EL PLACER DE LA CULTURA

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martes, 5 de abril de 2011

Se inaugura el renovado Palacio de Comunicaciones

Un conocido pasaje del libro de Ramón Gómez de la Serna El Paseo del Prado (1920), incluido en Elucidario de Madrid (1931), se ha puesto de actualidad en estos días iniciales de la primavera de 2011.


Afirmaba el gran Ramón que el Palacio de Comunicaciones, rebautizado ahora como Palacio de Cibeles “ha cambiado un poco la fisonomía del Prado y las gentes de su abono”. Recuerda su construcción entre 1905 y 1917: “lo hemos visto crecer, lo hemos visto de primera piedra, o sea como quien dice de niño”. Y aunque “todos se metían con él como pasa con todas las arquitecturas siempre. Pero aún a tiempo fuimos los primeros que dijimos a los amigos ".




Según Ramón, “con este edificio llegaban a Madrid oficialmente las arquitecturas inauditas, ni para Dios ni para la aristocracia pura de antes, sino un poco para el comunismo y señalando la cúspide de la democracia. Es esta arquitectura de tipo híbrido y razonable al mismo tiempo, la cosa moderna y estrafalaria, que, sin embargo, caracteriza a Madrid, y más que nada le caracterizará en el porvenir”.

Continúa Gómez de la Serna que “con los edificios modernos nos indignamos. Mal hecho. Eso es ser tan ultramontanos como los hombres oscuros que abominamos. Hay que ver a esos edificios en la hora en que se abren, como los girasoles, la hora en que están más en pompa, frente a un cielo maravilloso, la hora en que cogen la hora de Madrid”.



Al final del artículo Ramón profetiza: “Ya todo el edificio está hormigueado, y la hormiga humana no le dejará. Su destino puede hasta mejorar, y es probable que en lo futuro sea el ministerio de la Gobernación de los nuevos movimientos. Los nuevos Poderes quizás le usurpen el local en lo futuro; ¡él también usurpó el lugar de los jardines del Buen Retiro!”. En efecto, el Palacio fue construido en el solar de los citados jardines, una especie de parque de atracciones decimonónico.

Además Ramón se refiere a la inauguración del edificio en unos términos que bien pueden aplicarse hoy: “Hasta que, por fin, un día se inauguró, y entramos a verlo. Fué al atardecer, y se nos hizo de noche dentro. Su interior tenía aspectos contrastantes; de pronto notaba que tenía algo de Teatro de la Música o de Music-hall sin música y sin espectáculo, pero con un aire de espectáculo con el escenario desvanecido, y de pronto también la sensación de barco se acentuaba después en sus adentros y donde hay dos puentes como entre el barco y el desembarcadero. Subimos a la terraza como esperando que desde ella se viera el mundo y los caminos postales universales. Desde tan gran altura se veía la patina obscura que tiene el Prado, la humedad y la abismada condición de paraje del otro mundo que tiene el Prado; se veía el Retiro y sobre las cimeras de los árboles y como sin su alto pedestal, Alfonso XII montado en su caballo sobre una colina natural a ras de nosotros; se veía el ocaso de Madrid, que nadie contempla, como si todos estuviésemos de espaldas a él, y que tiene aberturas y rasgaduras enormes, como escotillas por las que podríamos escaparnos de este mundo, aberturas de la mina hacia la luz dorada; se veían terrazas frías, terrazas de barrio elegante llenas de ropa tendida; se vela ese palacio cerrado con su coronilla de cinc; se veían los tiburones que hay en el fondo…”
Cafetería y sala de lectura con wifi
Todas las fotografías son de nuestro colaborador: Eduardo Escudero de Castro

sábado, 7 de agosto de 2010

El templete de Antonio Palacios en la Red de San Luis

Antonio Palacios, el hombre que transformó el paisaje urbano de Madrid en la primera mitad del siglo XX, fue el arquitecto de la Compañía Metropolitana Alfonso XIII, que inauguró la primera línea del ferrocarril subterráneo madrileño entre Sol y Cuatro Caminos en 1919. Palacios se encargó de diseñar accesos, vestíbulos y decoraciones del Metro, así como los edificios de la empresa entre los años 20 y 30.
  

Los accesos contaban con escaleras y corredores, pero la Compañía quiso que dos estaciones, Sol y Gran Vía, tuvieran una presencia más contundente en la ciudad mediante sendos templetes con ascensor para el ingreso a los andenes. Palacios construyó en la Puerta del Sol un moderno y elegante edificio de hierro y cristal protegido por una amplísima marquesina, que fue desmontado en 1934.
  
  
Pero el segundo, ubicado en la Red de San Luis, se mantuvo durante más tiempo y aún existe, aunque lejos de Madrid y privado de su función original.
  

En efecto, Palacios diseñó para la estación de Gran Vía en 1918 un potente pórtico de granito pulimentado, cerrado por una marquesina de hierro muy volada y ligeramente inclinada. A través de él se accedía a los ascensores, que descendían hasta los andenes, situados a unos 15 metros de profundidad. La fachada principal estaba orientada hacia la Puerta del Sol y la marquesina protegía la cara que daba a la Gran Vía.

  
El templete de la Red de San Luis funcionó como un magnífico emblema de la Compañía y un sugestivo reclamo, original, moderno y cosmopolita, con detalles tan interesantes en su obra pétrea, como las bolas, los leones que flanqueaban el cartel del Metro o el llagado del arco.


 Esta construcción se desmontó en 1970 y hoy se encuentra en un solitario parque del pueblo natal del arquitecto Palacios, Porriño, en la provincia de Pontevedra. Junto a estas líneas pueden verse algunas fotos del templete realizadas en agosto de 2009 en las que se aprecia la desaparición de la marquesina y el rótulo de Metro, así como del escudo de Madrid, que ha sido sustituido por el de Porriño. Están acompañadas de fotografías de diferentes épocas que muestran al edificio en su ubicación original.