EL PLACER DE LA CULTURA

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

El monumento a Isabel la Católica en el Paseo de la Castellana

A la sombra de la cúpula de la Escuela de Ingenieros Industriales (antiguo Palacio Nacional de las Artes e Industrias), y al pie de uno de los escasos jardines paisajistas que quedan en Madrid se encuentra el monumento a Isabel la Católica, inaugurado en 1883. El catalán Manuel Oms, a quien se debe también la decoración escultórica del Salón de Baile del palacio de los duques de Santoña en la calle de las Huertas, es el autor del monumento. Estilísticamente muy académico, su origen se encuentra en un modelado que realizó Oms durante su estancia en Roma como pensionado de la Real Academia de Bellas Artes; la propuesta del director de la misma de pasar la obra a bronce fue ratificada por real orden de Alfonso XII.
Entre la frondosidad del arbolado y el densísimo tránsito de vehículos que atraviesan la Castellana, el monumento pasa algo desapercibido. No es la actual su ubicación original, ya que hasta 1958 se encontraba en el centro del Paseo de la Castellana, justo en el lugar donde éste finalizaba, cerrado por el Hipódromo, inaugurado cinco años antes que el monumento.



En el detalle del Plano de Madrid de 1885 Plano de Madrid, obra de José Pilar Morales y Enrique Sánchez y Rodríguez que se encuentra junto a estas líneas podemos ver perfectamente su situación, ya que aparece señalado con la letra A. Apreciamos también, más al norte, parte del Hipódromo, que cerraba la Castellana, justo donde hoy está la plaza de San Juan de la Cruz; con la letra M se señala el edificio de la Institución Libre de Enseñanza, luego Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos y ahora Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional. Al este podemos ver, con la letra R el Palacio Nacional de las Artes y las Industrias, que se inauguró en 1887.


En esta fotografía de 1910 podemos comprobar también la ubicación original del monumento, con un pedestal diferente al actual y una reja de planta octogonal que tampoco se conserva. Igualmente puede verse una parada del tranvía, la línea férrea y, al fondo la colina ajardinada y el mencionado Palacio Nacional.

La inauguración del monumento fue muy solemne, con presencia de Alfonso XII y María Cristiana de Habsburgo, la reina madre destronada Isabel II, las infantas Eulalia e Isabel y el príncipe Federico Guillermo de Alemania, de visita oficial en Madrid. Todavía estaba en obras el Palacio Nacional de las Artes y las Industrias, actualmente ocupado por el Museo de Ciencias Naturales y la Escuela de Ingenieros Industriales.

Los automóviles desplazaron el monumento a finales de la década de los 50 del siglo pasado, época dorada del tráfico rodado en la ciudad de Madrid. El grupo escultórico se situó al pie del bello jardín paisajista diseñado por Celedonio Rodrigáñez a finales del siglo XIX. Se situó junto a un estanque de contornos sinuosos, exactamente en el lugar en el que existía una gruta de rocalla, que, por lo tanto, fue eliminada.



El grupo escultórico se eleva sobre un pedestal, más discreto que el original de estilo neoárabe, pero que conserva la dedicatoria original casi al pie de la letra, bajo el escudo de Madrid.


El grupo está formado por la reina, que monta a caballo y porta la cruz de Covadonga, y otras dos esculturas que la flanquean: Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán) y el cardenal Pedro González de Mendoza. El monumento es un elocuente documento de la ideología oficial del momento histórico en el que se realiza: la Restauración Borbónica. Durante el reinado de Alfonso XII, la Regencia de María Cristina y el reinado de Alfonso XIII, Madrid, como capital del reino, se pobló de monumentos dedicados a grandes personajes de la historia española, especialmente reyes, militares, religiosos y grandes figuras de la cultura.


La figura de Isabel la Católica fue especialmente apreciada por la historia oficial de la Restauración, entre otros motivos por sus connotaciones relacionadas con la unidad de los territorios peninsulares, el fortalecimiento de la monarquía y la unión entre el trono y el altar. El monumento sitúa en el centro a la Monarquía (Isabel), flanqueada por el Ejército (Gran Capitán) y la Iglesia (Mendoza) y completa una elocuente imagen de las bases ideológicas de la Restauración Borbónica: la Corona vertebra todo el sistema, la Iglesia se convierte nuevamente en una de las bases del poder político y el Ejército es el guardián del régimen.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Madrid durante la guerra de sucesión entre Isabel y Juana

Durante la Baja Edad Media, Castilla experimentó un profundo cambio social y político que provocó una continua inestabilidad. Madrid, una ciudad modesta pero de creciente importancia, se vio envuelta en los numerosos conflictos que asolaron el reino. La colisión entre el impulso centralizador de la Corona y el conservadurismo de la gran nobleza, ocupada en mantener sus enormes privilegios, estaba en el origen de estos enfrentamientos.

Uno de los episodios de mayor tensión fue el de la guerra civil que estalló tras el fallecimiento de Enrique IV en diciembre de 1474 en el Alcázar de Madrid. La sucesión en la Corona de Castilla provocó un enfrentamiento armado entre los partidarios de Juana, la hija del rey, y los de su hermana de padre, Isabel.

Retrato anónimo de Isabel la Católica. Museo Casa de los Tiros de Granada. S. XVI

Seguramente la inclinación del rey hacia Madrid influyó en que la ciudad se decantara hacia la primera. Personalidades de gran influencia en el Madrid de la época, como Juan de Zapata, señor de Barajas y Alameda, y el alcaide del alcázar, Rodrigo de Castañeda, señor de Torrejón, determinaron el posicionamiento de Madrid a favor de Juana, prácticamente desde el momento en que murió Enrique IV,

Durante todo 1475 Madrid permaneció fiel a Juana, defendida por los partidarios del marqués de Villena, uno de los pilares del bando de la llamada “Beltraneja”. Pero la ciudad se encontraba en medio de un territorio que controlaban los Mendoza, comprometidos con el bando isabelino


Detalle de la Topographia de la Villa, de Pedro de Texeira. 1656. Se aprecia la ubicación de la Puerta de Guadalajara, derribada en el siglo XVI, pero que dejó su huella en el callejero de la ciudad

En enero de 1476 se iniciaron contactos secretos para procurar un alzamiento en Madrid, sin resultados. El primer duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza, destacado miembro del bando isabelino, cercó la ciudad y consiguió finalmente un acuerdo con el alcaide de la Puerta de Guadalajara, Pedro de Ayala, apoyado también por los principales linajes de Madrid, como los Vargas, los Luján o los Zapata. A finales del mes de febrero, la Puerta de Guadalajara se abrió para Mendoza y los partidarios de Isabel, que forzaron a los de Juana a retirarse al Alcázar, donde fueron vencidos a finales de abril de 1476. La conquista de Madrid fue, sin duda, un capítulo decisivo para la victoria definitiva del bando isabelino.

Uno de los madrileños que estuvo siempre al lado de Isabel en esta pugna fue el artillero Francisco Ramírez de Madrid. Especialmente importante fue su participación en la batalla de Zamora durante la guerra de sucesión, lo que aumentó la confianza de los Reyes Católicos en él, al que nombraron secretario. Su matrimonio en 1491 con la célebre Beatriz Galindo, notable humanista y colaboradora de la reina, seguramente fue acordado por la propia soberana, lo que demuestra su aprecio por Ramírez.