EL PLACER DE LA CULTURA

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miércoles, 26 de enero de 2022

Taller fotográfico Paisaje de la Luz

Desde 2018 tengo el placer de impartir el curso Conocer Madrid, organizado por la Asociación Cultural Amigos del Arte "Los Caprichos", en colaboración con la Universidad Popular de Rivas-Vaciamadrid. Cuento con un grupo de alumn@s realmente fantástico, much@s de ell@s matriculad@s desde el principio.

Alternamos las sesiones teóricas en el Centro Cultural Federico García Lorca con las actividades en Madrid. El pasado 15 de enero de 2022 realizamos una sesión fotográfica en el Paisaje de la Luz, el espacio de Madrid que ha pasado a formar parte del Patrimonio de la Humanidad. Este es el resultado: Video Taller fotográfico.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Una Semana dedicada a la candidatura de Madrid a Patrimonio de la Humanidad

Atacama participa otro año más, invitado por las Bibliotecas Públicas de Madrid, en la Semana de la Arquitectura. La XVI edición de este evento se celebra entre los días 30 de septiembre y 7 de octubre, organizada por la Fundación Arquitectura COAM y el Ayuntamiento de Madrid y con la participación de la Comunidad de Madrid. El objetivo de esta plataforma es dar a conocer la historia de la ciudad a través de sus edificios y calles y acercar la arquitectura a la ciudadanía. 



En esta edición, con motivo de la candidatura a Patrimonio de la Humanidad en la categoría de Paisaje Cultural del eje formado por el Paseo del Prado y el Buen Retiro, las Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid ofrecen once itinerarios, siete de ellos diseñados y guiados por Atacama Servicios Culturales. El objetivo de estos paseos es dar a conocer las características de la candidatura y poner en valor el rico patrimonio histórico y arquitectónico de este espacio urbano. En este enlace puede consultarse la programación.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Los desterrados de agosto


Benito Pérez Galdós dejó escrito en su novela La de Bringas un jugoso comentario sobre Madrid en agosto. Sin embargo, el escritor canario solía pasar los veranos lejos de la capital, sobre todo en Santander. La novela, publicada en 1884, revive los meses previos a la llamada Gloriosa Revolución de septiembre de 1868 a través de la historia cotidiana del matrimonio Bringas. Cuando el desarrollo de la trama llega al mes de agosto el narrador señala lo siguiente:

Deslizábanse después de este día, con lentitud tediosa, los del mes de Agosto, el mes en que Madrid no es Madrid, sino una sartén solitaria. En aquellos tiempos no había más teatro de verano que el circo de Price, con sus insufribles caballitos y sus clows que hacían todas las noches las mismas gracias. El histórico Prado era el único sitio de solaz, y en su penumbra los grupos amorosos y las tertulias pasaban el tiempo en conversaciones más o menos aburridas, defendiéndose del calor con los abanicazos y los sorbos de agua fresca. Los madrileños que pasan el verano en la Villa son los verdaderos desterrados, los proscritos, y su único consuelo es decir que beben la mejor agua del mundo.


martes, 18 de abril de 2017

La Fuente de Apolo, según Ramón

Dice Ramón Gómez de la Serna en su Elucidario de Madrid que “El Prado son los Campos Elíseos de Castilla, planicie de aire profundo, de honda serenidad”. Y de esos Campos emergen tres maravillosas fuentes diseñadas por el gran Ventura Rodríguez y dedicadas a Cibeles, Apolo y Neptuno. La que se encuentra en el centro del Salón del Prado, la de Apolo o de las Cuatro Estaciones, corazón físico y simbólico de la composición, “tiene cuerpo o tronco de panteón”, según Ramón. “Los mascarones por los que sale el agua están bien, aunque es doloroso como ver un vómito de sangre ver echar a un mascarón el agua por la boca”.

 Fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones.
Fotografía de Eduardo Escudero. 2015

Según Gómez de la Serna “el agua de la fuente de Apolo cae en tres conchas, conchas eternas hechas para soportar el agua de las fuentes como las otras para soportar el agua del mar. En vez de agua parece que debía caer de ellas besamel; pero su baba tiene un dulce de caramelo en que se mezcla el encanto de los días de Madrid”.

 Detalle del Invierno. Fotografía de Eduardo Escudero. 2017

Asegura Ramón que “ante esta fuente, Fígaro se detenía y veía la perspectiva de las estaciones, sobre todo la de invierno, que representa el mendigo de pantalones atados por debajo de la rodilla, como se los atan con una cuerdecita los miserables para no perder el calor que guardan; atadura igual a la que evita que se les salga la sustancia a los pellejos llenos de aceite o de vino. Toda la estatua es invernal; hasta los racimos en piedra son racimos de uvas heladas, uvas de invierno. Es la fuente del hombre con capa y con una copa con brasas en la mano”.


jueves, 30 de junio de 2016

El Monumento a Velázquez en el pórtico central del Museo del Prado

Para conmemorar el III Centenario del nacimiento de Diego Velázquez, la Sociedad Central de Arquitectos y el Círculo de Bellas Artes, promovieron un concurso para erigir un monumento al pintor delante del portico central del Museo del Prado. El vencedor fue Aniceto Marinas, que ya había realizado algunos importantes monumentos conmemorativos en Madrid y en otros lugares de España. La inaguración fue muy solemne, con la presencia de la regente María Cristina y su hijo, el futuro Alfonso XIII, y tuvo lugar el día 14 de junio de 1899.


Se trata de un vaciado en bronce, realizado por Masriera y Campins, fundidores de Barcelona que llevaron a cabo numerosos trabajos en Madrid, a partir del modelado en yeso creado por Marinas. La estatua se caracteriza por un realismo academicista, propio de la escultura pública de la época. Marinas logró una composición global expresiva y al mismo tiempo se recreó en un detallismo minucioso.


Se trata de una figura de cuerpo entero, sedente, con los signos característicos del pintor: la paleta, los pinceles y el tiento, a los que hay que sumar la espada y la capa recogida en el respaldo del asiento, lo que alude a su condición de caballero de Santiago, cuya cruz luce en el pecho. La imagen del pintor es de carácter naturalista, fiel a los retratos que se conservan del artista. Se trata de una instantánea, ya que el pintor se encuentra sentado en su sillón, pero en tensión, en el momento en el que está concentrado en la pincelada que se dispone a dar sobre un invisible lienzo.


Es una escultura pensada para ser vista principalmente de frente, con el magnífico pórtico de Villanueva como telón de fondo, pero si la rodeamos obtendremos otros puntos de vista secundarios que nos permitirán sobre todo recrearnos en los detalles. Su ubicación es excelente, en origen rodeada de una pequeña plantación de césped, y su tamaño muy adecuado para el espacio urbano en el que se encuentra.


El pedestal fue realizado por Vicente Lampérez, arquitecto, restaurador e historiador del arte, personalidad que parece adecuada para la empresa. Es muy sobrio, un gran volumen prismático de piedra de planta rectangular sobre base escalonada, que eleva y resalta el bronce de la estatua. En él aparacen inscritas las fechas del nacimiento y muerte del pintor y en letras yuxtapuestas su apellido, así como una inscripción incisa: LOS / ARTISTAS ESPAÑOLES / POR INICIATIVA DEL / CÍRCULO DE / BELLAS ARTES / 1899.


Fue una época en la que se realizaron por parte de la cultura official de la Restauración Borbónica, numerosas conmemoraciones de grandes personalidades del pasado, tanto de la política como de la cultura, con especial predilección por el Siglo de Oro, sobre todo en Madrid. El primero de estos personajes en ser recordado a través de una estatua pública fue Cervantes, a continuación Murillo y luego, casi a la vez, Calderón de la Barca y Velázquez

lunes, 21 de febrero de 2011

Neptuno en el Paseo del Prado

La principal reforma urbana en Madrid del reinado de Carlos III fue la creación del llamado Salón del Prado. Se puso en marcha a partir de 1767, con proyecto de José de Hermosilla, que fue modificado tras su fallecimiento por Ventura Rodríguez. El impulsor de la ambiciosa idea fue el conde de Aranda, nuevo presidente del Consejo de Castilla tras la grave crisis del Motín de Esquilache en 1766, que decidió transformar el desordenado, silvestre y variopinto Prado de San Jerónimo de los Austrias.

El nuevo paseo recibió el nombre de Salón del Prado tras las importantes obras de nivelación del terreno, plantación de árboles y canalización del arroyo de la Fuente Castellana. Pero fueron tres monumentales fuentes, con sus obras hidráulicas correspondientes, los trabajos más destacados. Ventura Rodríguez, Maestro Mayor de la Villa y de sus Fuentes y Viajes de Agua, fue el encargado de su diseño y diferentes escultores materializaron el proyecto.

El arquitecto puso todo su genio al servicio del diseño de las fuentes, adornadas las tres con figuras mitológicas: Cibeles, Apolo y Neptuno. Esta última, la situada en el extremo meridional del Salón, está formada por un pilón circular en el que, sobre una representación en piedra de las olas marinas, se eleva una carroza en forma de caracola con ruedas de aspas, tirada por caballos marinos, que porta a Neptuno en pie. Varios tritones rodean el carro y funcionan como surtidores. Neptuno, identificado con el Poseidón griego, gobierna sobre los océanos y mares.

Ventura Rodríguez. Fuente de Neptuno (1777).
Museo de Historia de Madrid
(www.monumentamadrid.es)


Imagen actual de la Fuente de Neptuno

El grupo escultórico, cuyo diseño está inspirado en modelos barrocos italianos, fue encargado al anciano Juan Pascual de Mena, que tuvo que delegar en su discípulo José Arias. Manuel Tolsa, José Guerra, José Rodríguez y Pablo de la Cerda intervinieron también en la carroza en forma de concha, los delfines y el agua.

El dios porta un majestuoso tridente, con el que desencadenaba tempestades, y que recuerda a las armas de los pescadores de atún del Mediterráneo antiguo. En la otra mano lleva una serpiente. La figura vertical del dios marino se alza hierática sobre un peculiar carro en forma de concha tirado por dos agitados caballos marinos, que contrastan con la serenidad majestuosa de Neptuno. En el carro destacan las llamativas ruedas, muy similares a las de los ingenios hidráulicos de la época, en un momento en el que se realizaron grandes obras, como el Canal Imperial de Aragón.

La Fuente se inauguró en 1785 y su pilón también sirvió de abrevadero, como el de Cibeles. A finales del siglo XIX también Neptuno fue trasladado al centro de la nueva plaza de Canovas del Castillo y se le situó mirando, al igual que Cibeles, a la Puerta del Sol, de manera que Apolo quedó aislado y perdido en el centro del paseo.

Es interesante comparar el diseño de Ventura Rodríguez de 1777 con la escultura. Podemos comprobar la fidelidad de los escultores con respecto al modelo, pero también algunas diferencias.

jueves, 25 de noviembre de 2010

El monumento a los héroes del 2 de mayo en el Paseo del Prado

Posiblemente el monumento conmemorativo del 2 de mayo de 1808 más importante de Madrid es el que se encuentra en el Paseo del Prado. También es el más antiguo, al menos en su concepción, ya que su realización se dilató en el tiempo como consecuencia de la agitada historia política del siglo XIX español.

Ya las Cortes de Cádiz de 1812 aprobaron la construcción de un monumento, que fue ratificado en una de las pocas sesiones celebradas por los diputados en Madrid en 1814. Los congresistas indicaron que debía erigirse en el terreno donde habían sido fusilados por orden del general Murat algunos de los rebeldes del 2 de mayo, junto al Salón del Prado, que pasaría a llamarse Campo de la Lealtad. También propusieron que el monumento se cerrara con una verja y que se dispusieran árboles a su alrededor. Además se indicaba que su forma debía ser la de una sencilla pirámide, figura que aparece en algunos de los proyectos más interesantes de la arquitectura revolucionaria francesa.

La imposición del absolutismo de Fernando VII frenó el proyecto, que fue resucitado durante el Trienio Liberal (1820-1823). En efecto, en 1821 se solicitó a Antonio López Aguado, arquitecto mayor de Madrid, que elaborase el diseño, en esta caso, de una pirámide y un obelisco. Finalmente, la obra se sacó a concurso público ese mismo año y el ganador fue Isidro González Velázquez con el diseño de un obelisco, y no de una pirámide, a partir de un boceto que había realizado para el catafalco de Isabel de Braganza. Con la restauración del absolutismo en 1824, la construcción del monumento volvió a quedar paralizada y hubo que esperar hasta la muerte de Fernando VII. Fue en 1836 cuando el Ayuntamiento decidió continuar la obra, que se inauguró el 2 de mayo de 1840, al final de la regencia de María Cristina, un periodo en el que se erigieron muy escasos monumentos conmemorativos en Madrid. Entonces se trasladaron a este lugar los restos de los fusilados, que se hallaban en la Colegiata de San Isidro.

El obelisco se ubicó en un jardín que proporciona al lugar un carácter íntimo y recogido, propio de una conmemoración funeraria, pese a estar situado junto al Paseo del Prado. Esta segunda característica favorece la visibilidad al monumento, ya que se trata de una obra didáctica, que debe entenderse como un ejemplo de la actitud patriótica de los héroes del 2 de mayo.

La obra está compuesta de tres cuerpos. En el zócalo se eleva un sarcófago con un medallón en bajo relieve que representa los bustos de los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde, que dirigieron la defensa del Paque de Monteleón. También hay una urna que contiene las cenizas de los madrileños fusilados en estas jornadas. En la parte posterior podemos ver un relieve con un león que defiende las armas nacionales, obra de José Tomás, así como el escudo de la villa de Madrid.

Sobre este zócalo se encuentra un pedestal con cuatro estatuas, una en cada frente. Realizadas en piedra de Colmenar según el diseño de 1823 del escultor Esteban de Ágreda, representan a cuatro virtudes, la Constancia -realizada por Francisco Elías-, el Valor –de José Tomás-, la Virtud –de Sabino Medina- y el Patriotismo –de Francisco Pérez-. Son dos imágenes femeninas y dos masculinas de clara inspiración clásica y con un evidente carácter heroico. En este sentido puede hablarse de una identificación entre las virtudes romanas y las virtudes ciudadanas del liberalismo, dentro de una concepción educativa y moral del arte.

Sobre el pedestal descansa un gran un obelisco de piedra que alcaza los 46 metros de altura. Se trata de un elemento tomado de la arquitectura egipcia, pero de gran tradición en el arte occidental, dotado de un carácter funerario y triunfal al mismo tiempo, muy adecuado por lo tanto para este monumento. En 1985 sufrió un relevante cambio de orientación, ya que pasó a convertirse en un homenaje a todos los caídos por España, en cuya memoria se colocó una llama perpetua.

Litografía de Isidro González Velázquez. Monumento en memoria de las víctimas del 2 de mayo de 1808. Museo de Historia de Madrid (http://www.memoriademadrid.es/)

Las siguientes fotografías han sido tomadas por Francisco Juez