EL PLACER DE LA CULTURA

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martes, 16 de agosto de 2022

Machado en Cervantes

En el corazón histórico de Segovia, en plena calle de Cervantes, se encuentra la librería que lleva el nombre del universal escritor nacido en Alcalá de Henares. Se trata de un establecimiento familiar fundado en 1906 por Cándido Herrero Bernal, librería especializada en temas segovianos y papelería, que subsiste en la antigua calle Real, cada vez más “reservada” a los turistas.

Desde hace más de un siglo la Cervantes es un referente cultural en la ciudad y a su escaparate se han asomado muchos de los innumerables viandantes que han recorrido el eje que une el Azoguejo con la Plaza Mayor a lo largo del tiempo. Entre ellos, el poeta Antonio Machado, cuando vivió en la ciudad castellana, entre 1919 y 1932. Su domicilio se encontraba en la calle de los Desamparados y, de camino al Instituto General y Técnico (actual IES Mariano Quintanilla), en el que daba clases de francés, se detenía ante la fachada de la librería Cervantes.

La etapa segoviana de Machado, previa a su instalación en Madrid, fue de una gran creatividad literaria y el poeta se convirtió en uno de los protagonistas de la intensa vida cultural de la ciudad en aquellos años. Entre los muchos homenajes a la memoria del escritor sevillano en Segovia, destaca el encargado por la librería Cervantes a José Luis López Saura en 2019. Se trata de un retrato de Machado en forma de silueta en la fachada del establecimiento. De perfil, el poeta lleva bastón y un ejemplar del diario Adelantado de Segovia en el bolsillo de su chaqueta; junto a la figura, un sencillo letrero explica el sentido del bonito homenaje.


jueves, 23 de abril de 2020

Un Día del Libro inolvidable

En estos días de dolor, miedo y confinamiento, la cultura emerge como un salvavidas. Los libros nos acompañan, como siempre, pero en esta ocasión no podemos agradecer a sus autores todo lo que nos aportan, como hacemos siempre todos los 23 de abril. O al menos, no podemos hacerlo del mismo modo.

Sirva este vídeo de modesto homenaje a los que han creado en Madrid a lo largo de los siglos y que han tenido en la ciudad, ahora paralizada, su inspiración (haz click en la imagen): 




jueves, 31 de octubre de 2019

La primera obra de los hermanos Machado en los escenarios de Madrid

Antonio Machado publicó varias obras en Espasa-Calpe. Ya en 1919 vio la luz la segunda edición de Soledades, galerías y otros poemas en la colección Universal de la entonces todavía editorial Calpe. En la misma colección Antonio y Manuel Machado publicaron en 1928, ya con Espasa-Calpe, la tragicomedia Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel. Después publicó Antonio en la misma editorial tres ediciones de Poesías completas, en 1928, en 1933 y en 1936. Ese último año también apareció en Espasa-Calpe Juan de Mairena. Y ya en 1937 publicó en la editorial La guerra (1936-1937), libro que contaba con dibujos de José Machado.


La primera obra teatral original de los hermanos Machado, que antes habían adaptado piezas clásicas, fue la citada Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel, un texto que cantaba a la libertad en plena dictadura de Primo de Rivera. Se trata de una obra ambientada en el siglo XVII y el protagonista es un bastardo del conde duque de Olivares. Está dedicada a Jacinto Benavente.


Se estrenó el 9 de febrero de 1926 en el teatro de la Princesa por la compañía de María Guerrero con gran éxito y ovación a los autores, que se vieron obligados a saludar desde el escenario. Alcanzó las 20 representaciones, lo que puede considerarse un razonable éxito en la época y las críticas fueron muy favorables. Posteriormente, la Asociación de Antiguos Alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, homenajeó a los hermanos por su éxito, en un acto que contó con un discurso de Cossío. Fue el inicio de una triunfal carrera de Antonio y Manuel por los escenarios madrileños.


martes, 30 de mayo de 2017

Antonio Machado en el Café Español

Antonio Machado frecuentó los cafés de Madrid desde su adolescencia. En ellos practicó la bohemia, se inició en la escritura y se introdujo en el mundillo literario. Pero casi siempre buscó los locales alejados del centro, solitarios y tranquilos, de acuerdo con su carácter algo huraño, alérgico a los oropeles y las adulaciones.
Uno de esos cafés era el Español, que había abierto sus puertas en la Puerta del Sol antes de la reforma urbana de mediados del siglo XIX, remodelación que provocó su traslado en 1851 hasta la esquina de la calle Carlos III con la de Vergara. Su proximidad al Teatro Real, inaugurado poco antes, propició que frecuentaran el café músicos y espectadores, aunque casi siempre fue un local tranquilo y algo apartado del centro cafetero de la ciudad. No obstante, en algunas etapas de su historia acogió pequeñas representaciones teatrales y conciertos y contó durante muchos años, ya en el siglo XX, con un famoso pianista ciego que animaba con sus notas el local. Finalmente en 1935 echó el cierre; el penúltimo de los negocios que ocupó el local fue una famosa tienda de instrumentos musicales, sustituida hace algunos años por uno de esos horrendos establecimientos dedicados a la venta de souvenirs que infestan el centro de Madrid.
Antonio Machado acudió a este café, sobre todo desde 1932, año en el que por fin obtuvo su plaza de profesor de francés en Madrid. Muy cerca, en la calle Mesón de Paños, habían visto la luz seis años antes los poemas de Nuevas Canciones.


Ramón Gómez de la Serna se refiere en su obra Los Machado a la presencia de Antonio y Manuel, los hermanos poetas, en el Café Español: Pero, aun estando tan unidos tienden a bifurcarse las vidas de los dos hermanos. Siempre Manuel ha visto la España graciosa y alegre y siempre Antonio ha visto la España meditativa y trágica, pero yo podría precisar —y precisaré un día— cuándo se realizó la verdadera desviación de los dos caminos que iban parejos. Así como a Manuel se le encontraba sólo en la encrucijada de colmados que he descripto, a Antonio sólo se le veía en un café sórdido que era también de mi predilección: el café Español, frente al Teatro Real. Allí, entre un público fagocitario —no sólo por su calidad de fagocitos, sino porque algunos tocaban el fagot en la orquesta de la Ópera o en la banda de alabarderos— nos desayunábamos a las siete de la tarde. Yo con mi mujer me establecía en los divanes de enfrente a una de sus ventanas, y Antonio se colocaba de espaldas a la luz, junto al quicio de la misma ventana. Nos saludábamos con buena fe y reconocimiento y comenzábamos la novena de la meditación y de la oración en el café modesto.Estábamos muy solitarios. A lo más llegaban hasta él, para formar la exigua tertulia sus hermanos, destacándose la sonrisa escéptica y retozona de Manuel, que sobre las ocho u ocho y media se escapaba hacia el barrio de la cuchipanda.Pero un día comenzaron a llegar columnas móviles de jóvenes tentadores que le ofrecían cierta jefatura ideal. Él se había defendido siempre de jefaturas y tentaciones, pero sintiéndose ya finalista aceptó una última esperanza. Coincidiendo con eso, cerraron el café Español, en cuyo sensato ambiente de modestia comprendíamos mejor la pobreza estratagémica de lo español, y poco después encontramos un tramo más allá, ya traspuesta la rampa de la cuesta de Santo Domingo, ya en medio de la confusión del centro, el café sustitutivo: el café de Varela.


jueves, 4 de mayo de 2017

El Madrid de Antonio Machado

La relación entre literatura y vida se manifiesta de manera evidente en la ciudad. Madrid ha sido siempre, sobre todo desde la llegada de la Corte en 1561, protagonista de muy variadas obras literarias. Escritores de todo tipo, madrileños de nacimiento o de adopción y viajeros, más o menos ocasionales, se han sentido atraídos por la ciudad y no han podido resistirse a trasladar al papel su palpitante vitalidad.

Antonio Machado pertenece al grupo de los madrileños adoptados. Y es que son muchos los lugares de Madrid ligados a la figura de Antonio Machado, aunque pocos los recuerdos oficiales de su larga estancia en la ciudad desde que llegó en 1883 hasta que marchó por última vez al comienzo de la Guerra Civil: las casas en las que vivió, los centros en los que estudió o fue profesor, los cafés que frecuentó, los teatros en los que estrenó sus obras, los periódicos, revistas o editoriales que publicaron sus poemas, etc. Durante este largo periodo sólo vivió de manera permanente en Madrid entre 1883 y 1896 y entre 1932 y 1936, pero cuando tuvo su residencia en París, Soria, Baeza o Segovia, Machado visitó la ciudad con mucha frecuencia y estuvo permanentemente vinculado a ellas por motivos familiares, profesionales y personales.

Comenzamos un ciclo organizado por la Biblioteca Regional de Madrid con recorridos biográficos y literarios por el Madrid de Machado, siguiendo un orden cronológico e incluyendo la lectura de fragmentos de sus obras. Los títulos de los paseos, extraídos del famoso Autorretrato del autor sevillano, son los siguientes:

4 de mayo: Mi juventud, veinte años en tierra de Castilla
11 de mayo: Dejar quisiera mi verso, como deja el capitán su espada
18 de mayo: Converso con el hombre que siempre va conmigo
25 de mayo: Me encontraréis a bordo ligero de equipaje