EL PLACER DE LA CULTURA

martes, 12 de mayo de 2015

La romería de San Isidro según Galdós


En La Desheredada Benito Pérez Galdós nos ofrece una imagen muy completa de la romería de San Isidro en la segunda mitad del siglo XIX. La novela fue publicada en 1881, pero la acción se sitúa en la década de los años 70, entre el Sexenio Revolucionario y la Restauración Borbónica. Pueden establecerse evidentes diferencias, pero también coincidencias con la fiesta actual, si leemos el siguiente fragmento, que sitúa a Isidora Rufete, protagonista de la novela, en la romería:

Entre su doncella y la peinadora la vistieron de chula rica. Aquella mañanita de San Isidro, mientras duró el atavío chulesco, todo era regocijo en la casa, todo risas y alegrías. Don José andaba a gatas sirviendo de caballo a Riquín, ya vestido desde el amanecer de Dios, y Mariano cantaba en la cocina rasgueando una guitarra. El vestirse de mujer de pueblo, lejos de ofender el orgullo de Isidora, encajaba bien dentro de él, porque era en verdad cosa bonita y graciosa que una gran dama tuviera el antojo de disfrazarse para presenciar más a su gusto las fiestas y divertimientos del pueblo. En varias novelas de malos y de buenos autores había visto Isidora caprichos semejantes, y también en una célebre zarzuela y en una ópera. Si esto pensaba cuando la doncella y peinadora la estaban vistiendo, luego que se vio totalmente ataviada y pudo contemplarse entera en el gran espejo del armario de luna, quedó prendada de sí misma, se miró absorta y se embebeció mirándose, ¡tan atrozmente guapa estaba! El peinado era una obra maestra, gran sinfonía de cabellos, y sus hermosos ojos brillaban al amparo de la frente rameada de sortijillas, como los polluelos del sol anidados en una nube. No le faltaba nada, ni el mantón de Manila, ni el pañuelo de seda en la cabeza, empingorotado como una graciosa mitra, ni el vestido negro de gran cola y alto por delante para mostrar un calzado maravilloso, ni los ricos anillos, entre los cuales descollaba la indispensable haba de mar. En medio de Madrid surgía, como un esfuerzo de la Naturaleza que a muchos parecería aberración del arte de la forma, la Venus flamenca. Don José estaba medio lelo, y si fuera poeta no dejara de cantar en sáficos la novísima encarnación de la huéspeda de Gnido y Pafos.

"Costumbres populares de Madrid. La romería de San Isidro del Campo". Dibujo de Daniel Perea, publicado en La Ilustración Española y Americana, 15/5/1875, página 8.
 
Salieron gozosos, acomodándose en una carretela que alquiló Isidora..., y a vivir. Llegaron a la pradera. Isidora sentía un regocijo febril y salvaje. Todo le llamaba la atención, todo era un motivo de grata sorpresa, de asombro y de risa. Su alma revoloteaba en el espacio libre de la alegría, cual mariposa acabada de nacer. Almorzaron en un ventorrillo. Nunca había comido Isidora cosas tan ricas. ¡Cuánto rieron viendo cómo se atracaba Mariano! Don José compró dos pitos, uno para Riquín y otro para él, y ambos estuvieron pita que te pitarás todo el santo día. Si hubieran dejado a Isidora hacer su gusto, habría comprado lo menos dos docenas de botijos, uno de cada forma. Pero no compró más que cuatro. De todas las fruslerías hizo acopio, y los bolsillos de la pandilla llenáronse de avellanas, piñones, garbanzos torrados, pastelillos y cuanto Dios y la tía Javiera criaron. Nunca como entonces le saltó el dinero en el bolsillo y le escoció en las manos, pidiéndole, por extraño modo, que lo gastase. Lo gastaba a manos llenas, y si hubiera llevado mil duros, los habría liquidado también. A los pobres sin número les daba lo que salía en la mano. A todos los cojos, estropeados, seres contrahechos y lastimosos, les arrojaba una moneda. Por último, se le antojó también pitar, y compró el más largo, el más floreado y sonoro de los pitos posibles. Mariano y la doncella también pitaron.

Visitó la ermita y el cementerio, y por último, no queriendo acabar el día sin experimentar todas las emociones que ofrecía la pradera, visitó una por una las innobles instalaciones donde se encierran fenómenos para asombro de los paletos; vio la mujer con barbas, la giganta, la enana, el cordero con seis patas, las serpientes, os ratas tigres provenientes do Japao, y otras mil rarezas y prodigios. Por dondequiera que pasaba, recibía una ovación. Preguntaban todos quién era, y oía una algarabía infinita de requiebros, flores, atrevimientos y galanterías, desde la más fina a la más grosera. Cuando se retiró estaba embriagada de todo menos de vino, porque apenas lo probara, embriagada de luz, de ruido, de placer, de sorpresa, de polvo, de gentío, de pitazos, de coches, de ayes de mendigos, de pregones, de blasfemias, de vanidad, de agua del Santo.

miércoles, 29 de abril de 2015

El desaparecido Palacio de Anglada en Madrid


En la manzana situada entre Ortega y Gasset, Serrano, Marqués de Villamagna y la Castellana, donde hoy se encuentra el hotel Villamagna y un edificio de grandes almacenes, estuvo el lujoso palacio de Anglada, rodeado de jardines. Construido a finales de los años 70 del siglo XIX por Emilio Rodríguez Ayuso, fue uno de los mejores edificios privados del Madrid de la época. En el Plano de Madrid de Emilio Valverde (1898) podemos ver perfectamente su ubicación (la finca está señalada en rojo).


Enclavado en un terreno de más de 14.000 metros cuadrados, el edificio tenía 1.500, con 6.100 de espacio habitable entre las plantas de sótano, bajo, principal y segundo. La planta baja tenía un gran zaguán y un amplio patio central acristalado, además de numerosas estancias. La planta principal incluía salones para recepciones y habitaciones privadas. Rodríguez utilizó un sistema de distribución de espacios por crujías, muy utilizado en aquellos tiempos.
Palacio de don Juan Anglada en la Fuente Castellana.
El Globo (21/07/1880)

El eclecticismo propio de la época era la nota dominante en el palacio de Anglada. Su fachada en piedra y ladrillo visto, era de estilo neorrenacentista con elementos neoegipcios; destacaba su cuerpo central saliente con triple arco en los dos pisos. En el interior había salas griegas, romanas, góticas o renacentistas y una reproducción del Patio de los Leones de la Alhambra. Esta obra neonazarí se llevó a cabo con gran minuciosidad, merced al vaciado realizado por el conservador del monumento granadino Rafael Contreras, lo que ocasionó un gasto económico enorme para la época.

Exposición de arte en el palacio de Anglada.
La Ilustración Española y Americana (08/01/1895)
 
 Tras la ruina de Anglada, el palacio pasó al Banco Hipotecario, periodo en el que se celebraron exposiciones de arte en su interior. Más tarde pasó a ser propiedad de los marqueses de Larios. En 1962 despareció el palacio y el jardín del duque de Anglada, dentro de las radicales modificaciones del entorno de la Castellana realizadas en los años del desarrollismo.
 
En el Retiro, concretamente en la entrada situada en la esquina de O’Donnell y Menéndez Pelayo, nos queda la puerta de hierro de su jardín, reutilizada a modo de testimonio del palacio derribado. Fue sustituido por el Hotel Villamagna y el conjunto Sears, hoy perteneciente a El Corte Inglés. 
 
 
  
 

viernes, 27 de marzo de 2015

Se Inauguran los jardines del Palacio de Boadilla del Monte


Atacama ha participado los días 21 y 22 de marzo de 2015 en la apertura al público de los recién  restaurados jardines del palacio del Infante Don Luis de Borbón en Boadilla del Monte.
Vista aérea realizada desde un dron
 La inauguración se ha completado con espectáculos pirotécnicos, conciertos al aire libre y con un programa especial de visitas al interior del palacio dentro del programa “abierto por obras” que estamos realizamos desde octubre de 2014.
  
El proyecto de recuperación del parterre tardobarroco ha sido realizado por la prestigiosa paisajista italiana Lucía Serredi que ha centrado su intervención en la primera terraza del jardín. Si bien no se sabe con certeza la autoría del jardín, los estudios realizados por el historiador José Luis Souto demuestran que tras la época del Infante no hay en Boadilla un jardinero especializado capaz de trazar un jardín de la magnitud y armonía que contemplamos hoy. Es por tanto razonable pensar que fuera el mismo Ventura Rodríguez el autor del mismo.
 
Foto realizada por Francisco Juez
 A la hora de acometer los trabajos de restauración ha sido necesario realizar un exhaustivo trabajo de investigación. En unas recientes declaraciones recogidas en el Boletín de la Asociación de Amigos del Palacio de Boadilla del Monte la paisajista italiana hace mención a diversos elementos arquitectónicos que se han conservado hasta el día de hoy: la estructura fuerte de las terrazas, las escaleras y barandillas, así como la cimentación de los dos patinillos o “giardini segreti”.
En cuanto al trazado del parterre ha sido posible recuperar gran parte de los elementos originales, como por ejemplo las figuras romboidales de boj o los rosales de las barandillas laterales.
 
Jardines secretos. foto realizada por Francisco Juez
 También contamos con documentación importante, como el plano del Instituto Geográfico Nacional de 1868 y el plano realizado en 1929 por Winthuysen donde, sin embargo, se aprecia un error en el diseño del parterre, que en este caso es simétrico. Unas fotografías del mismo año del Ministerio del Aire, CECAF, nos muestran el trazado asimétrico que le caracteriza. De nuevo las fotos aéreas de  1961 dan cuenta de la misma asimetría pero con ciertos cambios debidos a los destrozos sufridos durante la  guerra civil.
Foto realizada por Beatriz García Traba
 
 En la restauración se han plantado 10.000 árboles de boj, tilos de Holanda, cipreses de la Toscana, lilos, moreras, perales, 3.000 plantas tapizantes, enredaderas y sóforas. El total de las obras ha ascendido a 1.700.000 euros, financiados con fondos FEDER de la Unión Europea y del propio Ayuntamiento.
Más información en:

miércoles, 28 de enero de 2015

España según Richard Ford

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando expone 203 dibujos, la mayoría inéditos, realizados por el viajero, escritor y, claro está, dibujante Richard Ford (1796-1858). Sin embargo esta última faceta del romántico británico que viajó por España entre 1830 y 1833 es menos conocida que su fascinante Manual para viajeros por España y lectores en casa, verdadero clásico de la literatura de viajes del siglo XIX. Aquí radica el gran interés de esta muestra, que expone ilustraciones que pertenecen a los descendientes de Ford y, por tanto, desconocidos en su mayoría.

Se trata de dibujos a lápiz y tinta, junto a algunas acuarelas, que han sido seleccionadas por el comisario de la muestra, Francisco Javier Rodríguez Barberán, entre los más de 500 que forman la íntegra colección que Ford se llevó de regreso a su país y que su  familia ha conservado hasta hoy. Entre ellos hay también algunos dibujos de Harriet, la esposa de Ford, que le acompañó en su periplo hispano. Y se pueden ver asimismo un retrato de Ford, realizado por el pintor orientalista John Frederick Lewis, y un conocido triple retrato del viajero, obra de José Domínguez Bécquer, padre del poeta Gustavo Adolfo. Se expone también el pasaporte que obtuvo Ford del conde de España, por entonces el Capitán General de Cataluña y alguno de los álbumes que encargó el viajero londinense para guardar sus dibujos.

José Domínguez Bécquer. Triple retrato de Richard Ford como “majo serio” en la Feria de Mairena, 1832

Ford nos revela a través de sus dibujos y acuarelas, desde su óptica particular, cómo era aquella España de los últimos años de la Década Ominosa del reinado de Fernando VII. Podemos ver un país con los campos de batalla de la Guerra de la Independencia aún humeantes, pese al tiempo transcurrido, con edificios arruinados por las tropas napoleónicas, todavía sin reparar. Es un país agreste, detenido, como sus ruinas de un pasado glorioso, un país apaciblemente oriental, inmovilista. No se atisban si quiera en estas obras de Ford los profundos cambios que iban a transformar España en los cuarenta años siguientes.
 
Richard Ford. Acueducto de los Milagros en Mérida, 1831

En el inicio de la exposición puede leerse un texto extraído de su Manual que es muy significativo de la visión romántica de Ford sobre España: “Los (viajeros) que aspiran a lo romántico, lo poético, lo sentimental, lo artístico, lo antiguo, lo clásico, en una palabra a cualquier tema sublime y bello, encontrarán en el actual y el antiguo estado de España material suficiente si vagan con lápiz y cuaderno en ristre por este curioso país, que oscila entre Europa y África, entre la civilización y la barbarie”.

 

Richard Ford. Nicho en la entrada del Salón de los Embajadores en la Alhambra de Granada (Escena orientalista), s/d (1831-1833)
En la muestra podemos ver apuntes del natural, muy libres, propios de un dibujante aficionado pero hábil, que trata de trasladar al papel su mirada objetiva aunque no inocente. En este sentido se detiene en paisajes sublimes, como Montserrat, el Tajo de Ronda o Gibraltar, pero también en vistas generales de ciudades, detalles de su periferia, los monumentos del pasado romano, andalusí o medieval, las calles y las plazas, la vida cotidiana o los personajes. Algunas vistas repetidas por la fotografía posteriormente hasta la extenuación aparecen ya apuntadas en Ford, como la del mirador de San Nicolás de Granada. Un detalle didáctico y muy moderno lo apreciamos en algunas panorámicas de ciudades en las que escribe el nombre de los principales monumentos junto a su dibujo.

La exposición está organizada en torno a los itinerarios de Ford por España. Comienza por Granada y Sevilla, ciudades en las que vivió de manera más permanente, y donde realizó una buena parte de sus dibujos y acuarelas, con especial atención a los monumentos andalusíes. A continuación la muestra recoge las imágenes de los viajes realizados por Levante, desde Almería hasta Barcelona, la Ruta de la Plata y el centro de la Península (Madrid, Toledo, Salamanca, Segovia y Guadalajara). De este modo, Richard Ford sentó las bases de las rutas, con sus hitos monumentales y pintorescos, de lo que hoy llamamos “turismo cultural” en España. 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La Noche de Reyes en Madrid en el siglo XIX

Hay costumbres navideñas que nos han llegado después de irse transmitiendo de generación en generación, pero otras muchas se han sumido en el olvido. Es el caso de la celebración de la Noche de Reyes que se realizaba en Madrid a mediados del siglo XIX y que Pascual Madoz nos transmite a través de su indispensable Diccionario geografico-estadistico-historico de España y sus posesiones de ultramar, publicado entre 1846 y 1850:

Invocando la frase de esperar á los reyes, se ve en la noche de la víspera de esta festividad una multitud de personas con hachones de viento, cencerros y otros objetos propios para hacer ruido, recorrer las calles con gritería y algazara, llevando como héroe paciente de la fiesta algun incauto cargado con una escalera y espuerta, á quien hacen creer, que los reyes magos, que llegan aquella noche á adorar al Niño Dios, vienen repartiendo monedas de oro y plata en abundancia. Llegados á un estremo de la pobl., y hecha la pantomima de subirse en la escalera para ver si se les descubre con el auxilio de los hachones encendidos, sale de entre la turba una voz que asegura vienen los reyes por la puerta opuesta dé la pobl., y á ella se encaminan después, y luego á otra y otras, hasta que rendidos de cansancio suelen ir á parar á alguna taberna donde concluye la fiesta mas ó menos entrada la noche. Aquí repetiriamos lo que anteriormente hemos manifestado con respecto al entierro de la sardina, porque parece ageno de un pueblo culto y de los adelantos del siglo ver reproducidas escenas, propias solo de los tiempos del oscurantismo. (t. X, p. 107)
 José Castelaro y Perera. La noche de Reyes en la Puerta del Sol. 1839. Museo de Historia, Madrid
 Además existen algunos testimonios gráficos de esta costumbre, como sendos cuadros de José Castelaro y Eugenio Lucas Velázquez, que parecen ilustrar el texto de Madoz. El primero, pintor decimonónico autor de cuadros de historia, costumbristas y religiosos, nos muestra a un dinámico grupo en la Puerta del Sol, con el personaje que porta la escalera como eje de la composición. A la derecha se ve la Real Casa de Correos y a la izquierda la Iglesia del Buen Suceso, con su reloj iluminado para la festividad, en una Puerta del Sol anterior a la reforma de mediados de siglo. 
 
Eugenio Lucas Velázquez. La hoguera de la noche de San Juan. C. 1850. Museo Cerralbo, Madrid
El cuadro de Eugenio Lucas Velázquez, de factura más empastada y suelta, como es propio de este pintor romántico y costumbrista, es muy posiblemente también, pese al título atribuido, una escena de la Noche de Reyes madrileña, que sucede tal vez bajo uno de los arcos de acceso a la Plaza Mayor. Las figuras se disponen en círculo en torno al personaje subido a la escalera, que es el foco del luz del cuadro, en torno al cual todo se diluye en la oscuridad.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El pequeño infante cardenal y su extraña familia

La renovación política que supuso el ascenso al trono hispánico del primer Borbón, Felipe V, llevó aparejada una renovación pictórica en la Corte y una transformación de la iconografía oficial, en la que los pintores franceses tuvieron un papel muy destacado. Uno de los más importantes fue sin duda Louis Michel van Loo, prestigioso artista, profesor de la Academia de París y reclamado por Felipe V como retratista oficial.
Van Loo pintó a los diferentes miembros de la familia real, pero su obra más destacada es el retrato de grupo que realizó en 1743 y que se encuentra en el Museo del Prado. El pintor francés situó a los diferentes personajes en un escenario grandioso y teatral, con resonancias del gran Veronés y detalles tan venecianos como el de los músicos de la tribuna. La grandilocuente composición, las calidades materiales de las telas, los detalles de los atuendos, están al servicio de la exhibición del poder de la monarquía, pero la situación de los personajes, sus poses y sus miradas, responden también a un estudio psicológico.
Louis Michel Van Loo. La familia de Felipe V. 1743.Museo Nacional del Prado, Madrid
Los personajes están dispuestos en tres grupos. A la izquierda aparecen la infanta María Ana Victoria, que llegaría a ser reina de Portugal y los príncipes de Asturias, es decir Bárbara de Braganza y el futuro Fernando VI. En el centro aparece el rey Felipe V, la reina Isabel de Farnesio y el hijo menor de ambos, el infante y cardenal don Luis; también están don Felipe, segundo hijo de los reyes y duque de Parma, y su esposa Luisa Isabel de Borbón, hija de Luis XV de Francias; en el suelo las infantas María Luisa, hija de los duques de Parma, y María Isabel, hija de los reyes de Nápoles, juegan con un perro. Finalmente, a la derecha del cuadro se encuentran el rey de Nápoles, es decir el futuro Carlos III de España, y su esposa la reina María Amalia de Sajonia; además están María Antonia Fernanda, hija de Felipe V y futura reina de Cerdeña, y María Teresa de Francia, delfina de Francia.

Si nos fijamos en el grupo central, destaca la presencia dominante de la reina Isabel de Farnesio, que apoya su brazo en un cojín que sostiene la corona, símbolo muy evidente de su poder. Junto a ellos se encuentra el infante don Luis, semiescondido detrás de su madre, lo que demuestra un sometimiento a ella, mirando al frente y extendiendo la mano elegantemente, detalle que contribuye a crear profundidad. Va vestido de rojo y lleva la banda azul de la Orden del Saint-Esprit, como los demás varones que aparecen en el retrato colectivo.
Louis Michel Van Loo. La familia de Felipe V (detalle). 1743.Museo Nacional del Prado, Madrid
Cuando Van Loo realizó el retrato familiar, el infante don Luis tenía 16 años y era desde los 8 arzobispo de Toledo, desde los 10 cardenal y desde los 14 arzobispo de Sevilla. Van Loo ya había realizado un retrato al infante-cardenal poco después de su nombramiento.
Louis Michel Van Loo. El infante-cardenal Luis Antonio de Borbón y Farnesio. C 1737.Museo Nacional del Prado, Madrid
 La atrevida y decida acción de su madre condujo a don Luis a esta fulgurante carrera eclesiástica, ya que se encontraba en el quinto puesto en la línea de sucesión al trono. Era, por tanto, cuando se pintó el cuadro, un joven muy rico y poderoso, pues sus cargos le proporcionaban grandes beneficios y privilegios, aunque no estaba entre sus planes el sacerdocio, lo que finalmente le haría renunciar a sus cargos religiosos y quebrar así los planes de su madre. Todavía en 1843 no se podía adivinar el enfrentamiento entre los hermanos Carlos y Luis, muy separados en el cuadro de Van Loo.

martes, 16 de septiembre de 2014

Atacama participa de nuevo en la Semana de la Arquitectura

Atacama Servicios Culturales ha sido invitada un año más por la Dirección General de Bellas Artes, del Libro y de Archivos de la Comunidad de Madrid a participar en la Semana de la Arquitectura.  Entre el 3 y el 12 de octubre de 2014 se desarrollará una nueva edición de la Semana de la Arquitectura, la décimo primera, organizada por la Fundación Arquitectura COAM, con el objetivo de dar a conocer y poner en valor la arquitectura de la capital.
 

 
Logo de la XI Semana de la Arquitectura
 
Desde las Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid se han organizado una serie de recorridos temáticos concebidos y desarrollados por Atacama: Arquitectura histórica de Cuatro Caminos y Tetuán en la Biblioteca Central (Chamberí), La Quinta de Vista Alegre en la Biblioteca Luis Rosales (Carabanchel) y en la Biblioteca Antonio Mingote (Latina), Elementos decorativos mitológicos en las edificios de la calle Alcalá y el Paseo del Prado en la Biblioteca Manuel Alvar (Salamanca) y en la Biblioteca de Retiro, El Modernismo en Madrid, I y II en la Biblioteca Pedro Salinas (Centro). El Art Déco madrileño en la Biblioteca Rafael Alberti (Fuencarral), Los puentes del Manzanares en la Biblioteca Luis Martín-Santos (Villa de Vallecas) y en la Biblioteca José Hierro (Usera), Los edificios del Retiro: un jardín histórico en el corazón de Madrid en la Biblioteca de Moratalaz y en la Biblioteca María Moliner (Villaverde) y El Madrid de Pedro Ribera en la Biblioteca de Acuña (Moncloa-Aravaca).
Los itinerarios son gratuitos y es necesario inscribirse previamente en cada una de las doce bibliotecas públicas que organizan los recorridos.


Más información en el Portal del Lector.

miércoles, 16 de julio de 2014

La duquesa de Osuna regresa al Jardín de El Capricho

La Exedra es uno de los más destacados monumentos del jardín histórico de El Capricho. Se trata de un templete clásico de planta semicircular y columnas jónicas, originalmente cubierto por una media cúpula y elevado sobre una escalinata convexa dividida en dos tramos. Fue construido en torno a 1790 por orden de la duquesa de Osuna creadora del jardín, pero entre 1837 y 1838, en tiempos de su nieto, el XI duque, Pedro Alcántara Téllez Girón, fue reformado por Martín López Aguado. Don Pedro quiso convertir la Exedra, al parecer concebida en origen como templete en torno a una fuente, en un monumento para honrar la memoria de su abuela, María Josefa Alfonso Pimentel.
Por esta razón encargó al escultor José Tomás la realización de un busto de bronce de la promotora de El Capricho, la susodicha duquesa de Osuna, sobre un pedestal de mármol rosado con una inscripción latina conmemorativa. Además López Aguado ordenó colocar una serie de grupos escultóricos y jarrones en el fondo de la composición y ocho esfinges de plomo, obra de Francisco Elías, en la base de la escalinata.

Aunque la Exedra llegó en buen estado a los inicios del siglo XX, posteriormente fue perdiendo sus elementos escultóricos y algunos arquitectónicos, como la semicúpula casetonada. En los años 80 y 90 de la pasada centuria se restauró el monumento, pero no se pudieron recobrar las escultoras originales, salvo las esfinges.

 
La Exedra en 2013, antes de la recuperación de las esculturas. Foto Guillermo Juez

 
Afortunadamente, el 9 de julio de 2014 la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, ha inaugurado la recuperación de una parte importante del patrimonio escultórico del Jardín del Capricho. En el conjunto de la Exedra se ha reintegrado el busto de la duquesa de Osuna, desaparecido en los años 70 y recuperado por el Ayuntamiento en 2013 tras haber formado parte de diferentes colecciones privadas y después de ser restaurada. Además se han colocado dos grupos escultóricos de mármol blanco que representan a Hércules y Ónfale, y a Baco con un sátiro, respectivamente, también adquiridos por el Ayuntamiento en 2013, y que regresan a su posición original.


La Exedra el 13 de julio de 2014, después de la restitución de las esculturas.
Fotos de Guillermo Juez
 
 Por otra parte, se ha colocado una réplica de la magnífica Venus neoclásica esculpida por Juan Adán en el Abejero, el lugar en el que estuvo tras ser retirada de su primera ubicación en el templete hoy llamado de Baco, aunque por desgracia no está accesible al público. La escultura original pertenece a la empresaria y coleccionista de arte Alicia Koplowitz.

martes, 20 de mayo de 2014

Doscientos años de la llegada de Fernando VII a Madrid


Este año 2014 conmemoramos el principio o el final de algunos grandes conflictos bélicos internacionales, entre ellos el segundo centenario de la conclusión de la llamada Guerra de Independencia Española. Entre los hechos más destacados a recordar se encuentra sin duda el regreso del rey Fernando VII a España, su entrada en Madrid y la derogación de la Constitución de 1812.

Tras una brevísima estancia en Madrid como rey después de la abdicación de su padre en marzo de 1808, Fernando VII pasó la Guerra en Francia, en el exilio dorado de Valençay. Los españoles del bando patriota lucharon en su nombre y cuando obtuvieron la victoria, el rey deseado regresó, pero impuso el absolutismo.

La entrada oficial en Madrid el 13 de mayo de 1814 fue una gran ceremonia, preparada cuidadosamente por las Cortes, trasladadas a la capital desde Cádiz, la Regencia, que ostentaba el poder ejecutivo, y el Ayuntamiento constitucional. La ciudad se engalanó, se construyeron monumentos efímeros y se diseñó un gran itinerario oficial. La documentación que conservamos nos permite reconstruir exactamente el recorrido seguido por el rey, analizar los monumentos erigidos ad hoc y estudiar el ceremonial puesto en práctica y su significado. Todo fue concebido para honrar a un rey constitucional, pero quien entró por la Puerta de Atocha aquella fecha que ahora recordamos fue un monarca absoluto, ya que durante su largo viaje desde Francia tuvo lugar un golpe de estado que acabó con el débil estado liberal surgido en Cádiz.

 
Itinerario seguido por Fernando VII el 13 de mayo de 1814 en su entrada oficial en Madrid en el Plano de Madrid de Juan López (1812)
 
Con dos charlas en la Biblioteca Regional, una sobre la la aproximación de Fernando VII a Madrid y la otra acerca del análisis de la ceremonia oficial de entrada en la ciudad, queremos contribuir a recordar estos días de 1814 que cambiaron la historia de España.

Información sobre las conferencias:

1814: EL REGRESO DE FERNANDO VII A MADRID

Francisco Juez, doctor en Geografía e Historia

Dirección: Ramírez de Prado, nº3 28045 Madrid. Se puede llegar a la biblioteca en metro: Delicias (Línea 3) y Méndez Álvaro (Línea 6), con trenes de Cercanías: Delicias (Líneas C-5, C-7b y C-10) y con los autobuses 8 y 102.

Entrada libre hasta completar el aforo

Martes 20 de mayo. 19 h. Fernando VII en camino hacia Madrid. La ciudad se prepara para recibirle.

Martes 27 de mayo, 19 h. La entrada oficial de Fernando VII en Madrid.

 

 

miércoles, 30 de abril de 2014

El cerro de san Babilés


Recientemente hemos podido visitar gracias a la amabilidad del arqueólogo Juan Sanguino las excavaciones que se están realizando en el cerro de San Babilés, muy próximo al municipio de Boadilla del Monte.

Vista general de la iglesia. Foto Beatriz García
 
La historia de san Babilés arranca de una tradición popular que se remonta al siglo IX. Según la leyenda, san Babil obispo de Pamplona, fue martirizado en este lugar junto con 80 niños por parte de los musulmanes el 30 de octubre del 815. No figura en los archivos eclesiásticos ningún obispo denominado así, ni parece cierta la fecha del martirio, pero indudablemente algún suceso importante debió producirse en la zona para tener registrada una cofradía en fecha tan temprana como 1478 y para levantar una iglesia a la que en siglos posteriores, y atraído por su fama, llegó a acudir el propio Felipe IV con su heredero Baltasar Carlos buscando la curación del hijo por parte del santo, según podemos leer en las descripciones del Cardenal Lorenzana de 1782.

Las excavaciones han sacado a la luz algunos datos de interés en relación a la tradición popular. La ermita, que se creía del XV, ha resultado ser una iglesia de dimensiones considerables y con una tipología arquitectónica propia del siglo XII o XIII que se halla levantada sobre una necrópolis visigoda del siglo VI. Teniendo en cuenta que esta zona fue conquistada por Alfonso VI en el 1085 es posible que la iglesia se levantase para cristianizar el lugar y que salieran a la luz los enterramientos de la época visigoda, reforzando así algún suceso acaecido en una época no muy lejana y relacionado con la muerte de varios niños a manos de los musulmanes.

Tumbas visigodas. Foto Beatriz García
 
 
Han aparecido además varias tumbas que indican la presencia de algún personaje importante en este lugar, probablemente un santón,  quizá relacionado con la adopción del cristianismo por parte del rey Recaredo en el III Concilio de Toledo (589) en el que se abandona el arrianismo produciéndose la unión religiosa entre hispanorromanos y visigodos; aunque también cabe la posibilidad de que se trate de algún personaje importante socialmente.


Tumbas destacadas. Foto Beatriz García
 
Habrá que esperar a una segunda fase de excavación para poder tener una idea más completa de lo que pudo suceder. Lo que parece confirmarse es que la leyenda popular, mantenida a lo largo de los siglos por parte de los habitantes de Boadilla el Monte, tiene ahora una base más sólida en la que sustentarse, a pesar de que no hayan aparecido restos que pueda relacionarse directamente con el santo.

Posible cripta. Foto Beatriz García

jueves, 24 de abril de 2014

Se inician las obras de restauración del Palacio de Boadilla del Monte


El pasado 4 de abril tuvo lugar en Boadilla del Monte la presentación del inicio de las obras de restauración del palacio del Infante Don Luis de Borbón construido por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII.
Al acto acudieron el alcalde de Boadilla, Antonio González Terol, el arquitecto encargado de las obras José Ramón Duralde y la restauradora paisajista Lucía Serredi, así como los concejales de turismo, cultura y urbanismo del ayuntamiento.
 
José Ramón Duralde y Antonio González Terol

Una vez terminadas las obras de restauración y consolidación de los portones laterales que dan acceso a la primera terraza del jardín, se va a acometer la restauración de la fachada, el jardín barroco (primera de las tres terrazas) y la capilla del palacio. Se espera que para diciembre de este año estén ya terminadas y que se pueda disfrutar de nuevo del excelente jardín diseñado por Serredi siguiendo unos planos de 1868, los más antiguos que han llegado hasta nuestros días.

Lucía Serredi
 
Se colocarán unos planos explicativos de las obras y las fases de ejecución de las mismas, así como el presupuesto empleado, con el fin de informar a todos los ciudadanos de las intervenciones que se llevarán a cabo.

Plano explicativo con el diseño del jardín 
Vista posterior del Palacio 

 También se recuperarán las antiguas escuelas que se convertirán en la futura oficina de turismo del municipio y en un centro de interpretación del entorno del palacio.
 
Antigua escuela
 
 Mientras seguimos con las actividades de difusión que realizamos en el municipio; en esta ocasión organizamos un taller para el colegio público Teresa Berganza en la que participaron escolares de primero y segundo de primaria.

Actividad escolar desarrollada por Atacama
 
También es interesante resaltar el proyecto de micro mecenazgo (crowdfunding) puesto en marcha por la Asociación de Amigos del Palacio con el fin de conseguir fondos para la recuperación de la instalación denominada “El gallinero” o “Faisanera”.  
El proyecto denominado "Todos a una" busca la participación e implicación de todos los ciudadanos en el mantenimiento del patrimonio. Tienes más información: Aquí 
El Gallinero. Foto tomada del proyecto de micromecenazgo


 

martes, 1 de abril de 2014

El Museo Arqueológico Nacional reabre sus puertas totalmente renovado

El 31 de marzo de 2014 ha abierto sus puertas el Museo Arqueológico Nacional tras la finalización de su reforma integral iniciada a principios de 2008. Por la mañana el presidente del Gobierno ha inaugurado oficialmente el renovado edificio y por la tarde ha tenido lugar la primera visita al Museo.
 

A las siete en punto de la tarde la Banda Sinfónica Municipal de Madrid y el Coro Nacional de España ha interpretado la cantata del maestro Emilio Arrieta con la que se inauguró el 9 de julio de 1871 el Museo en su sede provisional del Casino del a Reina. En la escalinata de la fachada principal de Serrano, entre las esfinges de bronce, y con la plazoleta del jardín repleta de público, los músicos han propiciado un arranque emocionante y patriótico.
 


Los primeros visitantes han entrado por el nuevo acceso situado a la izquierda de la puerta histórica y a un nivel inferior. Tras unas breves palabras del director del Museo y del secretario de Estado de Cultura pronunciadas en el nuevo vestíbulo, los invitados han podido disfrutar de un primer contacto con un edificio profundamente reformado y con el nuevo discurso museográfico. Se trata de un Museo irreconocible para sus visitantes habituales y sorprendente para los nuevos. No es el momento de analizar con detalle el discurso, sino de dar testimonio de la belleza y la funcionalidad del renovado edificio, fruto de un intenso trabajo de numerosas personas a lo largo de más de 6 años.

 
La ambientación didáctica de las piezas, la información textual y audiovisual que las acompaña o las estaciones táctiles con reproducciones de objetos son algunos de los atractivos de un Museo Arqueológico ahora accesible.

  




Los patios cubiertos, donde se encuentran obras monumentales ibéricas y romanas son quizás los espacios más atractivos.

 

 

 
La sala de los mosaicos romanos es un magnífico ejemplo del trabajo minucioso de los restauradores.

 
 

Es, en definitiva, un Museo por descubrir al que animamos a todos a conocer, eso sí, mediante visitas sucesivas, ya que cuenta nada menos que con 10.000 m2 de exposición permanente repartidos en 40 salas.

jueves, 6 de marzo de 2014

Doscientos años en busca de los restos de Cervantes

La Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid ha autorizado al Ayuntamiento de la capital a buscar los restos mortales de Miguel de Cervantes en el edificio del convento de las Trinitarias, en la calle que hoy lleva el nombre de otro genio del Siglo de Oro, Lope de Vega. Hace casi cuatro siglos, el 23 de abril de 1616, el autor del Quijote fue enterrado en la primitiva y muy modesta iglesia del monasterio madrileño, que fue derribada posteriormente y sustituida por la actual, con diseño de Marcos López fechado en 1668. La búsqueda de los restos se va a realizar con un georradar en el subsuelo del antiguo templo, donde se encuentran nueve enterramientos, según un informe de 1870. Un año antes, se había instalado una lápida conmemorativa en la fachada del convento a iniciativa de la Real Academia Española, obra en mármol de Ponciano Ponzano.

 
Lápida conmemorativa del enterramiento de Cervantes ubicada en la fachada del convento de las Trinitarias, en la calle de Lope de Vega. Fotografía de Francisco Juez. 19/09/2009
 
No es, sin embargo, la primera vez que se realiza esta búsqueda. Según Mesonero Romanos, José I creó una comisión formada por los médicos Morejón y Arrieta y el arquitecto Silvestre Pérez con el mismo objetivo. El real decreto de 21 de junio de 1810 disponía, en efecto, que los restos del escritor, junto con los de otros ilustres hombres que estaban enterrados en diferentes conventos de Madrid, se reunieran en la actual colegiata de San Isidro, en el que fue probablemente el primer proyecto de un panteón de hombres ilustres en España, como ha estudiado Álvarez Barrientos. Sin embargo, los huesos de Cervantes nunca aparecieron. José Bonaparte quiso también elevar un monumento al creador del Quijote en Alcalá de Henares, pero esta iniciativa tampoco se llevó a término.

En el citado real decreto de 21 de junio de 1810 se cita, en efecto, a Cervantes entre los hombres ilustres, cuyos restos mortales han de ser trasladados:  
 
Don José Napoleon por la gracia de Dios y por la Constitucion del Estado Rey de las Españas y de las Indias.

Deseando honrar la memoria de los españoles ilustres en letras, ó de bien acreditada celebridad en bellas artes, y que los monumentos de su gloria no se pierdan ni olviden: visto el informe de nuestro Ministro de los Interior,

Hemos decretado y decretamos lo siguiente:

 
ARTÍCULO PRIMERO.

En todo el reyno se conservarán los monumentos sepulcrales de hombres ilustres, insignes en letras, ó de gran celebridad en bellas artes.
 
ART. II

 Los sepulcros, bustos o lápidas de hombres célebres, que se hallen en monasterios ó conventos suprimidos, se trasladarán á la Iglesia principal ó Catedral donde la hubiere. 

ART. III

 En esta capital las cenizas de Miguel de Cervantes, que yacen en el convento de las Trinitarias, las del escultor Gaspar Becerra, que estan en la Vitoria, el sepulcro de Saavedra, que se halla en Recoletos, el del historiador de México Solis en S. Bernardo, y el de D. Jorge Juan en San Martín, se trasladará a San Isidro el Real.

jueves, 20 de febrero de 2014

Cuando el Sáhara era una verde sabana


A unos 15 kilómetros al oeste de Smara, en el Sahara Occidental, se encuentra un conjunto de sorprendentes grabados rupestres, conocidos en España desde los años 60 del pasado siglo gracias a la curiosidad del comandante de aviación Emilio Herrera. Están situados en un lugar llamado Uled Boukersh, en la margen derecha de un uadi, o cauce seco; se distribuyen a lo largo de un amontonamiento de piedras lisas y negras, características de la zona, que se extienden a lo largo de centenares de metros, semicubiertas por la arena.

Se trata de relieves ejecutados con diferentes técnicas. Tal vez los más bellos sean los realizados con línea incisa y continua, de características similares a otros del noroeste africano. Todos ellos se encuentran a la intemperie y sometidos a la erosión del desierto, aunque en las proximidades se ha construido un pequeño y sencillo museo que guarda algunos relieves y otros tesoros de tiempos remotos.

Vista parcial de la margen derecha del uadi con las rocas que incluyen grabados. Al fondo el edificio del Museo (julio 2013, foto de Beatriz García).
 
Los grabados, estudiados hace ya casi 50 años por el Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander, representan animales, fácilmente identificables, aunque tratados de un modo esquemático: elefantes, antílopes, avestruces, jirafas, gacelas, etc. Se trata, por lo tanto, de una fauna propia de un clima y un paisaje muy diferente a los actuales.

 
Bóvido mirando hacia la derecha en una laja fragmentada por la erosión (julio 2013, foto de Beatriz García)
 

Un bello ejemplar de órix (julio 2013, foto de Beatriz García)
 
 Parecen ser representaciones asiladas e independientes, pero a veces podemos encontrar pequeñas escenas grabadas en la roca. Por ejemplo, la que muestra a un grupo de avestruces orientados hacia la izquierda; tal vez el mayor tamaño de uno los animales pueda indicarnos que se trata de una madre con dos crías.
 
Un grupo de avestruces (julio 2013, foto de Beatriz García)
 
No es fácil fechar estas obras, pertenecientes seguramente a una época neolítica remota, que los especialistas sitúan en un amplísimo abanico ente los años 8000 y 3000 a. de C. Pero más difícil aún es tratar de explicar la función original de estos grabados o deducir cuál pudo ser la motivación que llevó a aquellos hombres del pasado a realizar estas obras. Muchas veces nos sentimos movidos a reconocer en ellos símbolos mágicos, tal vez en relación con la caza, o bien a buscarles un sentido religioso o mitológico, o, por qué no, un simbolismo clánico. Creo que no puede descartarse tampoco una función meramente estética, pese a que en ocasiones nos cueste atribuir al hombre prehistórico una capacidad artística.

 
El desierto del Sahara en las proximidades de Smara (julio 2013, foto de Beatriz García)
 En cualquier caso, la ubicación de los grabados en un paraje tan bello como desolador evoca tiempos lejanos con un clima menos extremo y mucho más húmedo y un paisaje de sabana de gramíneas con abundante fauna. Otros hallazgos en forma de grabados, pinturas rupestres, geoglifos y cerámica en lugares muy alejados entre sí dentro del enorme Sahara confirman el cambio climático sufrido en esta zona en los últimos 10.000 años.  En efecto, el final del último periodo glacial, hacia el 8000 a de C., dio lugar a una fase húmeda en el actual Sahara, que fue poblado por comunidades neolíticas como las que llevaron a cabo estos relieves. Al parecer, unos 2000 años después se inició un progresivo cambio climático que provocó un aumento de las temperaturas y una disminución de las lluvias, de manera que la sabana fue dejando paso, poco a poco, al desierto que hoy reina sobre el antiguo Sahara Español.