EL PLACER DE LA CULTURA

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sábado, 28 de agosto de 2021

Presentación del libro “Una voz en el desierto”

En 2013 comenzó una aventura apasionante. Una visita a la misión de los oblatos me puso en contacto con la situación del Sáhara Occidental, territorio español hasta 1975. Viendo a los tres misioneros que permanecen allí, me sorprendió saber que cuando todos los españoles se marcharon solo ellos se quedaron. La Iglesia (Roma), les pidió permanecer y ellos asumieron el riesgo de hacerlo.

A lo largo de los 10 días que duró el viaje por el territorio surgió la inquietud de recoger los testimonios de los misioneros que pasaron por allí y, posteriormente, la necesidad de hablar con los saharauis, testigos principales de su vida cotidiana.

El libro recoge las entrevistas realizadas, tanto en el Sáhara como en España, entre los años 2013 y 2018, así como toda la documentación depositada en el Archivo Provincial de los Oblatos desde que se inicia la misión en el año 1954.

Este mes de junio, aprovechando la visita de Chicho Rois, superior de la misión, se ha realizado la presentación del libro en Madrid, Valladolid y Málaga.  



Más información en:

“Nosotros OMI”: https://nosotrosomi.blogspot.com/2021/07/presentacion-del-libro-una-voz-en-el.html

OMI World: https://www.omiworld.org/es/2021/03/30/una-voz-en-el-desierto-la-mision-de-los-oblatos-en-el-sahara/


Enlace de la presentación en la parroquia de San Leandro, Aluche (Madrid):

https://www.youtube.com/watch?v=MtILXz6l9pc


Los libros se pueden pedir al Archivo Provincial de los Oblatos en Pozuelo (Madrid) : archivoprovincialomi@gmail.com

 

Beatriz García Traba


miércoles, 22 de agosto de 2018

El arte rupestre del Sahara Occidental en la Vitrina Cero del Museo Arqueológico Nacional

Hasta el 30 de septiembre se puede ver en el Museo Arqueológico Nacional una selección de sus colecciones procedentes del antiguo Sáhara español en la llamada Vitrina Cero. Se trata de un espacio situado en la entrada del museo en el que de manera rotativa se muestran piezas y temas singulares, que complementan y enriquecen la exposición permanente. Y en este verano podemos ver en ella objetos reunidos cuando el citado territorio se encontraba bajo la administración española. La mayoría proceden de la colección del profesor Julio Martínez Santa-Olalla, que dirigió expediciones en Saguía el Hamra (as-Sāqīya al-Hamrā´), el territorio septentrional del Sáhara Occidental en los años 40 del siglo pasado. El Estado Español adquirió a sus herederos en 1975 dichas piezas, que se conservan en el Museo Arqueológico.


Se trata de seis losas grabadas con técnicas como el piqueteado, la abrasión y la incisión que presentan motivos zoomorfos, como leones, elefantes o antílopes en las etapas más antiguas y bóvidos en tiempos más recientes, que se relacionan con la ganadería. Todas están fechadas entre el final del Paleolítico y la Baja Antigüedad, pero la mayoría se limitan al Neolítico y son un testimonio de un pasado mucho más húmedo que el momento actual. Desde el punto de vista formal, cabe señalar que los ejemplos más remotos tienen un marcado carácter naturalista, pero progresivamente se fue imponiendo un estilo más esquemático.



jueves, 20 de febrero de 2014

Cuando el Sáhara era una verde sabana


A unos 15 kilómetros al oeste de Smara, en el Sahara Occidental, se encuentra un conjunto de sorprendentes grabados rupestres, conocidos en España desde los años 60 del pasado siglo gracias a la curiosidad del comandante de aviación Emilio Herrera. Están situados en un lugar llamado Uled Boukersh, en la margen derecha de un uadi, o cauce seco; se distribuyen a lo largo de un amontonamiento de piedras lisas y negras, características de la zona, que se extienden a lo largo de centenares de metros, semicubiertas por la arena.

Se trata de relieves ejecutados con diferentes técnicas. Tal vez los más bellos sean los realizados con línea incisa y continua, de características similares a otros del noroeste africano. Todos ellos se encuentran a la intemperie y sometidos a la erosión del desierto, aunque en las proximidades se ha construido un pequeño y sencillo museo que guarda algunos relieves y otros tesoros de tiempos remotos.

Vista parcial de la margen derecha del uadi con las rocas que incluyen grabados. Al fondo el edificio del Museo (julio 2013, foto de Beatriz García).
 
Los grabados, estudiados hace ya casi 50 años por el Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander, representan animales, fácilmente identificables, aunque tratados de un modo esquemático: elefantes, antílopes, avestruces, jirafas, gacelas, etc. Se trata, por lo tanto, de una fauna propia de un clima y un paisaje muy diferente a los actuales.

 
Bóvido mirando hacia la derecha en una laja fragmentada por la erosión (julio 2013, foto de Beatriz García)
 

Un bello ejemplar de órix (julio 2013, foto de Beatriz García)
 
 Parecen ser representaciones asiladas e independientes, pero a veces podemos encontrar pequeñas escenas grabadas en la roca. Por ejemplo, la que muestra a un grupo de avestruces orientados hacia la izquierda; tal vez el mayor tamaño de uno los animales pueda indicarnos que se trata de una madre con dos crías.
 
Un grupo de avestruces (julio 2013, foto de Beatriz García)
 
No es fácil fechar estas obras, pertenecientes seguramente a una época neolítica remota, que los especialistas sitúan en un amplísimo abanico ente los años 8000 y 3000 a. de C. Pero más difícil aún es tratar de explicar la función original de estos grabados o deducir cuál pudo ser la motivación que llevó a aquellos hombres del pasado a realizar estas obras. Muchas veces nos sentimos movidos a reconocer en ellos símbolos mágicos, tal vez en relación con la caza, o bien a buscarles un sentido religioso o mitológico, o, por qué no, un simbolismo clánico. Creo que no puede descartarse tampoco una función meramente estética, pese a que en ocasiones nos cueste atribuir al hombre prehistórico una capacidad artística.

 
El desierto del Sahara en las proximidades de Smara (julio 2013, foto de Beatriz García)
 En cualquier caso, la ubicación de los grabados en un paraje tan bello como desolador evoca tiempos lejanos con un clima menos extremo y mucho más húmedo y un paisaje de sabana de gramíneas con abundante fauna. Otros hallazgos en forma de grabados, pinturas rupestres, geoglifos y cerámica en lugares muy alejados entre sí dentro del enorme Sahara confirman el cambio climático sufrido en esta zona en los últimos 10.000 años.  En efecto, el final del último periodo glacial, hacia el 8000 a de C., dio lugar a una fase húmeda en el actual Sahara, que fue poblado por comunidades neolíticas como las que llevaron a cabo estos relieves. Al parecer, unos 2000 años después se inició un progresivo cambio climático que provocó un aumento de las temperaturas y una disminución de las lluvias, de manera que la sabana fue dejando paso, poco a poco, al desierto que hoy reina sobre el antiguo Sahara Español. 

 

miércoles, 16 de octubre de 2013

La alcazaba de Smara


Hasta hace poco más de medio siglo, el pueblo saharaui ha sido nómada, por lo tanto, la arquitectura era para los habitantes del desierto completamente innecesaria e incompatible con su forma de vida. Sin embargo, en la ciudad santa de Smara se encuentra una importante edificación, la más antigua del Sahara Occidental, debida a un hombre realmente extraordinario. Se trata de la alcazaba erigida por iniciativa del sheij (es decir, jeque, o guía espiritual) Ma al-Aynin, en realidad llamado Muhammad Sid al-Mustafa, pero conocido por el sobrenombre que le puso su madre y que puede traducirse como Agua de los Ojos.

 
Puerta occidental de la Alcazaba de Smara (julio de 2013)

 Ma al-Aynin nació hacia 1830, seguramente en territorio del actual Mali, y era hijo de un importante señor tribal; sabemos que estudió en Marrakech y que realizó en 1858 la preceptiva peregrinación a La Meca junto a uno de los hijos del sultán, Muley Abd al-Rahman, lo que demuestra sus buenas relaciones con la corte. A su regreso al Occidente de África, poco a poco fue ganando fama de hombre santo y sabio y el sultán de Marruecos lo nombró su representante en el territorio del Sahara.

Cuentan que en 1898 Ma alAynin acampó cerca de la tumba del fundador de una de las principales tribus saharauis, la de los Arosian, llamado Sid Ahmed Larosi. Recibió importantes donaciones que le convirtieron en rico y poderoso. Y en aquel lugar, donde abundaba el junco, y por tanto, el agua, y con la colaboración de los sultanes marroquíes y el trabajo de numerosos seguidores beduinos, fundó la primera ciudad del desierto occidental, Smara, que significa precisamente “junco” en lengua hassaniya, la variedad del árabe que hablan los saharauis.


Plano del Sáhara Occidental, con la ciudad de Smara señalada 
 
Ma al-Aynin erigió un edificio que era alcazaba (es decir, residencia fortificada), y también zawiya (escuela religiosa o monasterio), en Smara, alrededor de la cual se instalaron miles de jaimas. El edificio, que fue su morada, sigue en pie, y es el principal ejemplo del escaso patrimonio saharaui anterior a los españoles, que no llegaron a controlar esta ciudad situada a más de 200 km hacia  el interior del territorio del Sahara Occidental hasta los años de la II República.

En la alcazaba de Smara Ma al-Aynin recibía en audiencia a todo el que se le acercaba y le ofrecía su sabiduría, consejo, justicia o consuelo. Todas las tribus querían emparentar con él, por lo que se casó con numerosas mujeres y fue padre de innumerables hijos. Reunió una gran biblioteca, verdadero oasis de libros en el desierto, entre los que se encontraban un buen número de obras escritas por él.

Desde Smara el sheij congregó a numerosas tribus en torno a un proyecto de sedentarización y de resistencia ante la presencia extranjera en la zona, fundamentalmente dirigida a Francia, ya que España se limitaba a controlar la costa de su territorio. De este modo, en 1910 Ma al-Aynin declaró la Guerra Santa a los colonizadores franceses, presentes en el norte marroquí y en el sur mauritano, pero ese mismo año falleció en Tiznit, donde está enterrado. Sólo tres años más tarde un batallón francés ocupó y destruyó parcialmente Smara, lo que provocó las protestas de España, ya que la ciudad se hallaba en el Sahara español.

Cincuenta años después Julio Caro Baroja dedicó a Ma al-Ainin el estudio titulado “Un santón sahariano y su familia”, dentro de su imprescindible obra Estudios Saharianos (1955), para lo cual el antropólogo entrevistó a varios hijos del jeque y a otras personas que lo conocieron, visitó Smara y estudió diversos documentos.

Letrero conmemorativo de la fundación de la mezquita de la alcazaba de Smara por Ma al-Aynin en 1898 (1316 H.) (julio de 2013)
 
La alcazaba, de planta cuadrada ligeramente irregular, con lados de unos 60 m. de longitud, mantiene sus muros exteriores, construidos con la característica piedra oscura de Smara y barro. En el centro se encuentra la zawiya, un edificio cupulado donde el sheij recibía a los visitantes, enseñaba, administraba justicia y escribía. Alrededor de él se encuentran las estancias privadas de Ma al-Aynin y de sus cuatro esposas legales, además de otras construcciones, como un hammam (baño), establos, viviendas para los esclavos, etc.

Extramuros se encuentra una mezquita inacabada, que parece evocar, de forma simplificada, la austera belleza de los oratorios almohades, rasgo no exento de connotaciones políticas. Pueden verse algunos arcos de herradura sobre pilares, todo ello de piedra vista, situados a la derecha del mihrab, que parece conservar el eco del legendario Ma al-Aynin.


Vista de la mezquita inconclusa de la alcazaba de Smara (julio de 2013)

 
 

viernes, 9 de agosto de 2013

Cuaderno de campo: Visita al Sáhara Occidental

3 de julio de 2013

Emprendemos viaje al Sáhara Occidental.

Destino: Aaiún

Cuando en julio de 2012 surgió la invitación de manera espontánea para visitar la misión que los religiosos oblatos mantienen en el desierto desde el año 1954 no fuimos conscientes de la realidad a la que nos enfrentábamos.

El viento, la arena y la soledad del desierto han ido conformando una situación dura tras la ocupación marroquí del año 1975 que ha dejado a los saharauis y a los misioneros en una posición difícil.

Tras llegar al aeropuerto con David (misionero oblato del barrio de Aluche)  las primeras horas en la misión se convierten en un baño de realidad. Una cena organizada por los dos oblatos que se encuentran allí, Mario y Valerio nos presentó una buena radiografía de lo que íbamos a encontrar a partir de ese momento, ya que acuden varios saharauis amigos de la comunidad, pescadores españoles desplazados, miembros de la Minurso (Misión Internacional de las Naciones Unidas para el referéndum del Sáhara Occidental) y el Depositario de los bienes de la Casa de España. Cada uno con su opinión, su versión y su religión… todos juntos.

Misioneros oblatos: Mario, David y Valerio. Detrás Paco Juez
 
 Mario y Valerio estaban dispuestos a que nos lleváramos, en las dos semanas que íbamos a permanecer allí, una visión lo más completa posible de la situación del Sáhara tras la ocupación: familias separadas, imposibilidad de viajar con libertad al extranjero, represión, una apabullante presencia militar, controles terrestres, vigilancia constante del edificio de la iglesia, la penosa situación en las cárceles y la presencia, ya mayoritaria, de colonos procedentes del norte de Marruecos con el fin de intervenir con su voto en un posible referéndum, en realidad cada vez más lejano.

Pero también los paisajes, las dunas, el calor y la hospitalidad del pueblo saharaui, sus costumbres y tradiciones, su religión. Durante los días que estuvimos pudimos vivir el ramadán, asistir a la ruptura del ayuno con varias familias y participar, como observadores, de la oración de los viernes.

Ruptura del ayuno durante el ramadán en casa de un amigo saharaui
  
Oración de los viernes. Dajla
 
Los oblatos mantienen en la actualidad dos iglesias en el antiguo territorio español: una en el Aaiún y otra en la antigua ciudad de Villa Cisneros, hoy Dajla. Recientemente han recuperado la capilla situada en el puerto del Aaiún y que atendía a los pescadores  desplazados durante la época española.

Iglesia católica del Aaiún

Iglesia del puerto del Aaiún, recientemente recuperada. 
La situación de la iglesia es complicada: no pueden predicar, no pueden canalizar ayuda humanitaria, no pueden bautizar… cualquier actividad se puede convertir en motivo de expulsión. ¿Qué hacen entonces los dos únicos misioneros católicos autorizados para estar en todo el Sáhara Occidental? pues nada menos que ser presencia cristiana y testigos del sufrimiento de un pueblo, acompañarlos y apoyarlos en su día a día, atender a todo aquel que se presente en la puerta de la iglesia, incluida la población marroquí, celebrar misa para los trabajadores de la Minurso y todos aquellos cristianos (evangélicos, luteranos, anglicanos y católicos) que por motivos de trabajo se encuentran en la región.

Iglesia católica de Dajla
La iglesia de Dajla (a 6 horas en coche desde el Aaiún) tiene a su vez una situación especial ya que la persona encargada de su custodia y mantenimiento es Mohamed Fadel Semlali, más conocido como Bu, un sahuaraui musulmán que también preside la Asociación de Discapacitados de Dajla , con la que la Iglesia colabora en la formación de parte del personal saharaui que atiende a los niños discapacitados de la zona, mayoritariamente marroquíes.

Centro de discapacitados de Dajla presidido por Bu
En definitiva un viaje que nos enseñó a rezar mientras oíamos la llamada a la oración del muecín, a compartir con los más olvidados por la comunidad internacional, a escuchar su lamento silencioso y silenciado durante casi 40 años, a estar atentos a la rabia con la que están creciendo las generaciones jóvenes y a ver una iglesia comprometida y abierta que ha sellado una alianza con el pueblo saharaui que dura ya  60 años.

 

Duna blanca. Dajla
 
Más información sobre la Prefectura Apostólica del Sáhara Aquí
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