EL PLACER DE LA CULTURA

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jueves, 23 de abril de 2020

Un Día del Libro inolvidable

En estos días de dolor, miedo y confinamiento, la cultura emerge como un salvavidas. Los libros nos acompañan, como siempre, pero en esta ocasión no podemos agradecer a sus autores todo lo que nos aportan, como hacemos siempre todos los 23 de abril. O al menos, no podemos hacerlo del mismo modo.

Sirva este vídeo de modesto homenaje a los que han creado en Madrid a lo largo de los siglos y que han tenido en la ciudad, ahora paralizada, su inspiración (haz click en la imagen): 




martes, 27 de junio de 2017

Paisajes primordiales

Hasta el 20 de julio puede verse en la Casa de América de Madrid la exposición 'Watkins, el paisaje de Estados Unidos en la colección fotográfica de Sorolla', comisariada por Mario Fernández. Es una impresionante muestra de la colección de fotografías que Carleton Watkins, uno de los pioneros de la fotografía en los Estados Unidos en el siglo XIX, realizó para Collis Huntington. Su hijo, Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, regaló esta muestra a su admirado Joaquín Sorolla posiblemente con el objetivo de que el valenciano viajase al lejano oeste norteamericano para pintar los impresionantes paisajes captados por la cámara de Watkins, lo que finalmente no se llevó a cabo. Se trata de imágenes del parque natural de Yosemite (https://yosemite-national-park.net/captadas en la década de los sesenta del siglo XIX, fotografías que conmovieron a Abraham Lincoln y que estimularon la declaración de Yosemite como parque nacional.


Cuando se ven estas fotografías, conservadas en el Museo Sorolla, se siente la emoción de estar viendo un planeta virginal. Da la impresión de que los paisajes que contempló y captó Watkins con su monumental cámara nunca habían recibido antes mirada alguna. Pero además uno tiene la sensación de que el autor estaba inventando la fotografía en aquel mismo instante, de que estaba creando un lenguaje nuevo para traducir aquel paisaje primigenio y hacer al espectador partícipe de esa primera mirada. Se intuye el titánico esfuerzo de Watkins para llegar a tan remotos parajes con un pesado cargamento necesario para poner en práctica la ardua técnica del colodión húmedo, que obligaba a disponer de una cámara de grandes dimensiones para colocar las placas de vidrio y trasladar también todo un taller portátil porque el revelado tenía que ser inmediato. El resultado no puede ser más impresionante, con imágenes de un detalle y una nitidez sobrecogedoras y una atmósfera sublime, sobrenatural.

martes, 26 de febrero de 2013

Impresionismo y Aire libre


Un soplo de aire fresco en la cara, que mitiga, al menos, el incendio que nos consume. La exposición del Museo Thyssen, Impresionismo y Aire libre: de Corot a Van Gogh hace disfrutar al visitante de una experiencia deliciosa. Sobre un fondo gris más de cien obras, tres cuartas partes de ellas nunca antes vistas en España, llenan de color la sala de exposiciones. Juan Ángel López Manzanares, comisario de la muestra, subraya que tendemos a identificar la pintura al aire libre con el Impresionismo, pero que, como demuestra la exposición, esta práctica se inició mucho antes.

La pintura al aire libre, llena de dificultades para el pintor, como ilustra un cuadrito de Jules Coigniet que podemos ver en la exposición, comenzó a finales del siglo XVIII. Frente a los idealizados paisajes clásicos elaborados en el estudio, los jóvenes paisajistas de finales del siglo XVIII comenzaron a ejercitarse a través de pinturas al aire libre, principalmente durante sus estancias en Italia, con el afán de obtener mayor veracidad en sus obras. Y a lo largo del siglo XIX se fue haciendo menos clara la diferenciación entre obras pintadas en el exterior y composiciones de estudio, hasta que con los impresionistas los paisajes al aire libre alcanzaron el estatus de obra definitiva.

Hay dos características comunes a todas las obras de la exposición: todos los cuadros son óleos, sobre lienzo o sobre papel, técnica que se vincula habitualmente al cuadro acabado; y todos son paisajes, con mínima presencia humana, a veces testimonial, lo que no impide que sean paisajes humanizados por la mirada del pintor, siempre presente. En este sentido Juan Ángel ha concebido la exposición como un homenaje al barón Hans Heinrich Thyssen, el hombre que cambió la orientación de la colección familiar, centrada hasta entonces en el retrato, y que dio un mayor protagonismo al paisaje.

Claude Monet. Les Pirámides de Port-Coton. 1886. Arp Museum Bahnhof Rolandseck

La muestra se estructura en apartados temáticos según el listado de motivos para la pintura al aire libre propuesta por Valenciennes, considerado como el padre de este tipo de pintura. Dentro de cada sala, podemos observar ejemplos de diferentes aproximaciones a los mismos motivos, desde diferentes escuelas y distintas cronologías. En la exposición, por ejemplo, podemos comprobar el contraste entre el pintoresquismo detallista de Von Rohden y el sintetismo y la sencillez de Corot en la representación de las ruinas romanas. También disfrutamos comparando el acercamiento científico y preciso de los pintores norteamericanos de la Escuela del Hudson a las rocas y el carácter constructivo de los cuadros de Cézanne realizados en el rocoso bosque de Fontainebleu. El naturalismo de las montañas de Carlos de Haes contrasta con el subjetivismo y la expresividad de los Alpes en las obras de Hodler. La precisión de Michallon en la representación de los árboles poco tiene que ver con la subjetiva y llameante visión de Van Gogh. El agua, en movimiento incesante en la obra de Turner, parece solidificarse en los cuadros de Courbet. Las nubes veristas de Constable poco tienen que ver con las más abstractas y subjetivas de Nolde. La exposición también nos permite, por ejemplo, comparar la pincelada impresionista de colores yuxtapuestos de las marinas de Monet con las amplias pinceladas de las pintadas por Sorolla.

Joaquín Sorolla. Mar y rocas de San Esteban, Asturias. 1903. Museo Sorolla, Madrid

En definitiva, Impresionismo y Aire libre ilustra una práctica artística difícil, pero que abrió nuevas posibilidades a la representación del paisaje y que favoreció grandes transformaciones en la pintura del siglo XIX.