EL PLACER DE LA CULTURA

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jueves, 29 de septiembre de 2022

Un sepulcro neoclásico para un arzobispo Borbón

La sacristía de la catedral de Toledo alberga un apabullante tesoro artístico. Presidida por el Expolio de Cristo que pintó El Greco y bajo el espectacular techo pintado por Luca Giordano, reúne otros cuadros del pintor cretense, así como de Tiziano, el Divino Morales, Tristán, Caravaggio, Van Dick y Goya, entre otros. 

Cabecera de la sacristía de la catedral de Toledo

Dentro de este gran conjunto nos detenemos en un monumento funerario que se encuentra en el lateral izquierdo de la capilla, cobijado por un arcosolio, cuyo interior está forrado de mármoles. Se trata del sepulcro del cardenal Luis María de Borbón y Vallabriga (1777-1823), obra del escultor Valeriano Salvatierra (1789-1836).

Monumento funerario del cardenal Luis María de Borbón

Don Luis María fue un gran protagonista de la historia de España en el primer tercio del siglo XIX. Hijo del infante don Luis de Borbón y de María Teresa Vallabriga, y, por tanto, nieto de Felipe V y de Isabel de Farnesio, nació en Cadalso de los Vidrios en 1777 y durante toda su infancia permaneció lejos de la corte por orden de su tío, el rey Carlos III. Se educó refinada y esmeradamente en Arenas de San Pedro, donde Goya lo retrató, como al resto de la familia. Tras el fallecimiento de su padre en 1785, completó su formación en Toledo bajo la tutela del cardenal Lorenzana en el palacio arzobispal. Emprendió la carrera eclesiástica y aprovechó la rehabilitación de él y sus dos hermanas por el rey Carlos IV, así como los planes de Godoy, para alcanzar el arzobispado de Sevilla con 22 años y el de Toledo con 23, además de recibir el capelo cardenalicio. Tras apoyar inicialmente a José Bonaparte en 1808, rápidamente se pasó al bando patriota, reconoció la Constitución de 1812 y llegó a presidir la Regencia en 1830 y la Junta Provisional Consultiva diez años después y formó parte del Consejo de Estado durante el Trienio Liberal. Falleció en 1823, poco antes del triunfo de Los Cien Mil Hijos de San Luis, que restituyeron a Fernando VII sus plenos poderes.

Detalle de la escultura del cardenal y arzobispo don Luis

El monumento fue esculpido en alabastro por el toledano Valeriano Salvatierra, hijo del escultor de la catedral primada, Mariano Salvatierra. Formado en Roma con Canova y Thorvaldsen, realizó el sepulcro de don Luis en la ciudad eterna en 1824. Poco después, Salvatierra realizó el sepulcro de la condesa de Chinchón, hermana del arzobispo, en la capilla del palacio de Boadilla del Monte. Valeriano fue escultor y profesor de la catedral de Toledo, teniente director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, escultor de cámara destinado a la restauración de las esculturas del Real Museo de Pinturas y autor de las doce estatuas alegóricas del primer cuerpo de su fachada occidental.

El monumento es un buen ejemplo de la escultura funeraria neoclásica española. En la parte inferior del conjunto se encuentra el sarcófago, apoyado en unas garras de león. Sobre él se eleva la estatua del arzobispo y cardenal arrodillado en oración; en la parte superior aparece en relieve el escudo cardenalicio y ambos lados del religioso dos genios, uno sostiene el báculo de don Luis y el otro la cruz pastoral. Con una composición triangular, el grupo destaca por su serena frialdad y sus nítidas texturas.


viernes, 27 de marzo de 2015

Se Inauguran los jardines del Palacio de Boadilla del Monte


Atacama ha participado los días 21 y 22 de marzo de 2015 en la apertura al público de los recién  restaurados jardines del palacio del Infante Don Luis de Borbón en Boadilla del Monte.
Vista aérea realizada desde un dron
 La inauguración se ha completado con espectáculos pirotécnicos, conciertos al aire libre y con un programa especial de visitas al interior del palacio dentro del programa “abierto por obras” que estamos realizamos desde octubre de 2014.
  
El proyecto de recuperación del parterre tardobarroco ha sido realizado por la prestigiosa paisajista italiana Lucía Serredi que ha centrado su intervención en la primera terraza del jardín. Si bien no se sabe con certeza la autoría del jardín, los estudios realizados por el historiador José Luis Souto demuestran que tras la época del Infante no hay en Boadilla un jardinero especializado capaz de trazar un jardín de la magnitud y armonía que contemplamos hoy. Es por tanto razonable pensar que fuera el mismo Ventura Rodríguez el autor del mismo.
 
Foto realizada por Francisco Juez
 A la hora de acometer los trabajos de restauración ha sido necesario realizar un exhaustivo trabajo de investigación. En unas recientes declaraciones recogidas en el Boletín de la Asociación de Amigos del Palacio de Boadilla del Monte la paisajista italiana hace mención a diversos elementos arquitectónicos que se han conservado hasta el día de hoy: la estructura fuerte de las terrazas, las escaleras y barandillas, así como la cimentación de los dos patinillos o “giardini segreti”.
En cuanto al trazado del parterre ha sido posible recuperar gran parte de los elementos originales, como por ejemplo las figuras romboidales de boj o los rosales de las barandillas laterales.
 
Jardines secretos. foto realizada por Francisco Juez
 También contamos con documentación importante, como el plano del Instituto Geográfico Nacional de 1868 y el plano realizado en 1929 por Winthuysen donde, sin embargo, se aprecia un error en el diseño del parterre, que en este caso es simétrico. Unas fotografías del mismo año del Ministerio del Aire, CECAF, nos muestran el trazado asimétrico que le caracteriza. De nuevo las fotos aéreas de  1961 dan cuenta de la misma asimetría pero con ciertos cambios debidos a los destrozos sufridos durante la  guerra civil.
Foto realizada por Beatriz García Traba
 
 En la restauración se han plantado 10.000 árboles de boj, tilos de Holanda, cipreses de la Toscana, lilos, moreras, perales, 3.000 plantas tapizantes, enredaderas y sóforas. El total de las obras ha ascendido a 1.700.000 euros, financiados con fondos FEDER de la Unión Europea y del propio Ayuntamiento.
Más información en:

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El pequeño infante cardenal y su extraña familia

La renovación política que supuso el ascenso al trono hispánico del primer Borbón, Felipe V, llevó aparejada una renovación pictórica en la Corte y una transformación de la iconografía oficial, en la que los pintores franceses tuvieron un papel muy destacado. Uno de los más importantes fue sin duda Louis Michel van Loo, prestigioso artista, profesor de la Academia de París y reclamado por Felipe V como retratista oficial.
Van Loo pintó a los diferentes miembros de la familia real, pero su obra más destacada es el retrato de grupo que realizó en 1743 y que se encuentra en el Museo del Prado. El pintor francés situó a los diferentes personajes en un escenario grandioso y teatral, con resonancias del gran Veronés y detalles tan venecianos como el de los músicos de la tribuna. La grandilocuente composición, las calidades materiales de las telas, los detalles de los atuendos, están al servicio de la exhibición del poder de la monarquía, pero la situación de los personajes, sus poses y sus miradas, responden también a un estudio psicológico.
Louis Michel Van Loo. La familia de Felipe V. 1743.Museo Nacional del Prado, Madrid
Los personajes están dispuestos en tres grupos. A la izquierda aparecen la infanta María Ana Victoria, que llegaría a ser reina de Portugal y los príncipes de Asturias, es decir Bárbara de Braganza y el futuro Fernando VI. En el centro aparece el rey Felipe V, la reina Isabel de Farnesio y el hijo menor de ambos, el infante y cardenal don Luis; también están don Felipe, segundo hijo de los reyes y duque de Parma, y su esposa Luisa Isabel de Borbón, hija de Luis XV de Francias; en el suelo las infantas María Luisa, hija de los duques de Parma, y María Isabel, hija de los reyes de Nápoles, juegan con un perro. Finalmente, a la derecha del cuadro se encuentran el rey de Nápoles, es decir el futuro Carlos III de España, y su esposa la reina María Amalia de Sajonia; además están María Antonia Fernanda, hija de Felipe V y futura reina de Cerdeña, y María Teresa de Francia, delfina de Francia.

Si nos fijamos en el grupo central, destaca la presencia dominante de la reina Isabel de Farnesio, que apoya su brazo en un cojín que sostiene la corona, símbolo muy evidente de su poder. Junto a ellos se encuentra el infante don Luis, semiescondido detrás de su madre, lo que demuestra un sometimiento a ella, mirando al frente y extendiendo la mano elegantemente, detalle que contribuye a crear profundidad. Va vestido de rojo y lleva la banda azul de la Orden del Saint-Esprit, como los demás varones que aparecen en el retrato colectivo.
Louis Michel Van Loo. La familia de Felipe V (detalle). 1743.Museo Nacional del Prado, Madrid
Cuando Van Loo realizó el retrato familiar, el infante don Luis tenía 16 años y era desde los 8 arzobispo de Toledo, desde los 10 cardenal y desde los 14 arzobispo de Sevilla. Van Loo ya había realizado un retrato al infante-cardenal poco después de su nombramiento.
Louis Michel Van Loo. El infante-cardenal Luis Antonio de Borbón y Farnesio. C 1737.Museo Nacional del Prado, Madrid
 La atrevida y decida acción de su madre condujo a don Luis a esta fulgurante carrera eclesiástica, ya que se encontraba en el quinto puesto en la línea de sucesión al trono. Era, por tanto, cuando se pintó el cuadro, un joven muy rico y poderoso, pues sus cargos le proporcionaban grandes beneficios y privilegios, aunque no estaba entre sus planes el sacerdocio, lo que finalmente le haría renunciar a sus cargos religiosos y quebrar así los planes de su madre. Todavía en 1843 no se podía adivinar el enfrentamiento entre los hermanos Carlos y Luis, muy separados en el cuadro de Van Loo.

miércoles, 30 de abril de 2014

El cerro de san Babilés


Recientemente hemos podido visitar gracias a la amabilidad del arqueólogo Juan Sanguino las excavaciones que se están realizando en el cerro de San Babilés, muy próximo al municipio de Boadilla del Monte.

Vista general de la iglesia. Foto Beatriz García
 
La historia de san Babilés arranca de una tradición popular que se remonta al siglo IX. Según la leyenda, san Babil obispo de Pamplona, fue martirizado en este lugar junto con 80 niños por parte de los musulmanes el 30 de octubre del 815. No figura en los archivos eclesiásticos ningún obispo denominado así, ni parece cierta la fecha del martirio, pero indudablemente algún suceso importante debió producirse en la zona para tener registrada una cofradía en fecha tan temprana como 1478 y para levantar una iglesia a la que en siglos posteriores, y atraído por su fama, llegó a acudir el propio Felipe IV con su heredero Baltasar Carlos buscando la curación del hijo por parte del santo, según podemos leer en las descripciones del Cardenal Lorenzana de 1782.

Las excavaciones han sacado a la luz algunos datos de interés en relación a la tradición popular. La ermita, que se creía del XV, ha resultado ser una iglesia de dimensiones considerables y con una tipología arquitectónica propia del siglo XII o XIII que se halla levantada sobre una necrópolis visigoda del siglo VI. Teniendo en cuenta que esta zona fue conquistada por Alfonso VI en el 1085 es posible que la iglesia se levantase para cristianizar el lugar y que salieran a la luz los enterramientos de la época visigoda, reforzando así algún suceso acaecido en una época no muy lejana y relacionado con la muerte de varios niños a manos de los musulmanes.

Tumbas visigodas. Foto Beatriz García
 
 
Han aparecido además varias tumbas que indican la presencia de algún personaje importante en este lugar, probablemente un santón,  quizá relacionado con la adopción del cristianismo por parte del rey Recaredo en el III Concilio de Toledo (589) en el que se abandona el arrianismo produciéndose la unión religiosa entre hispanorromanos y visigodos; aunque también cabe la posibilidad de que se trate de algún personaje importante socialmente.


Tumbas destacadas. Foto Beatriz García
 
Habrá que esperar a una segunda fase de excavación para poder tener una idea más completa de lo que pudo suceder. Lo que parece confirmarse es que la leyenda popular, mantenida a lo largo de los siglos por parte de los habitantes de Boadilla el Monte, tiene ahora una base más sólida en la que sustentarse, a pesar de que no hayan aparecido restos que pueda relacionarse directamente con el santo.

Posible cripta. Foto Beatriz García

jueves, 24 de abril de 2014

Se inician las obras de restauración del Palacio de Boadilla del Monte


El pasado 4 de abril tuvo lugar en Boadilla del Monte la presentación del inicio de las obras de restauración del palacio del Infante Don Luis de Borbón construido por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII.
Al acto acudieron el alcalde de Boadilla, Antonio González Terol, el arquitecto encargado de las obras José Ramón Duralde y la restauradora paisajista Lucía Serredi, así como los concejales de turismo, cultura y urbanismo del ayuntamiento.
 
José Ramón Duralde y Antonio González Terol

Una vez terminadas las obras de restauración y consolidación de los portones laterales que dan acceso a la primera terraza del jardín, se va a acometer la restauración de la fachada, el jardín barroco (primera de las tres terrazas) y la capilla del palacio. Se espera que para diciembre de este año estén ya terminadas y que se pueda disfrutar de nuevo del excelente jardín diseñado por Serredi siguiendo unos planos de 1868, los más antiguos que han llegado hasta nuestros días.

Lucía Serredi
 
Se colocarán unos planos explicativos de las obras y las fases de ejecución de las mismas, así como el presupuesto empleado, con el fin de informar a todos los ciudadanos de las intervenciones que se llevarán a cabo.

Plano explicativo con el diseño del jardín 
Vista posterior del Palacio 

 También se recuperarán las antiguas escuelas que se convertirán en la futura oficina de turismo del municipio y en un centro de interpretación del entorno del palacio.
 
Antigua escuela
 
 Mientras seguimos con las actividades de difusión que realizamos en el municipio; en esta ocasión organizamos un taller para el colegio público Teresa Berganza en la que participaron escolares de primero y segundo de primaria.

Actividad escolar desarrollada por Atacama
 
También es interesante resaltar el proyecto de micro mecenazgo (crowdfunding) puesto en marcha por la Asociación de Amigos del Palacio con el fin de conseguir fondos para la recuperación de la instalación denominada “El gallinero” o “Faisanera”.  
El proyecto denominado "Todos a una" busca la participación e implicación de todos los ciudadanos en el mantenimiento del patrimonio. Tienes más información: Aquí 
El Gallinero. Foto tomada del proyecto de micromecenazgo


 

sábado, 8 de febrero de 2014

Una fuente viajera: de Boadilla al Campo del Moro pasando por Carabanchel


La terraza superior de los jardines del Palacio del infante don Luis de Borbón en Boadilla del Monte fue trazada con un diseño geométrico. Estaba formada por dos cuadros vegetales no simétricos que llenaban el espacio rectangular. Ventura Rodríguez diseñó una fuente, esculpida por Felipe de Castro y Manuel Álvarez, que se ubicó entre los dos cuadros, en una glorieta circular arbolada situada en el centro mismo de la terraza y en el eje del Palacio.

Antonio Ponz en su Viage de España de 1776 la describió, poco antes de que se instalara, de esta manera:

En frente de ésta (la fachada del jardín) se ha de colocar la magnifica fuente de marmol de que estuvo encargado D. Felipe de Castro, y hubiera acabado brevemente, á no haber fallecido; pero está concluyendo la obra su discípulo D. Manuel Alvarez. Consiste en tres tazas principalmente: dentro de la mayor, que es la del suelo, hay tres tritones niños sobre otros tantos pedestales, que en unas conchas reciben el agua, que arrojan por la boca tres delfines de la segunda taza, la qual está sostenida por otros tres tritones agrupados con delfines, que tambien arrojan agua por la boca sobre conchas, que alternan con galápagos en el pedestal. La tercera taza se vé sostenida de tres ninfas, y en el medio hay un niño, que ha de arrojar el agua por la boca hasta grande altura. Todas las expresadas tazas están adornadas de muy buen gusto, y en el reverso de la del medio hay baxos relieves de conchas, delfines, y otras cosas. La invencion, y disposicion de la expresada fuente es del citado D. Ventura Rodriguez, bien que el autor de la escultura fue D. Felipe de Castro.

Vista de los jardines de Boadilla desde la primera planta del Palacio (junio de 2013)

 De la fuente de Ventura Rodríguez sólo queda en el jardín superior, que comenzará su restauración en este año 2014, la estructura metálica interior, triste esqueleto del espléndido monumento. Pero, ¿qué fue del magnífico ornamento de mármol?

Después del exilio del infante y el casi abandono del Palacio, su hija María Teresa y el marido de ésta, Manuel Godoy, regresaron al Palacio, que volvió a quedar deshabitado durante la Guerra de la Independencia.  Tras la marcha de María Teresa a Francia, su hermana e hija menor del infante don Luis, María Luisa, y el esposo de ésta, el duque de San Fernando de Quiroga, vendieron la fuente a Fernando VII, que se la regaló a su mujer, la reina María Cristina de Borbón. La fuente realizó así su primer viaje, desde Boadilla del Monte, a Carabanchel Bajo, ya que la reina mandó instalarla en su posesión de la Quinta de Vista Alegre. Fue seguramente en 1832. Una parte del jardín se diseñó expresamente para recibir esta fuente monumental, que se situó en una placita circular, entre bosquetes, en un recoleto rincón al noroeste de la finca.

Eva Rodríguez Romero cita en su tesis doctoral, El jardín paisajista y las quintas de recreo de los Carabancheles: la posesión de Vista Alegre (publicada por Fundación Universitaria Española, Madrid, 2000), dos referencias documentales que prueban la presencia de la Fuente de las Conchas en Vista Alegre: aparece en el plano de la posesión de 1845 y en el inventario del mismo año que ese encuentra en el Archivo General de Palacio (sec. admva. leg. 1306/4).

Sin embargo, la fuente no permaneció mucho tiempo en el pintoresco jardín de Carabanchel y volvió a ponerse en marcha. En efecto, a mediados del siglo XIX, la hija mayor de María Cristina, la reina Isabel II, decidió ordenar y ajardinar el agreste Parque de Palacio que descendía desde la residencia real hacia el Manzanares, en violenta caída. El arquitecto Narciso Pascual y Colomer se ocupó de la creación del que empezaba a ser conocido como Campo del Moro.

Para dignificar el jardín, tan próximo al Palacio, Pascual y Colomer dispuso en 1847 la colocación de dos fuentes monumentales en el mismo, concretamente en la gran avenida situada en el eje del Palacio. Por Real Orden se trasladaron, una, desde el Jardín de la Isla de la Aranjuez y, otra, desde la Quinta de Vista Alegre: la primera, llamada de los Tritones, se colocó en la glorieta situada más cerca del Palacio y la de las Conchas, se situó más al oeste, en dirección al Manzanares. La de los Tritones era del siglo XVII y la de las Conchas, como hemos dicho, de la segunda mitad del siglo XVIII, pero ambas tienen un aire común, por su material, características formales e iconografía.

 
La Fuente de las Conchas en el Campo del Moro (octubre de 2013)
 
De esta manera, una obra diseñada por el arquitecto de Ciempozuelos, Ventura Rodríguez, se colocaba muy cerca del edificio donde había iniciado su carrera, a las órdenes de Juvara y Sacchetti: el llamado Palacio Nuevo o Palacio Real.

La fuente de las Conchas está íntegramente realizada en mármol blanco y se sitúa en un pilón circular de granito, obra de Pascual y Colomer. Cuenta con un pedestal que sujeta tres tazas circulares, cuyo tamaño va decreciendo a medida que aumenta la altura. En el pilón inferior encontramos tritones niños, hijos de Neptuno y Anfítrite, que tal vez pretenden expresar la esperanza en el futuro del infante; curiosamente don Luis y doña María Teresa de Vallabriga tuvieron tres hijos. Los tritones llevan conchas en sus manos por las que vertían agua.

Detalle de la taza inferior de la Fuente de las Conchas en el Campo del Moro (octubre de 2013)
 

Detalle de un tritón niño de la taza inferior de la misma fuente (octubre de 2013)
 
Más arriba aparecen tres galápagos separados por grandes conchas y tritones adultos con piernas que rematan en cabezas de delfín y que sujetan cestas con frutas. Sin duda son referencias a la prosperidad y la riqueza de la “corte” del infante.
 
 
Detalle de los tritones que sostienen la segunda taza (octubre de 2013)

Por encima se encuentra la segunda taza, decorada por conchas y mariscos y sobre ella tres ninfas, o tal vez las Tres Gracias, apoyadas en el tronco de la fuente, que sujetan con los brazos levantados el tercer vaso, con ornamentación vegetal. El simbolismo del conjunto parece referirse de nuevo a la vida, la fertilidad y la purificación.

 
Detalle de las figuras femeninas que sostienen la tercera taza (octubre de 2013)

 Remata la fuente un tritón niño que sujeta un delfín surtidor, en una nueva alusión acuática y marina y seguramente en referencia a la prosperidad y la juventud. Toda la fuente parece, en definitiva expresar los buenos deseos y la esperanza en un futuro prometedor. Sin embargo, el infante sólo pudo disfrutar de la fuente y del palacio de Boadilla unos años, ya que su hermano Carlos III le envió a un humillante destierro. La itinerancia de la monumental Fuente de las Conchas parece una metáfora del exilio del infante.

 
Detalle del tritón que remata la tercera taza (octubre de 2013)


 

martes, 28 de enero de 2014

Boadilla del Monte en FITUR

El Ayuntamiento de Boadilla del Monte ha asistido a la Feria Internacional de Turismo FITUR 2014 para dar a conocer su oferta turística. Por su stand en el Pabellón 9 de IFEMA han pasado numerosos visitantes que han podido informarse sobre los atractivos patrimoniales, naturales y de ocio que posee la localidad.
Entre las actividades que se han ofrecido se encuentran las visitas guiadas realizadas por Atacama Servicios Culturales, que ponen en valor el rico patrimonio histórico, arquitectónico, urbano y artístico de la localidad. Desde junio de 2013 hemos realizado 12 visitas, tanto con particulares como con colectivos y centros escolares.

 
También en FITUR se ha presentado el nuevo folleto turístico diseñado por Atacama y Polibea para el Ayuntamiento: “Boadilla, un patrimonio por descubrir”. En él se han destacado siete hitos monumentales que conforman un itinerario histórico: la Parroquia de san Cristóbal, la Ermita de san Sebastián, el Convento de la Encarnación, la Fuente de Ventura Rodríguez, el Palacio del infante don Luis de Borbón y los Puentes sobre el Arroyo de Vallelargo y en el camino de Madrid.
El Ayuntamiento ha informado también de la ejecución por fases de la rehabilitación del Palacio del infante don Luis, el principal monumento del municipio. Ya han finalizado las obras de sus portones de acceso y están a punto de iniciarse los trabajos de restauración de las fachadas y algunas salas principales, así como la rehabilitación de los jardines, para lo que se dispone de un presupuesto de 1,7 millones de euros.



 

 

lunes, 9 de diciembre de 2013

La fachada de la iglesia del Convento de la Encarnación de Boadilla del Monte

El convento carmelita de religiosas descalzas de la Encarnación del Hijo de Dios de la Villa de Boadilla fue fundado en 1674 por Juan González Uzqueta Valdés y María de Vera Varco y Gasca, señores de Boadilla del Monte. Se trata de un complejo arquitectónico que ha sido restaurado a finales del siglo pasado por José Ramón Duralde. Preside el conjunto la iglesia barroca, que actualmente forma parte de la parroquia de San Cristóbal, ya que la comunidad carmelita se encuentra ahora en un edificio próximo, más moderno, y el antiguo convento se ha reconvertido en hotel.

La fachada de la iglesia presenta una disposición típicamente barroca y con interesantes consecuencias urbanísticas, ya que se encuentra retrasada con respecto a la línea de calle y conforma, junto con la reconstruida Casa de Capellanes y el Convento, una plaza rectangular. De esta manera se conforma un espacio en forma de lonja a la entrada del convento, lugar de encuentro social y escenario para ceremonias religiosas, y proporciona una mejor visualización a la portada.
 

 

La bella fachada responde a las características propias de la arquitectura conventual madrileña y más concretamente a la que distingue a los edificios de las comunidades carmelitas femeninas. Entre estos rasgos definitorios podemos destacar su rigor geométrico de raíz escurialense que transmite la armonía y el orden de la vida monacal, su sobriedad en consonancia con el ideal de pobreza defendido por Santa Teresa y su verticalidad, que la singulariza dentro del edificio. Son elementos que aparecen por primera vez apuntados en la iglesia del convento de San José de Ávila y perfeccionados en la de la Encarnación de Madrid.


 


La fachada es de ladrillo visto, a excepción del zócalo, la puerta y la hornacina abierta sobre esta, que son de granito, y los escudos y el relieve, de piedra carbonatada. Los paramentos de ladrillo están animados por un rico y sutil juego de planos, entre los que destacan las pilastras lisas de orden gigante que enmarcan toda la fachada y que están coronadas por bolas, y las molduras que organizan en rectángulos toda la composición. La presencia del frontón triangular en lo alto es muy característica de la arquitectura conventual, y de la carmelitana en particular; está presidido por un óculo y cuenta con una cruz en su cúspide y la molduración es más profunda que en el resto de la fachada.

El núcleo de granito, con la puerta de entrada y la hornacina superior, destaca sobre el resto de la fachada, no sólo por su material, sino también por su mayor relieve y su decoración más profusa, con más movimiento y abundancia de remates piramidales y esféricos, que, sin embargo, no alteran la sobriedad del conjunto. La ventana superior, que ilumina el coro, completa el cuerpo central de la fachada, jerárquicamente superior a los laterales, como corresponde a su función de entrada única, frente a los accesos triples, más propios de la arquitectura conventual masculina. La puerta de la iglesia está equidistante entre el acceso al convento, a su derecha, y la entrada al cuarto de los fundadores, que tenían sus propias habitaciones junto a la iglesia, conectadas con la tribuna del templo que se abre al altar mayor.


 

La hornacina central cobija un relieve que representa la Encarnación, misterio al que se dedica el convento. En él podemos observar a la Virgen arrodillada en oración en el momento en el que se gira hacia el arcángel San Gabriel, que está de pie; en lo alto, Dios Padre envía al Espíritu Santo sobre María. La fachada de la iglesia del convento de Boadilla, como todas las carmelitanas, es fiel a las premisas del Concilio de Trento, en el que se subrayó la importancia de la presencia de las imágenes de devoción en el exterior del templo.

 


Los escudos de Juan González de Uzqueta y María de Vera, dispuestos de manera que forman un triángulo invertido con el relieve de la Encarnación, subrayan el carácter piadoso y al mismo tiempo ostentador del poder de los fundadores.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Se presentan los nuevos itinerarios de Atacama Servicios Culturales en Boadilla del Monte


El alcalde de Boadilla del Monte, Antonio González Terol, y la consejera de Empleo, Turismo y Cultura de la Comunidad de Madrid, Ana Isabel Mariño, han presentado el 24 de septiembre de 2013 el nuevo servicio de visitas guiadas a los principales monumentos de la localidad.




Panel con la ruta turística diseñada por Atacama. Palacio del Infante Don Luis

Atacama Servicios Culturales ha diseñado para el Ayuntamiento de Boadilla un  itinerario circular por el casco histórico de la localidad, con 7 hitos principales. Se trata de un recorrido que permite al visitante realizar una progresión cronológica, desde el edificio más antiguo, la iglesia parroquial de San Cristóbal, del siglo XIII, hasta el conjunto del Palacio del Infante don Luis, de la segunda mitad del siglo XVIII.

Interior de la Iglesia parroquial de San Cristóbal

Atacama, junto con la editorial Polibea, también ha diseñado paneles informativos, que el Ayuntamiento ha instalado en los principales puntos de interés turístico, así como un folleto para que vecinos y visitantes puedan realizar sus propios recorridos por la localidad y conocer mejor la historia y características de sus monumentos.

Asimismo vamos a realizar visitas guiadas gratuitas los últimos sábados de cada mes a través del casco histórico de Boadilla, que permitirán a los asistentes conocer los edificios principales el interesante patrimonio de la localidad madrileña.
El alcalde de Boadilla, Antonio González Terol, la consejera Ana Isabel Mariño y el arquitecto restaurador José Ramón Duralde durante la inauguración de la ruta turística
El Ayuntamiento, que ha reformado los monumentos más importantes de Boadilla y que está rehabilitando el Palacio del Infante don Luis, pretende con estas medidas incrementar el número de visitantes.

El próximo 27 de septiembre, Día Internacional del Turismo, Atacama realizará tres visitas guiadas extraordinarias de una duración de una hora y media aproximadamente, a las 10:30 h, a las 17:00h y a las 19:00 h. A las 21:00 h el día se cerrará con un concierto de velas ante la fachada del Palacio de Don Luis.

Beatriz García Traba junto al panel de la Iglesia de San Cristóbal

Más información:



viernes, 31 de mayo de 2013

El infante Don Luis de Borbón y la duquesa de Osuna, protectores de Boccherini


Luigi Boccherini acudió a España en 1768 desde París, al parecer siguiendo los pasos de la cantante Clementina Pelliccia, con la que se casó al año siguiente. Por entonces numerosos músicos italianos desarrollaban su trabajo en Madrid, donde eran muy bien considerados. Muchos de ellos estaban al servicio de la Corte, por lo que Boccherini dirigió sus pasos hacia ella, pero no encontró todo el apoyo que necesitaba para desarrollar su talento.
 
Sin embargo, el miembro díscolo de la familia de Carlos III, su hermano el infante don Luis de Borbón, contrató a Luigi Boccherini en 1770 como violoncelisa de cámara y más tarde como compositor de música. Hombre ilustrado y amante de la música, don Luis introdujo a Boccherini en su orquesta, junto a los también italianos Manfredi y Landini y el español Font.
 
 
Boccherini residió, por tanto, en el palacio del infante en Boadilla del Monte hasta 1776, en compañía de su mujer Clementina. Allí compuso numerosas obras, como sus Seis quintetos, Op. 11, el último de los cuales, llamado L’uccelliera, es decir, la pajarera, estaba inspirado en los sonidos de los pájaros que habitaban en el Monte que rodea al palacio y en la Faisanera del mismo. El infante debía de estar encantado con el músico de Lucca, al que subió el sueldo en 1772, de los 14.000 reales de vellón iniciales a 18.000.

Palacio del Infante. Foto de Beatriz García

En 1776 don Luis contrajo matrimonio morganático, para evitar poner en peligro la sucesión dinástica del hijo de Carlos III, el futuro Carlos IV. Boccherini compuso para la boda con María Teresa de Vallabriga una Serenata en Re Mayor, que fue interpretada en la capilla del palacio de los duques de Fernandina en Olías del Rey. Este matrimonio desigual obligó a la mujer del infante (y a los hijos que tuviera) a permanecer a más de 18 leguas de Madrid, por lo que toda la familia acabó trasladándose en 1778 a Arenas de San Pedro. Allí Boccherini siguió escribiendo e interpretando para el infante, hasta el fallecimiento de este en 1785, año en el que también murió Clementina.
 
 
Las dos pérdidas supusieron un gran golpe para Boccherini, que al año siguiente entró al servicio de la duquesa de Osuna, protectora de compositores e intérpretes musicales y mujer de mentalidad ilustrada, comparable en cierto modo a don Luis. Varios de los protegidos por el infante, como Goya, siguieron el mismo camino que el músico italiano y se incorporaron al círculo de María Josefa Pimentel, condesa-duquesa de Benavente y duquesa consorte de Osuna, entre otros muchos títulos. Boccherini fue nombrado director de orquesta y pasó a formar parte del círculo ilustrado de El Capricho, donde Boccherini alcanzó la cúspide de su éxito. Para la duquesa compuso, por ejemplo, sus Seis quintetos, Op 36 y La Clementina, con libreto de Ramón de la Cruz.