad Lineal, aunque sin dar nombres. En La Acción, diario monárquico y católico, se destaca la multitudinaria manifestación de duelo y se reflexiona sobre el escaso respaldo recibido por el proyecto de la ciudad lineal: “Por falta de apoyo, que debió prestarle, no sólo Madrid, sino España entera, no llegó a desarrollar el señor Soria magnos proyectos concebidos con una extraordinaria clarividencia, y no solo esto, sino que fué combatido con verdadera saña, inexplicable, que en los últimos años de su vida le sumieron en el dolor y el desaliento”.

El País. 9/11/1920. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España
El País. 9/11/1920. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

Fue de nuevo El País el único diario que trató extensamente el entierro y uno de los pocos que indica que se realizó en el Cementerio Civil. Se destaca la sobriedad del acto, siguiendo los deseos de Soria, que fue enterrado junto a su amigo Eduardo Benot, también por voluntad del finado. La sencilla capilla ardiente se formó en la oficina de Soria y el féretro se cubrió con la bandera de España; se colocó el poliedro inventado por don Arturo en su cabecera. El ataúd fue llevado a hombros por toda la Ciudad Lineal a lo largo de 5 kilómetros hasta Ventas, en compañía de numerosísimas personas “de todas las clases sociales”, según El País. Desde allí el cortejo fúnebre se dirigió hacia el Cementerio Civil, donde Arturo Soria recibió sepultura.

Mundo Gráfico. 10/11/1920. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

Otros muchos periódicos de Madrid, como Mundo Gráfico, El Universo, El Mundo, El Ejército Español, La Voz, El Debate, Hoy, El Parlamentario, La Patria y El Madrileño, dedicaron escuetas necrológicas en los días siguientes al fallecimiento y el entierro.

La Ciudad Lineal. 10/11/1920. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

La Ciudad Lineal, publicación periódica impulsada por Arturo Soria en 1897 como órgano oficial de la Compañía Madrileña de Urbanización y principal herramienta de difusión de las ideas linealistas, sí dedicó lógicamente la primera página completa de su número 711 del 10 de noviembre a “tan triste suceso”. Un año después destinó casi todo el periódico del 10 de noviembre de 1921 a don Arturo, incluyendo un emocionante artículo conmemorativo y una semblanza biográfica, así como un texto póstumo que el creador de la ciudad lineal había dejado escrito.

La Ciudad Lineal. 10/01/1921. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

Un siglo después, Arturo Soria sigue sin ser demasiado conocido popularmente, aunque su diversa obra se ha estudiado en profundidad durante las últimas décadas. Arquitectos y urbanistas de todo el mundo han analizado el proyecto de la ciudad lineal desde que Soria lo dio a conocer y se ha puesto en práctica, con algunas variantes, en diferentes países. Aprovechemos este centenario de la muerte de Arturo Soria para conocer sus ideas y para afrontar los graves problemas de las ciudades del siglo XXI con el ejemplo de su sana ambición, su espíritu humanista y su sentido práctico.


viernes, 2 de octubre de 2020

El maŷlis, un espacio de encuentro y diálogo, en el Museo Arqueológico Nacional

La Unesco incluyó en 2015 el maŷlis en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Lo define así: El maŷlis –que literalmente significa “lugar para sentarse”– es un sitio en el que se reúnen los miembros de las comunidades para discutir eventos y temas locales, intercambiar noticias, recibir invitados, entablar amistades y divertirse. Pese a no ser muy conocido en otros lugares del mundo, el maŷlis es una realidad fundamental en la sociedad árabe-islámica.

Vista del maŷlis recreado en la exposición

La exposición EL MAJLIS DIÁLOGO ENTRE CULTURAS, que se puede visitar en el Museo Arqueológico Nacional hasta el 17 de enero de 2021, recrea uno de estos salones, un espacio abierto, con alfombras en el suelo y asientos junto a las paredes, en torno al cual se muestra una selección de objetos procedentes de la ecléctica colección del Museo del Jeque Faisal Bin Qassim Al Thani, de Qatar (https://fbqmuseum.org/). 

Museo del Jeque Faisal Bin Qassim Al Thani

Estas piezas reflejan la interacción de las civilizaciones, el diálogo entre el pasado y el presente y, como el propio maŷlis, propician la tolerancia, el debate y la ampliación de los horizontes.

Mano de Fátima, procedente de Tánger, Siglo XIX

Los objetos ilustran tres temas: el diálogo entre religiones, la diversidad cultural y la interrelación entre estilos artísticos. Además, el Museo ofrece un amplio programa de actividades en torno a la exposición: http://www.man.es/man/exposicion/exposiciones-temporales/majlis.html.


Plato persa de cerámica vidriada del siglo XI que imita a la porcelana china

viernes, 11 de septiembre de 2020

El Instituto Geográfico Nacional cumple 150 años

Mañana, día 12 de septiembre, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) cumplirá 150 años. Cuando nació, su nombre era el de Instituto Geográfico y Estadístico y fue creado por Real Decreto de 12 de septiembre de 1870 como organismo civil incluido en la Dirección General de Estadística del Ministerio de Fomento, dirigido entonces por José de Echegaray. La nueva institución sustituía a la Comisión de Estadística General del Reino, creada en 1856 y constituida en 1865 como Junta General de Estadística.

Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero, ingeniero militar, nacido en Barcelona en 1825, fue su primer director y permaneció en el cargo hasta 1889. La misión del Instituto era la de realizar trabajos cartográficos y estadísticos, como mediciones terrestres, nivelaciones de precisión, triangulaciones topográficas y geodésicas, topografías de mapas, el catastro, así como cuestiones relativas a pesos y medidas.

 

Retrato del general Ibáñez de Ibero

Su primera sede estuvo en el número 8 de la calle Jorge Juan, como recuerda una placa conmemorativa allí situada. Posteriormente pasó por las dependencias del Ministerio y actualmente se encuentra en el número 3 de la calle que lleva el nombre del primer director de la institución.

 

Lápida conmemorativa situada en la C/ Jorge Juan nº 8

El edificio actual fue diseñado en 1922 por Jerónimo Pedro Mathet, arquitecto que otorgó a la sede un aspecto historicista, de resonancias escurialenses y evocador del barroco madrileño, como era habitual en la arquitectura pública del reinado de Alfonso XIII. Sin embargo, la sede, cuya construcción se dilató en el tiempo, acabó teniendo un aspecto más moderno, próximo al racionalismo.

Jerónimo Pedro Mathet. Proyecto para el Instituto Geográfico. La Construcción Moderna, 1922

 

 

Aspecto actual de la sede del Instituto

En 1873, durante la Primera República, se suprimió la Dirección General de Estadística y se creó la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, dependiente directamente del Ministerio de Fomento. En 1875 el Instituto comenzó la publicación del "Mapa Topográfico Nacional", con el plano de Madrid, a escala 1:50.000, uno de sus primeros trabajos de importancia, al que siguieron otros en años sucesivos, como el mapa de España a escala 1:1.000.000, la Reseña geográfica y estadística de España, un detallado estudio sobre geografía económica y social española y la participación destacada en el proyecto europeo de unión geodésica y astronómica de Europa con África.

Primera hoja del Plano Parcelario de Madrid a escala 1:2.000. Instituto Geográfico y Estadístico. 1872-1874

Para los que nos dedicamos a investigar la historia de Madrid, el plano de la ciudad editado entre 1872 y 1874 por el Instituto Geográfico y Estadístico a las órdenes de su primer director y fruto de los trabajos del Cuerpo de Topógrafos, es un documento imprescindible que destaca por su extraordinaria precisión. Puede considerarse como uno de los primeros planos modernos de Madrid, con una exactitud y perfección extraordinarias. El plano de Ibáñez de Ibero recoge el casco histórico de Madrid e incluye el primer desarrollo del Ensanche. Está formado por 16 hojas de gran formato, lo que permite una representación muy precisa de la ciudad.

Primera hoja del Mapa Topográfico Nacional: hoja 559 Madrid a escala 1:50.000. Instituto Geográfico y Estadístico. 1875

Ibáñez de Ibero falleció en 1891, dos años después de dejar su cargo al frente del Instituto. Muy cerca de la sede del IGN, en la avenida de la Reina Cristina, se encuentra un monumento que recuerda a su fundador.


El Instituto ha abierto un Portal sobre la celebración de los 150 años que recomendamos visitar. Desgraciadamente, la situación sanitaria a afectado a la programación de actividades y eventos preparados.

Logo conmemorativo 

Actualmente, el IGN está adscrito al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y continúa desarrollando diversas actividades de gran importancia, como la información sísmica, la vigilancia volcánica, la observación del territorio, la realización de ortofotos, la elaboración de información geográfica y cartográfica y su puesta al servicio de los ciudadanos, la realización de observaciones astronómicas, la elaboración de trabajos geodésicos y otras muchas.


martes, 18 de agosto de 2020

La iglesia de Santa Matilde y su decoración cerámica

En el barrio de Prosperidad, en el nº 166 de la calle de López de Hoyos, esquina a la de Santa Hortensia, se encuentra la parroquia de Santa Matilde. Se trata de un edificio que forma parte de un conjunto más amplio, un antiguo grupo escolar, hoy reutilizado como oficinas de Cáritas Diocesana tras una profunda reforma y ampliación que concluyó en 2018.

Fachada de la parroquia de Santa Matilde

El arquitecto Ignacio de Aldama Elorz finalizó en 1930 la construcción del complejo educativo que se inauguró el 7 de junio, “bajo la presidencia de Su Majestad el Rey”, según el nº 427 de la Revista Católica de Cuestiones Sociales, publicado en julio de 1930 (págs. 53-54). El diario La Época del 7/6/1930, página 4, informa de que acompañaron a Alfonso XIII los ministros de Gobernación e Instrucción Pública, el director general de Primera Enseñanza, el obispo de Madrid-Alcalá, el gobernador civil y el alcalde de Madrid, así como miembros del Patronato de la Fundación, además de otras personalidades.



 Zócalo cerámico del atrio de la iglesia con el escudo de Madrid

La obra, iniciada en 1928, había sido patrocinada por Pilar de la Mata Martínez, impulsora de una fundación en 1907 con finalidad social y educativa, y se construyó en terrenos de su propiedad. Según una reseña sobre su inauguración publicada en La Construcción Moderna, nº 11, 15-VI-1930, pág. 175, el coste total del grupo escolar fue de 1.250.000 ptas.


 

Detalle del escudo de Madrid

Las instalaciones estaban organizadas en dos volúmenes independientes de dos plantas, uno para niñas y otro para niños, cada uno con su propio patio, además de otro edificio para vivienda de profesores. Según el citado número de la Revista Católica de Cuestiones Sociales “su superficie es de 5.350 metros cuadrados, y está situado en uno de los lugares más sanos de la barriada y es capaz para dar en él instrucción a 150 niños y otras tantas niñas, y en él han sido perfectamente separadas todas las instalaciones para cada sexo”. Se dice además que “hay dos magníficos comedores, dos salas de baños y duchas, una sala de reconocimiento médico, con instalaciones para determinar la aptitud profesional, un Museo de Ciencias Naturales, Física y Anatomía, y un amplio salón de bibliotecas”. Más adelante se indica que “en los comedores se dará gratuitamente la comida de mediodía a cincuenta niños de cada sexo”.


Zócalo cerámico del atrio de la iglesia con el escudo real

 Como es habitual en este tipo de fundaciones piadosas, la capilla estaba situada en el centro del edificio y, según la Revista Católica “es lo mejor de él: a su cargo hay dos capellanes. Esta capilla será abierta al culto de los vecinos todos los domingos, con lo que se viene a satisfacer una verdadera necesidad, dada la escasez de templos que hay en aquel lugar”. La Construcción Moderna no duda en calificar la obra como “magnífica”.


 

Detalle de cartela con escena caballeresca

El colegio funcionó hasta finales de los años 60. Actualmente los edificios de la Fundación Pilar de la Mata han sido reformados y ampliados para acoger oficinas de Cáritas Diocesana, salvo la capilla, que desde 1966 es la iglesia parroquial de Santa Matilde. En el atrio o vestíbulo de la iglesia se conservan los zócalos originales de cerámica, con la firma de Ángel Caballero, que trabajó en el taller de Enrique Guijo de la calle Mayor al parecer como contable y que luego se apropió del mismo. Encontramos también su nombre en la decoración cerámica de otros edificios de Madrid.


 

Fachada del antiguo colegio con la imagen de la Virgen del Pilar 

Son dos composiciones simétricas, una situada a la izquierda y otra a la derecha de la puerta de la iglesia. En el centro de uno de ellos encontramos el escudo real y en el otro el de Madrid, ambos rodeados por adornos vegetales y grifos de estirpe plateresca. En los laterales se encuentran sendos medallones con efigies de personajes masculinos vestidos como guerreros antiguos y cartelas con escenas caballerescas o bélicas de ambientación medieval, entre exuberantes palmetas y rebosantes fruteros. Las composiciones son muy coloristas, con fondo azul y dominio de motivos dorados y remiten a modelos platerescos y barrocos. Por otra parte, en la fachada de uno de los edificios del antiguo colegio se conserva otro panel cerámico, muy vertical, con la imagen de la Virgen del Pilar, también con la firma de Ángel Caballero.

 

miércoles, 1 de julio de 2020

El rebollo del Palancar

El rebollo o melojo (quercus pyrenaica) es un árbol de la familia de las fagáceas. Se trata de un roble adaptado a un clima mediterráneo continentalizado, capaz de soportar inviernos más fríos y veranos más cálidos que los que se asientan en territorios de clima oceánico. El fino terciopelo de sus hojas, que poseen unos lóbulos muy profundos, le ayuda a protegerse de los ardientes rayos del sol estival y de las heladas primaverales. Dichas hojas son simples y caducas, sus flores crecen en pedúnculos colgantes y su fruto es la bellota.

Los rebollos se pueden encontrar sobre buena parte de los suelos silíceos de la Península Ibérica por encima de los 400 metros de altitud. En el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama se asientan numerosos ejemplares, algunos de ellos catalogados como singulares. En el término municipal de Rascafría, muy cerca de la carretera M-611, que une dicha localidad con Miraflores, concretamente a la altura del kilómetro 25,800 se encuentra uno de ellos, conocido como el rebollo del Palancar.  Está a pocos metros del Refugio Juvenil del mismo nombre y se accede a él a través de una pista y tras cruzar una cancela. A casi 1.400 metros sobre el nivel del mar y en medio de un prado, se eleva majestuoso este ejemplar catalogado como árbol singular de la Comunidad de Madrid con el nº 318. A menudo los rebollos forman rodales enmarañados, pero el del Palancar se alza aislado, dominando el paisaje, lo que le hace muy especial. Su tronco recto, su copa ancha, irregular pero armónica y muy ramificada y su abundante frondosidad componen una estampa monumental.

Foto: Martín Juez García, 25/06/2020   instagram.com/axoloty.cr2

El rebollo del Palancar tiene una edad aproximada de 120 años, pero sus ramas verticales demuestran que se trata de un individuo todavía joven, en proceso de crecimiento. No obstante, es uno de los ejemplares de esta especie de mayor porte que se pueden encontrar en la Comunidad de Madrid, puesto que supera los 3 metros de perímetro y los 15 de altura. Su presencia evoca la atávica veneración hacia el roble, al que se atribuía un carácter mágico y que encarnaba fuerza, longevidad y protección para nuestros antepasados. Objeto de culto, referente de rituales, testigo de juramentos, ritos de paso y decisiones comunitarias, el roble atrae al rayo y por eso se convirtió en árbol consagrado a Zeus.


jueves, 4 de junio de 2020

Gracias

Durante los momentos más difíciles de la crisis derivada del Covid-19 hemos contado con el apoyo de la Asociación de Amigos del Palacio de Boadilla del Monte y la Asociación Cultural Amigos del Arte Los Caprichos, que han mantenido los cursos que comenzamos con ambas en el mes de octubre de 2019 y que terminaremos este mes de junio. Con flexibilidad, actitud constructiva y mucho entusiasmo han hecho posible la continuidad de las sesiones a distancia, a través de los medios digitales. L@s alumn@s se han adaptado muy bien a la situación y hemos podido, pese a las difíciles circunstancias, seguir adelante. Por eso queremos agradecer a todos su actitud y compromiso, que han sido fundamentales para que la trayectoria de Atacama Servicios Culturales no se detenga.

Asimismo, queremos dar las gracias a todos los particulares que han respondido a alguna o a todas las propuestas de nuestros diferentes cursos online, su apoyo ha sido fundamental en estos tiempos en los que hemos sufrido la suspensión de una programación muy amplia que habíamos preparado con mucho trabajo. De todo corazón, muchas gracias por vuestro apoyo económico y moral a todos los que estáis participando en los cursos a distancia.   

jueves, 23 de abril de 2020

Un Día del Libro inolvidable

En estos días de dolor, miedo y confinamiento, la cultura emerge como un salvavidas. Los libros nos acompañan, como siempre, pero en esta ocasión no podemos agradecer a sus autores todo lo que nos aportan, como hacemos siempre todos los 23 de abril. O al menos, no podemos hacerlo del mismo modo.

Sirva este vídeo de modesto homenaje a los que han creado en Madrid a lo largo de los siglos y que han tenido en la ciudad, ahora paralizada, su inspiración (haz click en la imagen): 




martes, 25 de febrero de 2020

Concepción Arenal: doble conmemoración


Atacama participa en las celebraciones del Día Internacional de la Mujer 8 de marzo de 2020 dentro de las actividades programadas por las Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid en torno a dicha conmemoración. Concretamente hemos preparado una conferencia y un itinerario guiado que tienen como protagonista a Concepción Arenal, de cuyo nacimiento celebramos este año el segundo centenario.


La Biblioteca Elena Fortún (Retiro) nos ha propuesto realizar una actividad que tiene como objetivo fomentar el conocimiento de esta gran precursora de la igualdad de género. La conferencia Concepción Arenal, una mujer a contracorriente será el martes 3 de marzo a las 18:30 h. Más información: aquí.

Por otra parte, la Biblioteca Regional nos invita a participar en la doble conmemoración del Día de la Mujer y del centenario de la pensadora y activista gallega mediante el itinerario Concepción Arenal en Madrid, que realizaremos tres miércoles, el 4 y el 11 de marzo, ambos días a las 17 h. y el 18 de marzo a las 11 h.

jueves, 30 de enero de 2020

“Odia el delito y compadece al delincuente”


El 31 de enero de 1820, hace exactamente 200 años, nació en la localidad coruñesa de Ferrol Concepción Arenal, autora de la frase que da título a esta entrada. Fue una mujer extraordinaria, que destacó en distintos campos y que tuvo que vencer muchas dificultades para ser independiente y poder desarrollar sus numerosas inquietudes.

Le marcó el heroico ejemplo de su padre, fallecido en prisión cuando Concepción tenía sólo nueve años, condenado por sus ideas liberales en plena tiranía de Fernando VII. También la oposición de su madre a que estudiara más allá de los rudimentarios conocimientos que necesitaba en su época una joven de buena familia. Pero superó todos los obstáculos y estudió la carrera de Derecho, al principio vestida de hombre, pero una vez descubierta, aceptada en la Universidad Central de Madrid, si bien no pudo matricularse por su condición de mujer, por lo que nunca obtuvo el título correspondiente.

 Fotografía del Servicio Histórico Municipal. C. 1934. Monumento a Concepción Arenal en su ubicación original en el parque del Oeste. Actualmente se encuentra en el ángulo formado por los paseos de Rosales y Moret.
Museo de Historia, Madrid

Se casó en 1848 con el abogado y periodista Fernando García Carrasco, que no puso obstáculos al desarrollo de la vida profesional de Arenal. Con su marido, Concepción, de nuevo disfrazada de hombre, acudía a las tertulias del madrileño café Iris, situado en el pasaje del mismo nombre que discurría entre la calle de Alcalá y la carrera de san Jerónimo.

Arenal sobresalió como escritora, una de las más importantes de la España del siglo XIX. Desde los años 50 hasta el final de sus días, en 1893, publicó obras literarias de géneros diversos, artículos en los principales diarios y revistas, además de numerosos ensayos.

Cabecera de La Voz de la Caridad

Otro de los ámbitos en los que Arenal llevó a cabo una labor encomiable fue en el terreno de la política penitenciaria. Entre 1864 y 1865 fue visitadora de prisiones femeninas, la primera mujer que ostentaba este cargo, pero fue cesada por sus ideas progresistas. En efecto, defendió reformas del código penal y del sistema de prisiones, la reinserción de los presos y la abolición de la esclavitud en las colonias españolas desde posiciones próximas al krausismo y publicó numerosas obras al respecto. La Revolución del 68 la designó inspectora de Casas de Corrección de Mujeres y mantuvo su cargo durante cinco años, aunque con un creciente escepticismo ante la timidez de las reformas impulsadas durante el Sexenio. Denunció enérgicamente la terrible situación de prisiones y hospicios en La Voz de la Caridad, periódico fundado por ella con apoyo de importantes mujeres y hombres de la época.

Asimismo, Arenal destacó como promotora de acciones benéficas, desde una perspectiva católica y reformista. En este sentido, fue muy importante su amistad con el violinista Jesús de Monasterio, hombre piadoso, fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Arenal instituyó la sección femenina de dicha sociedad en 1859 y ya no abandonó nunca el trabajo humanitario. Impulsó, con otras personalidades de la época, la Constructora Benéfica, que aún hoy sigue funcionando integrada en Cáritas. También trabajó denodadamente en la organización de la rama femenina de la Cruz Roja.

Fue además una activista a la que se considera pionera del movimiento feminista en España. A modo de ejemplo puede mencionarse su ensayo La mujer del porvenir, donde Concepción defendía el derecho de la mujer a la educación y criticaba las teorías que afirmaban la superioridad del hombre según criterios biológicos. En 1860 publicó el ensayo La beneficencia, la filantropía y la caridad con el nombre de su hijo Fernando, el único de los tres que llegó a la edad adulta, y obtuvo el premio de la Academia de Ciencias Morales y Políticas; cuando la Academia descubrió la identidad de la verdadera autora acabó otorgando el premio a Concepción, pese a que no había precedentes de mujeres galardonadas. Durante el Sexenio Revolucionario se entregó a la cuestión de la educación de la mujer y se relacionó con krausistas como Fernando de Castro, Francisco Giner de los Ríos, y Gumersindo de Azcárate. Publicó obras sin precedentes en España que abogaban por una verdadera revolución en la formación de las mujeres y defendió su capacidad intelectual. Fue muy crítica con la actitud pasiva de la mayor parte de las mujeres de la burguesía de su tiempo.


Arenal fue, en definitiva, una mujer que nos ha dejado un riquísimo legado, poco conocido, que la celebración del segundo centenario de su nacimiento debería recuperar. Luchadora, inteligente, ambiciosa en el mejor sentido de la palabra, defensora de causas difíciles y justas, fue criticada por su fe católica tanto como por su progresismo. En cualquier caso, sus ideas sirvieron para mejorar la España del siglo XIX. La biografía escrita por Anna Caballé, Concepción Arenal, la caminante y su sombra, fue galardonada el año pasado con el Premio Nacional de Historia de España y es un excelente medio para acercarse a la pensadora y activista gallega. Toda su obra está disponible en la biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

sábado, 4 de enero de 2020

4 de enero de 1920: Ha muerto el patriarca de las letras españolas


Así titulaba el diario El Imparcial a toda página, con el antetítulo “Duelo nacional”. “Esta madrugada a las tres y media se extinguió la gloriosa vida de D. Benito Pérez Galdós”, informaba en el subtítulo. Un magnífico dibujo de Salvador Bartolozzi centra la primera página, donde se detalla la noticia, acompañada de una amplia semblanza del escritor que se extiende hasta la segunda del periódico publicado el 4 de enero de 1920.

Portada de El Imparcial, 4/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Toda la prensa de Madrid expresó su dolor por la muerte del gran escritor, aunque se publicaron muy diversas valoraciones sobre su figura y su obra. En El Sol, Clarín, Pérez de Ayala y Menéndez y Pelayo le dedicaron elogiosas palabras. En El Liberal, escribieron Unamuno, Ortega Munilla, Gregorio Marañón y Enrique Borrás. La prensa más conservadora se mostró en general respetuosa, pero no ocultó sus desavenencias ideológicas con Galdós. Hombres muy alejados en este sentido de don Benito, como el citado Menéndez y Pelayo o Antonio Maura no ocultaron su admiración por el autor de Fortunata y Jacinta.  Pero algunos escritores, cuyo nombre es mejor no recordar, lanzaron críticas vehementes sobre su compañero. Los diarios recogieron también las manifestaciones de duelo procedentes de otros lugares de España, en especial de las islas Canarias, y del extranjero.

Casi 58 años después de su llegada a Madrid, Benito Pérez Galdós, fallecía en la casa de su sobrino José Hurtado de Mendoza en la calle de Hilarión Eslava, donde había vivido los últimos años de su existencia. La muerte le llegó en la madrugada del 4 de enero de 1920, cuando tenía 76 años. En los últimos días le acompañaron, además de su sobrino, su hija María, su yerno Juan, su secretario, su criado y algunos otros allegados.

Apuntes del cadáver de don Benito, publicados en El Liberal, 5/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Apunte del cadáver de don Benito, publicado en El Sol, 5/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Los problemas de salud del escritor se habían iniciado a principios del siglo XX y agravado poco después con la ceguera, causada por una enfermedad neurológica, a la que se sumaron la arterioesclerosis y la hipertensión. Galdós entonces se recluyó y vivió los últimos años en la soledad y el silencio y su figura fue cayendo en el olvido. Desde el verano de 1919 no volvió a salir a la calle y recibía en casa las atenciones del doctor Marañón.

La capilla ardiente se instaló en el despacho de don Benito, en la planta baja del hotel de Hurtado de Mendoza. El cadáver, cubierto con la bandera nacional y a los pies de un gran crucifijo, permaneció todo el día 4 de enero en el edificio, hoy desparecido, pero recordado mediante una placa instalada en un moderno inmueble en el número 7 de la calle de Hilarión Eslava.


Pasaron por el domicilio numerosas personas, entre ellas “el general de ingenieros señor Rodríguez Mourelo, quien en representación y en nombre del Rey, expresó á la familia el sentimiento que en la Casa Real ha producido el fallecimiento del glorioso autor de los Episodios Nacionales”, según informó La Época. Por su parte, El Imparcial recogió la visita de diferentes personalidades, como el ministro de Instrucción Pública, Emilia Pardo Bazán, el torero Machaquito, ahijado de Pérez Galdós, la actriz Margarita Xirgu, el alcalde de Madrid, el escritor Jacinto Benavente, los hermanos Álvarez Quintero, así como “significadas damas de la aristocracia, modestas obreras y obreros” y, en definitiva, “todo Madrid”. La mayor parte de los periódicos señalaron que don Benito murió cristianamente, lo que algunos especialistas han puesto en duda o han negado posteriormente.

Galdós fue despedido con admiración y cariño por la ciudad que tanto amó. Miles de personas pasaron por su capilla ardiente formada el día 5 en el patio de cristales de la Casa de la Villa. Según La Época,la inmensa cola que se situaba á la puerta del Ayuntamiento llegaba hasta la Capitanía general”. El diario El Sol del día 6 afirmaba que “nunca como en la mañana de ayer tuvo más justificada su denominación la Casa de la Villa, que invadieron las más genuinas representaciones del pueblo y de la clase media. Ancianos y chicuelos, viejas y mozas, cuyos atavíos revelaban desde la posición más humilde hasta la que permite hollar, sin traspasarlos, los linderos del lujo, penetraban en la segunda Casa Consistorial, sin cortedad ni apasionamiento, con la naturalidad propia de quienes llegan a su vivienda propia”.

El entierro fue sufragado por el Estado. Poco después de las tres de la tarde el cadáver fue transportado a hombros hasta la carroza fúnebre. El desfile recorrió la calle Mayor hacia el este, abierto por la guardia municipal a caballo, seguida por los bomberos y al compás de la música interpretada por la banda municipal, bajo la dirección del maestro Villa. Detrás iban cinco carruajes con las coronas dedicadas al fallecido y las presidencias del duelo con el gobierno en pleno y representantes del Congreso y el Senado, el Ayuntamiento, las reales academias, las universidades, el Ateneo y otras instituciones culturales, la Asociación de la Prensa y la de Autores, la Casa del Pueblo y un gran número de madrileños anónimos. No obstante, se produjeron importantes ausencias, como la de la Institución Libre de Enseñanza y la de los escritores del 98 y de generaciones literarias posteriores, algo que ya señaló hace algunos años Pablo Beltrán de Heredia. Según El Liberal, “entre la masa humara que llenaba la calle Mayor, y en medio del silencio religioso, una voz resonó potente gritando: ¡Viva Galdós! El vítor encontró eco en el gentío, que respondió unánime a aquella manifestación inesperada y sencilla, que tan bien traducía la proclamación de la inmortalidad del hombre excelso”.

También la polémica, que acompañó toda su vida a don Benito, estuvo presente en su entierro, ya que el Gobierno no concedió honores militares al cadáver del escritor, lo que provocó las protestas de los intelectuales y políticos izquierdistas. Los diarios progresistas mostraron su airada repulsa por la tibia, a su juicio, implicación gubernamental en el entierro.

Mundo Gráfico, 7/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Una multitud ocupó la Puerta del Sol al paso del cortejo fúnebre. Margarita Xirgu, entre lágrimas arrojó flores al paso de féretro por el Hotel París. Las juventudes socialistas trataron de hacerse con el control de la carroza fúnebre, lo que provocó enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Los balcones de muchas casas estaban adornados con crespones negros y los comercios de las calles recorridas por el cortejo fúnebre habían cerrado espontáneamente.

La Unión Ilustrada, 15/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Numerosas personas, especialmente mujeres y hombres del pueblo, acompañaron al escritor a pie por la calle de Alcalá hasta la Necrópolis del Este. “Galdós era del pueblo, y nadie, nadie, tan intensamente como el pueblo, ha sentido su muerte”, aseguraba El Socialista en su edición del 5 de enero. Por expreso deseo del anticlerical Galdós, el entierro tuvo lugar en el Cementerio católico de la Almudena, muy cerca del Cementerio Civil, porque el escritor quiso que sus restos reposaron junto a los de sus familiares. Por cierto, Mariano de Cavia había pedido en El Sol que se enterrara a Galdós “en el corazón de Madrid, en una de sus plazuelas, en póstumo y perenne contacto con el pueblo”. Se rezaron sendos responsos en la capilla neorrománica y al pie de la tumba. Tras la sobria ceremonia, las multitudes regresaron a pie hasta la ciudad de los vivos.

Esquela de Galdós, publicada en La Época, 5/01/1920. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España

Un siglo después, no es fácil encontrar la tumba del gran novelista, autor teatral y periodista, ya que no está señalada en el cementerio, las letras de su lápida de granito apenas pueden leerse, desgastadas por el tiempo, y el nombre de don Benito se pierde entre los de otros familiares que le acompañan. Las instituciones políticas y culturales del estado central, como la Biblioteca Nacional y el Instituto Cervantes, las autonómicas de Canarias y Madrid, así como las municipales de Las Palmas y la capital de España han programado numerosas actividades para difundir la obra de Galdós a lo largo de 2020. Y Atacama tiene el honor de contribuir modestamente, pero con gran emoción, a estas celebraciones con nuestra participación en alguna de las muchas actividades de difusión sobre la obra y la vida del autor impulsadas por la Subdirección General de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid y la Biblioteca Regional.

Pero lo más importante es que el autor canario continúa vivo a través de sus muchos lectores actuales, que un siglo después de su fallecimiento seguimos conmoviéndonos, disfrutando y aprendiendo con y de sus personajes, tan reales, que tenemos la impresión de que vamos a encontrarnos con alguno de ellos al doblar la esquina de una calle cualquiera de Madrid.