EL PLACER DE LA CULTURA

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jueves, 1 de julio de 2021

La portada de la iglesia de Santa Cruz

En el comienzo de la calle de Atocha, en las proximidades de la Plaza Mayor, una torre llama nuestra atención por su elevada altura, por el intenso color rojo de sus ladrillos y por su peculiar estilo, de resonancias mudéjares e italianas a un tiempo. Se trata del campanario de la parroquia de Santa Cruz, inaugurada en 1902, muy cerca de la ubicación del templo original derribado durante el Sexenio Progresista. Francisco de Cubas dirigió la construcción de un interior neogótico al que se accede por una portada del mismo estilo, decorada con un relieve dedicado a la Exaltación de la Santa Cruz, obra del entonces joven escultor Aniceto Marinas. El proyecto del artista segoviano se impuso en concurso a los de Juan Vancell y Cipriano Folgueras y se convirtió en una de sus primeras obras en Madrid. 

Portada de la parroquia de Santa Cruz. Foto: Martín Juez

En el número de julio/agosto de 2021 de la revista Madrid Histórico publicamos un artículo dedicado al relieve de Aniceto Marinas que recoge las investigaciones realizadas en el Archivo Diocesano de Madrid. Animamos a todos los seguidores de este blog a su lectura.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Los mercadillos navideños de Madrid

Al menos desde mediados del siglo XVIII Madrid cuenta con un mercadillo navideño o, mejor dicho, dos. Si en la Plaza Mayor se podían comprar los alimentos más característicos de las Navidades, entre ellos los dulces, los pavos y los pollos, en las cercanas plazas de Provincia y Santa Cruz, “las plazas siamesas”, como las denominaba Ramón Gómez de la Serna, podían adquirirse objetos tan navideños como las figuritas del belén y los instrumentos musicales típicos de estas fechas.

Seguramente el testimonio literario más antiguo que se refiere a estos mercadillos es el del sainete de Ramón de la Cruz titulado El hambriento de Navidad, de 1763. Estos son algunos de los gritos que se oían en la Plaza Mayor, al menos en su versión sainetera:

¡Jalea!

¡Perada!

¡Chorizo!

¡Turrón!

Granadas, naranjas,

merluza, salmón,

besugo, aceitunas,

tortas y acitrón.


En medio de la plaza todo era gritar:


¡Lombarda!


¡Escarola!

¡Pavos!

¡Mazapán!

Gallinas, capones,

perdices, zorzal,

cascajo, camuesas

y mil cosas más.

Mucho después, el periodista y cronista Pedro de Répide se refería así al mercado navideño de la Plaza Mayor en los años 20 del siglo pasado, cuando ya se incorporaron algunos productos no gastronómicos: “Un aspecto singularísimo de la Plaza Mayor es la feria de Navidad, aspecto que ya tiene tradición, pues hay un sainete de don Ramón de la Cruz, que así la describe. Es un mercado pintoresco que parece dispuesto por y para Gargantúa, en los días que se celebra la Pascua del Nacimiento de Cristo. Las manadas de pavos ocupan la calzada, donde se apretuja la gente ante los puestos y tenderetes; donde, junto a los sacos de cascajo, esplenden su tesoro de color las naranjas de Levante y de Andalucía, los plátanos de Canarias y las frutas americanas. Alicantinos y jijonencos instalan sus turrones, sus jaleas y sus guirlaches, sabrosa perpetuación de la confitería morisca. Y en otros mostradores se ostenta la fábrica del estruendo, con los panderos y los tambores, lo rabeles y las zambonas, que atruenan las calles y las casas” (Las calles de Madrid, Ed. La Librería, Madrid, 1995).

Sobre Santa Cruz escribe el propio Répide: “Esta plaza, una de las tradicionales de Madrid, conserva todos los años por Navidad su pintoresco aspecto de mercado de figurillas de barro, para componer los «Nacimientos», y de panderos, tambores, rabeles y zambombas con que dar ruidoso acompañamiento al cántico de los villancicos” (Íbid.)


También en la Plaza de Provincia, Alfonso Sánchez Portela captó la instantánea de una de las vendedoras de pavos que conducían a los animales vivos por las calles de un Madrid con menos tránsito de vehículos y con el palacio de Santa Cruz, actual sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, como telón de fondo. Corrían las Navidades de 1925.

Fue después de la Guerra Civil, cuando los puestos se concentraron en la Plaza Mayor, hasta que en 2008 el Ayuntamiento decidió volver a dividir en dos el mercadillo: los artículos de broma se venden en las plazas de Santa Cruz y Provincia y las figuritas de belén y las panderetas en la Plaza Mayor.